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jueves, 19 de marzo de 2009

20ª Jornada/II Año: Miércoles, 4 de marzo de 2009

nosotros imaginamos, el hombre es un ente simbólico


Ay, el Galdós, que tío, que lugar, y allí que estamos. Embebidos en nuestras cosas de la semana, cuando vemos que se acerca un muchacho, que se presenta como Tomás. No tardamos en darnos cuenta de que se trata de un integrante de la Tertulia del Círculo. Joder, eso de círculo suena como a logia de los libros del plomo ese del Dan Brown, pero no, se trata del Circulo de Bellas Artes. Todos contentos.


Esta vez me da por leer. El argumento del cuento trata de un acontecimiento pasado que decidí metaforizarlo. Aún hay cosas que desbrozar. Rocío me echa una cuerda de la ropa y me indica que el principio, unas 8 líneas, sobran. Las quito del relato y tiene la misma textura. Eso es. Le sobraban a conciencia.


Tomás lee un poema que a mí me resulta muy interesante. Se llama las plantas de mi salón, y esta bien eso de bajar a la tierra, como los griegos cuando bajaron a la tierra a los dioses y se rieron de ellos, conceptos tan difíciles de comprender sin la ayuda de lo sencillo. Mas tarde leería otro, de temática erótica. Ambos tuvieron no solo éxito de crítica sino de público.


De pronto Rocío nos da una noticia; ha ganado un premio, otro, en una tierra muy lejana, lejos, a unos 400 kilómetros pa´rriba.


A estas alturas, y en vista de la noticia de que hoy vendría otro miembro de la tertulia del Circulo, imaginamos (la raza humana es así: vemos símbolos allí donde los animales ven comida, nosotros imaginamos, el hombre es un ente simbólico) envuelto en esa imagen, a una muchacha que lleva tiempo sentada a unos 3 metros de nosotros y que lee. El hecho de que lea, ya casi la hemos incluido en el asunto. Y es que es raro, que la gente lea, así, a secas, aunque sean prospectos médicos, que a mí tanto me gustan.


Llega Aureliano. Y nos lee un prólogo a un libro de poemas. No hay que quitar nada. No lo hagas Aure.


Llega, por fin, el miembro perdido de la tertulia del Círculo. Es Ángeles Yagüe. Toma asiento y lee sin esperar. Bien. Me gustan las gentes sin miedo, de tirón. Tira hacia lo místico. Hay abundancia de objetos, perfecto, asienta lo terrenal frente a lo intangible, que no se puede agarrar. Lo que más me llama la atención, junto con lo de hacer agarrar lo etéreo, es la forma de narrarlo; inflexión de voz correcta a la antigua usanza, y pausas sepulcrales. Bien.


Mientras lee Rocío otro miembro del Círculo llega. Es Ana Delgado. Toma asiento, y sí, lee. Me da por pensar que la gente del Círculo es muy lanzada. Sus poemas tratan de Lisboa, que la crítica de la tarde asume como figurativo, y el segundo tira para el lado cubista. Yo me limito a escribir, tomar nota.


Queda poco para finalizar el asunto. Rocío nos dice, así, con un balonazo que tiene un obrero en casa que le va a desatascar el sumidero. No digo nada. Una vez más, el asunto de que el hombre es un animal simbólico cobra vida.


Salimos del Galdós. Y nos cuesta una vez más, como buenos españoles, despedirnos.


Vicente González

11 de marzo de 2009

domingo, 22 de febrero de 2009

16ª Jornada/II Año: Miércoles, 4 de febrero de 2009

Bitácora multiperspectivista de inicio de febrero...

1.

Mi pedazo de bitácora del miércoles 4 de febrero de 2009


L a bitácora del primer cuarto de hora del aquel lluvioso miércoles la escribiré yo.
A liviarán mi espera nuevos cuadros y un café caliente acompañado del último croissant.

B arajando el tiempo me siento única dueña de la que será una agradable tertulia.
I nvitaremos a Quím Monzó, llegará con tres relatos que ya habremos leído despacio.
T raeremos hasta nosotros las últimas películas, las últimas lecturas, a compartir.
A traparemos al vuelo viejas frases. ¿Dónde nuestra memoria las secuestró?
C ompartiremos tarta, nos quitaremos la palabra y releeremos lo escrito a los demás.
O igo pasos de Sagrario. Tras su sombra las de algunos más: Javier, Vicente, Elena...
R ocío -me digo- ya, ya vienen... David, Ana, Carmen... ¿Llegará alguno más?
A hora sus voces, risas, textos me arroparán. Están aquí. Ya. Venga. ¿Empezamos?


Rocío Díaz Gómez
7 de febrero de 2009





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2.

La primera abeja...

La primera abeja salió del cuadro como si tal cosa. Los tertulianos hablaban de la hora, de la necesidad de esperar o de quedar más tarde. Poco a poco, de la simetría de las flores, manaron más y más voladoras amarillas. La densidad de los insectos fue incrementándose sobre la mesa redonda. El zumbido se nos fue fijando en la cabeza. Llegó un momento en el que éste trascendió el sonido y parecíamos llevar las alas transparentes por nuestros pensamientos, por nuestras voces.

Pusimos corazón a unos relatos de Quim Monzó tachados de fríos y deshumanizados, solamente al principio. Como si polinizásemos aquellos textos, fuimos poniendo crédito al examinador y nota al mentiroso. El actor pasó de puntillas con su egoísmo y todo.

Como cuando va subiendo el café por la presión del agua hirviendo, nuestras frases fueron inundando la tarde. Hicimos trayectos por pelis (“Revolutionary Road”, “Jonhy Guitar”, “Lars, una chica de verdad”, …) por Francis Bacon. Algunos generosos trajeron cosas para leer: un muñeco de nieve, el por qué de las sucesivas muertes de la tía Enriqueta, la erosión de eros, por fin, un descendimiento que preconizaba que es Dios pero que no hay Dios, un poseído escritor y un entierro empapado de frases.

Ya tiznados de nuestra propia savia rara, nos vamos a casa, con las ideas de una Bitácora Multibanda.



Elena Gutiérrez
11 de febrero de 2009




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3.

Nosotros los Raros

Cuando regreso del servicio, me encuentro con que encima de cada una de las sillas, hay un libro. Miro alrededor y veo a una muchacha decir a su portátil: “no puedes dejarme así”. Comprenderán que no me atreva a preguntarle dónde han ido los ocho componentes del grupo. Así que agarro el libro de mi derecha; son textos de cómo sobrevivir a lo Bukowski, aunque más psicoanalíticos que los del californiano. Sigo con mi periplo al siguiente; en ellos hay versos repletos de optimismo a chorros que me incitan a seguir con los dos contiguos, y enseguida se me forman imágenes de bosques irlandeses, acantilados y gente de sal. Paso a la siguiente silla. Salto de la mía; son poemas de un tío que se dedica a… ¡apuntar y disparar¡ Se pone bien. Adelante. El de la silla mas pegada a la esquina tiene giros finales que tuercen cervicales. En el último libro, el que está pegado a mi izquierda, leo que las cosas no se acaban al llegar al borde, que hay más. La del portátil vuelve a repetir a la pantalla: “deberías ayudarme” y yo pienso que eso le pasa por salir con alguien tan infiel como el Vista. Pásate a Linux, que es free, muchacha.



Vicente González
11 de febrero de 2009





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4.

Ruido y tiempo

Es dífícil con el ruido del local (y el que hay dentro de mi cabeza) ir tomando notas de cuanto acontece y hacerlo además de forma resumida. Lo intento.

Rocío, puntual, 18:00 horas.
Elena, David y yo, 18:15. El resto en adelante. La falta de puntualidad, el tiempo de la espera.

"No sufras antes de tiempo" oigo decir a Elena.
"Sergi Pamies mejor que Quim Monzó", dice ¿Rocío?
Una tarta de chocolate en la mesa: "Sagrario no ofrece fácilmente su corazón de chocolate a cualquiera".

Vicente, 18:35.

Una película recomendada por mí: "Revolutionary road".
Un salón de bodas recomendado por Sagrario.
Seamus Heaney, poeta irlandés, premio nobel, comenta Sagrario la lectura del poeta a la que asistió en el Circulo de Bellas Artes.

Ana, Carmenfron, 18:50.

Lee Carmenfron sobre profecías autocumplidas.
"Ser autodidacta es una manera de rebeldía", dice Vicente.
Dos películas más recomendadas: "Lars, una chica de verdad", "El por qué de las cosas"
Vicente, oh sorpresa, nos lee un relato por primera vez en la historia de la Tertulia que comienza con la frase: "El círculo de hombres fríos con exceso de tiempo libre..."
Leo un poema con Eros erosionado.

Se nos ocurre un Olimpo nuevo con un Baco baqueteado, un Apolo apollillado...

Se cierra la Tertulia hoy con una pregunta de David flotando en el aire: "¿Por qué el Madrid fichó a Villaroya?"
Hay cosas que no tienen respuesta.


Javier Díaz Gil
22 de febrero de 2009

miércoles, 14 de enero de 2009

12ª Jornada/II Año: Miércoles, 7 de enero de 2009

... Como en La Scala de Milán


Es reencuentro tras la navidad, y en el Galdós ya están, como si llevaran desde el 15 de diciembre, Javier y Rocío, que se levantan y con un paroxismo a lo Ahab nos abrazamos. Javier saca de la biblioteca Galdosiana (suena a arroz valenciano) improvisada un volumen de Ángel Zapata sobre el estudio de tres cuentos cortos, y comentamos que, si bien hay y se debe sacar interpretación de los cuentos en general, en este libro y en otras tantas interpretaciones, la gente (con un porcentaje de científicos mas de los que nos creemos) intenta agarrarlo todo, clasificarlo, ponerle a todo significado y significante allá donde no hay, así, siempre como con miedo, dándole significados que no vienen a cuento.

Llega David. Y trae sorpresa. Saca un libro de fotografías comprado el Vips, eso trae a colación el asunto de la compra de objetos, y digo objetos, en tiendas de este tipo, que llevan a COMPRAR, solo eso, COMPRAR. Esta reflexión, me trae el recuerdo de un envío de e-mail en el que la cabeza me daba vueltas por Tres Cantos, sobre la presunta libertad que tenemos.

Rocío. Y su palabra nueva del día PRIMIGENIA. No hay lugar a dudas que este asunto de la semántica, concretamente de esta palabra, tiene múltiples interpretaciones. Analizad Primigenia.

David saca en la conversación un pequeño homenaje a la generación del 27 en relación a Alberti, y a su manía de figurar en las fotos a cualquier precio como si fuera el preestreno de una película. Yo le apoyo (es normal tiene la mitad de mi cremallera), dentro de las artes, por muy de izquierdas que se sea, siempre hay individuos que intentan tapar su falta de talento profesional con el otro, con lo fácil que es decir, sí, no tengo talento, y así se acaba antes, o sencillamente no se publique y ya esta. Lo que tuvo que pasar Lorca.

Llega Elena. Bolígrafo egipcio en mano, y sentada a lo largo, nos pregunta si hay alguna página parecida al Youtube para ver películas. Ceo que si la hay, pero a día de hoy, y en medio de un proceso gripal, aún no he podido buscarla. De nuevo aparece el tema de las apariciones artísticas por el mero hecho de aparecer o el de actuar; saco como ejemplo a Carmelo Gómez como actor, no como figurante.

Lee Javier un poema sobre naufragios, y la interpretación que parece saltar de la hoja me recuerda al incidente de Fahrenheit 456 entre el responsable de la quema de libros y huido, y al elemento literatura en la salvación del alma humana.

Llega Ana, así, impetuosa, cantábrica ella, dando besos por toneladas.
Aparece Aure, bueno, creo, que el Aure, porque con esa manía de etiquetarlo todo vemos a un extraño ser con la cara tapada que, en un principio, podría ser Cousteau. Pero no, fuera escafandra de lana y si, es el Aure. Susto.

Ahora llega Sagrario, pero creo que cerca de su brújula le han puesto un imán, porque tira para otro lado opuesto al nuestro. No tarda en enderezar la aguja de su brújula y acaba en nuestra mesa redonda. Interesante la tortilla que pide, que parece hecha con arena de los Monegros. Saca un libro de poemas de Magdalena Lasala, hablamos sobre el carácter suicida.

Ana nos cuenta una anécdota de su sobrino zaragozano, un zagal de buen ver de 17 años, y de su posibilidad de visitar Madrid, y conocer a esos amigos artistas de su tía.

Elena lee un relato, al que se analiza con posterioridad, añadiéndole un pequeño ejercicio, casi de expresión corporal sobre el arrebujamiento de una taza de cola cao, que la autora del relato perfila la descripción del ejercicio con la semejanza de un nido y las alas maternas de dedos más fríos que calientes. Gusta el asunto.

Queda poco para marcharse cuando de pronto, un alma en pena pega un grito operístico que concluye con un cumpleaños feliz a Liber, que ni en el Scala de Milán. Aun estoy recogiendo los trozos de mis tímpanos.


Vicente González
14 de enero de 2009

miércoles, 3 de diciembre de 2008

7ª Jornada/II Año: Miércoles, 26 de noviembre de 2008

La Tertulia del 26 de noviembre de 2008:
Carmenfron, Vicente, Javier, Rocío y Elena
(y la presencia-ausencia de Ana)



Ay, el Galdós, cuánto ruido para tanta corbata. Y David Grubb en la mochila, que saco y se lo entrego a Javier, le acompañan Rocío y Elena. Y no pasa ni dos minutos cuando aparece una fuerza galega con ímpetu de mar. Solo que esta vez la impresión marítima de oleaje choca contra una costa llena de médicos de ojos estrábicos y con artilugios brillantes a lo Alien. Nos explica que ha estado mala, pero encuentra fuerza-chipirónica de empanada size XXL y nos dice que tiene que irse a dar un curso; veo que es una muchacha importante. Da un hasta luego y sale zumbando como un dibujo de la Warner, dejándonos con los cortes faciales del coyote. La cara de trazo de cómic aún no nos ha desaparecido, y nos da tiempo a quedarnos en el desierto cuando Rocío pone los tintes sobre una comida de trabajo para que a Javier, one more time, le invada el espíritu de Dalí. La conversación circula esta vez sobre el rector de la complutense, hermano de Iñaki Gabilondo, que en un libro sobre la alteridad me ha dejado, tras sucesivas intrincadas lecturas, la impresión de que hay que desdoblarse, colarse por los oídos del otro y ver con pupilas derretidas. Aun no ha salido el tema literario, y ya una película, otra más, se recomienda para aquellos días (leche, ya parezco un anuncio de la Coixet, con nubes blancas y muyayas saltando) envueltos en frío, lluvia y cerebro derretido. Se trata de Vías Cruzadas, una película tan corta en presupuesto como en tamaño del protagonista.

Javier nos recuerda que dentro de tres semanas, habrá un recital de Amalia Bautista, y surgen recuerdos del curso de creación que impartía en la Plaza Ágata. Son recuerdos que pueden salvar, a pesar de que la literatura, como un arte que en la actualidad ya no perdura, no lo salva todo. Esta afirmación me recuerda a uno de los protagonistas de la película Fahrenheit 451, junto a la frustración cuando los libros le dejan abandonado cuando su mujer muere.

Lee Elena un poema llamado Retenida. Me gusta el título, muy de poliédrica significación Carveriana. Cuando acaba de diluirse el sonido del poema, Javier recoge el concepto sínquisis y lo pone encima de la mesa, junto a la brillantez de sintagmas como Agujas de hierro y capa de piedra, que anteceden a un final de cordel en el cuello y golpe contra la arena: “Deja crecer las uñas”.

Llega Carmen From y se sienta, esta semana no nos ha entretenido con ninguna historia de almas en busca de comprador. Entonces ocurre algo imprevisible, Rocío queda poseída por un chamán que con una Pentax de lente de 30 nos rebaña el alma y lo guarda en una memoria Simm de 1Gb. Cierra el robo con un: “No todos los desertores están orgullosos”.

Mientras, Javier nos presenta otro de los capítulos de su Francotirador. En este capítulo el que espera el disparo del 47, no sabe cuándo va a suceder, y busca, sintiendo que el tiro a lo mejor ya se lo han dado. Pregunto sobre los flecos y detalles para un relato sobre un niño de cinco, de 5 años, que con su padre de la mano, le sube a una tarima para ahorcarlo. Carmen ofrece el detalle sobre la conmutación del ahorcamiento por el de cadena perpetua, además de que el hacer de un problema casi un hermano lo convierte en un helado de vainilla.

Rocío lee lo que llama ella un decálogo narrativo. Rememorando la vejez del protagonista, deja la impresión de que la enfermedad es violencia.

El tiempo nos dice venga, que ya es la hora. Nos acercamos a la barra, y ya fuera tiramos cada uno por nuestro lado, y el frío, el desgraciado, que se viene con nosotros.


Vicente González
2 de diciembre de 2008

viernes, 31 de octubre de 2008

2ª Jornada/II Año: Miércoles, 22 de octubre de 2008


Memento, limones y ventanas-corola



Llego tarde al Galdós, y ya me encuentro sentados a varios miembros (Javier, Rocío) que ya se han despojado del chándal y hacen ejercicios de calentamientos. Me sorprende encontrarme, además, un nuevo miembro, se llama Olga, es de Zaragoza, y trae un libro de un autor francés (Joseph Blaubert), autor que durante su vida no publicó; ese comentario no hace más que reanudar la discusión sobre si un escritor solo se acoge a la máscara social cuando escribe o es montado, así, de fábrica, como el que nace con seis dedos o la nariz de cervatillo. En ello estamos cuando aparece Elena, toma asiento, y tuerce la brújula de la discusión hacia el tema de las causalidades y la Deux Machina o casualidad, se reparten las opiniones, y a esas horas me acuerdo de la trigonometría y las matemáticas, tan esenciales para caminar, y que incluso pueden llegar a salvar vidas. Metidos en un tema tan bipolar (Dios o el cálculo), Javier afirma haber visto la película, no es película, es algo que no se pué describir, MEMENTO. Comentamos su estructura, y la enorme cantidad de interpretaciones, donde realidad e imaginación del protagonista se confunden y no sabemos si lo que se cuenta es verdad, mentira o ambos.

Llega Ana y comienza la lectura de relatos. Rocío es la primera, que trae un cuento infantil que, la semana anterior, ya nos tomó el pulso con una breve iniciación y un continuará… Esta vez ya, por lo menos, sabemos que la hormiga protagonista tiene la costumbre de caérsele el sustento migáceo en un comportamiento freudiano de desprenderse de lo que no desea hacer. En ese final propio de un cuento infantil Javier inventa un nuevo final para el cuento, conclusión cercana a la película Freaks del Browning o Bridgestone.

Llega Carmen Fron, y mientras toma asiento aparece otro tema para contextualizar narraciones: “¿Qué hay al norte de las palabras?”. Y así, como el que no quiere la cosa, irrumpe el tema de la semana, al que Javier da forma sobre eso, un limón partido, huérfano.

Entra Carmen Fron, y no tarda en toma asiento, Elena lee sobre el tema de los limones partidos, inventando un término llamado ventana-corola, apenas hay intervalo, la cosa se acelera, para que, al rato, Carmen lea las aventuras del Capitán Death, y ese limón premonitorio. Cierra la tarde Ana con un relato corto, y destacando la tonalidad verdosa de los limones partidos. Ya queda poco, momentos después aparece, sí, ella, Lady Noise, que abraza a Ana, y oh, miracolo, nuestros tímpanos no se quiebran, eso ya es argumento suficiente para que, por la noche piense si no estaré equivocado con mi compostura apolínea, y mi querencia por la causa, efecto y lo de mas allá.


Vicente González
28 de octubre de 2008

jueves, 17 de julio de 2008

39ª Jornada: Miércoles, 9 de julio de 2008

La Tertulia del Galdós


Hoy finaliza la Tertulia, las reuniones de este curso 2007-2008 llegan hoy a puerto.

La bitácora de hoy es múltiple. Cada uno de los asistentes recoge en unas diez líneas lo que en este último día aconteció.

Aquí quedan los testimonios:



1.


TERTULIA LITERARIA DE LOS MIERCOLES POR LA TARDE
EN EL CAFÉ GALDOS
por David Lerma





El pasado día 8 de julio de 2008, a las 18:00 horas, en el Café Galdós, sito en la calle Los Madrazo número 10, de Madrid, se oficiaron los funerales por el alma de la Tertulia Literaria de los Miércoles por la Tarde. Durante el acto, se recitaron versos y cuentos, inspirados en la inteligencia, el ingenio y los sentimientos. Se escucharon risas, carcajadas, chistes varios. Se bebió alcohol. Se habló de la muerte y del sexo. Se dijeron palabrotas. Se criticó la vanidad de algún escritor famoso. Se comentaron con seriedad temas intrascendentes. Se comentaron con trascendencia temas banales. Se intercambiaron sueños, opiniones, experiencias. Se recordó a los ausentes. Se cultivó la amistad y se cuidó la palabra, lo que devolvió al autor de la presente la fe perdida en la Humanidad. Se acompañó, en la medida de lo posible, a los compungidos familiares y amigos del difunto, de quien no se duda reposará en el Cielo, entre los ángeles José Hierro y Ángel González. Todos los participantes en el acto, Rascamaneros de pro con el corazón construido de metáforas, ruegan un poema o un relato por el eterno descanso de su alma.



D. E. P.

Madrid, a 12 de julio de 2008


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2.



MEMORIAS DEL MIÉRCOLES (PUEBLO A 6 KM. DE SACEDÓN)
por Vicente González




Y dentro de la cafetera Magefesa, mi supervisor, con cara como fundida y verdeazulada, sí, aquel que me mandó con un pantalón de pana, un estúpido corte de pelo que me he ido arrancando, y un bolígrafo parker que, eso sí, pinta del copón, me sienta desplazado en un sillón cubierto con una alfombrilla de esas de bolas a lo taxista ebrio, y me arranca del omóplato el informe mensual sobre el extraño grupo con el que, desde hace un año, me reúno. No tarda en atizarse tal lingotazo de anís que le tiemblan las antenas, se ajusta el inhibidor de casualidades y lee en alto.

-Así que esa gente, a 10 años luz de aquí, pueden acceder a empleos de 26.000 euros, a ver, -tira again de La Castellana- se… ¿chinan?, hablan de gentes modernistas en curvas, pero qué es eso, y leen cosas, a veces, sobre disfrutar al revés, o de hombres que desean y mujeres que quieren…el qué, y de una mujer que puede romper una mampara con sólo una octava. ¿Transformar el acero en gas? Pero si eso sólo lo hacemos nosotros. ¿Volver? Le contesto que sí, y si es posible que me cambien el lóbulo derecho por el de un agente llamado Esteso que, me parece, está de misión en Tomelloso, provincia de Alfa Centauro.


(Bitácora en Homenaje a Eduardo Mendoza)

13 de julio de 2008



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3.




SE BUSCA TERTULIA
por Rocío Díaz Gómez









Se busca tertulia. La última vez que la vieron, la tarde se quitaba los zapatos y aullaba el yambé. Era miércoles y contaban 8 en julio. La tertulia vestía el uniforme de la revolución, nerviosos sus miembros reían a carcajadas, se quitaban el turno, mientras sus propias palabras se volvían contra ellos y les miraban indefensas e inquietas. Quizás porque les daban las notas. Quizás porque querían atrapar el resbaladizo pez del presente que era pasado ya. Quizás porque, caníbales, se comían a sí mismos como si de una última vez se tratara. Recitaban y hablaban, leían y escuchaban, reían y bebían, se movían y recolocaban una y otra vez, nerviosos en sus sillas, ansiosos por hacer oír. Se busca tertulia. Pasodobles en los teléfonos. Gambas desfilando en la misma dirección. Y Javier y Sagrario. Y Elena y Carmenfron. Y Ana y Vicente. Y David y María Guijarro. Y Lady Noise y Galdós. Y yo, que no tendré su presencia, su compañía, sus risas. Yo, que recompensaré con un millón de relatos a quién me de razón de aquella sinrazón que me mecía, que latía miércoles sí, miércoles también, cuando aullaba el yambé, y la tarde se quitaba los zapatos. Se busca tertulia.


14 de julio de 2008


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4.



ME HE QUEDADO CON UN NIÑO DE VICENTE
por Carmen Frontera






Me he quedado con Un Niño de Vicente. No te preocupes que te lo cuido este verano y cuando empiece el curso te lo devuelvo. Pues el Niño, éste que tengo de Vicente me cuenta que su abuelo decía que todo lo que se escribe es una insensatez y yo creo que sería una auténtica insensatez, aprisionar entre líneas cada uno de los segundos de letras y palabras, de sonidos y silencios (aunque haya que suplicarlos con un “coño”) , de risas y ¿por qué no alguna tristeza, David?, del café y el bollo de Rocío, tarta de chocolate para Sagra, cervecitas y Riojita para Ana y yo misma, Angel González para Javier, una tarde con el Aure y mucho más. Me viene la idea de que el verano es como una Estación de la que parte un tren y se espera la llegada de otro cargado de ilusiones como los Reyes Magos.


15 de julio de 2008


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5.



BITÁCORA 09/07/2008
por Javier Díaz Gil








Porque fue un miércoles de julio
cuando alguien nombró la palabra último.
Hemos alimentado el miedo y hemos sobrevivido.
Hemos reunido el amor y la pobreza, el deseo y la memoria.
Las palabras escritas se vuelven contra mí y me descubren.
Reconozco vuestras miradas, vuestra emoción temblando y vuestras voces:
en las manos llevamos guardadas demasiadas lágrimas.
Alrededor de esta mesa hemos visto atardecer,
hemos poblado de risas el fondo de las tazas
(las tristezas esperan en la puerta el amparo de la noche).
Los poemas que llegaron mordidos vencieron al ruido,
somos personajes que buscan su pequeña muerte...
Alguien repite la palabra último.
La nostalgia nos espera cuando salgamos a la calle
y un beso de miércoles que nunca nos dimos.



16 de julio de 2008



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6.


EN LA COPA DEL SOMBRERO
por Elena Gutiérrez




Si a la velocidad de la luz, se permitiese hacer un viaje y conocer un lugar, propondría como destino la mesa redonda del café que se transfigura en pozo los miércoles. Allí reunidos, vamos sacando las multiplicadas dosis de maná-milpa mientras aúlla el yambé de nuestras risas y se chamusca la tarde. En nuestro laboratorio exploramos, nos sumergimos en el agua que resulta estar poblada de miedos, impaciencias, complicidad... todo para acabar reparando poemas y relatos, especialidad del chamán. Allí se reconocen las huellas, sobre arena, deshaciendo la isla que traemos. Cómodos en esta obra de crearnos como sortilegio, encantamos al náufrago que llevamos dentro, aislado, anulando su cobardía. Y así ya estamos listos para volver a nuestra cruzada, tras pasar, aún vuelta y vuelta, por la chistera que produce la magia. Hasta pronto, hechiceros.


17 de julio de 2008




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7.


MIÉRCOLES DE DESPEDIDA
por Sagrario del Peral





Un miércoles de adiós en nuestra mesa desconchada. Caracolas en mis manos que no se plasmaron en papel revelado. Músicas que enamoraron a Ana. Mientras la tarde se quitaba los zapatos y tocaba la seda en la las huellas de Elena.
Sauce ciego, mujer dormi da acompañando a Javier a la espera de José Hierro. Pasearon y pasaron flotando sobre nuestras cabezas: Nicolás Guillén, Haruki Hurakami y Juan Carlos Mestre bailando un tórrido tango.

Aúllaban móviles en nuestra mesa con tarta de coco y dulce de leche con sabor a despedida.


18 de julio de 2008


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8.


LAS AGUAS DEL ATLÁNTICO ME ABSORBIERON
por Ana González



Llevaría unos cuentos días inmiscuida en sus cosas, viviendo con incertidumbre y casi lo desconocido cuando por fín llegó el miércoles por la tarde, y empezó a sentir, asombrada, la felicidad y el placer de las palabras, o sea, aquel estado anímico extraordinario que suele considerarse la única recompensa por los contratiempos terrenales. Lo que más le satisfacía era la intensidad de tal sentimiento: resultaba gratificante, como si se tuviera que poner tacones y traje de lentejuelas entre semana, a esas horas de siesta de verano, a las seis de la tarde, que podría derivarse más bien de un sueño entre sudores estivales que una realidad de un miércoles, cualquiera, pero siempre especial, ese donde la cita seguía siendo en el Galdós. Y allí estaban los compañeros de sueños, vagando entre fragancias de poemas y relatos, inmiscuidos en una aureola de tristeza porque quizás pensaban que era la última cita, a media luz, abrazados por palabras y conversaciones, en ocasiones bajitas, en ocasiones con carcajadas, pero llenas de sabor y valor.

Entre sueños aparecen esas palabras sueltas: “Venía mordido”, “todo se volvió al revés”, “le huelen los pies a esta tarde en que te quitas los zapatos”, la luz pierde velocidad”, “el yembé y la alambrada”. Y comprendió que la felicidad no podía considerarse una propiedad privada que una adquiere un día, como una herencia, y luego sólo tiene que cuidarla. La felicidad había que descubrirla en ese lugar, cada media hora, cada minuto, cada segundo, detrás de cada café, cada agua y cada caña; detrás de cada uno de sus compañeros de sueños, de cada palabra y comentario, de cada poema y pequeño o gran relato. Se manifestaba de forma impredecible, agradable y tranquilizadora. Se decía: esto sí que hay que cuidarlo y evitar que te lo roben. La herencia era demasiado tentadora como para no dejar de ponerse tacones y lentejuelas cada miércoles, y celebrar que las citas continuarían. No quiso despertarse, por eso cada miércoles a eso de las 6 de la tarde, como si fuera un turno de guardia extraordinario, sonríe, vuelve a soñar y a ver en todos los rincones de sus sueños la cara y la voz de ese racimo de personas que hacen la añada especial, buena, excelente, con cartel de oro, acompañada de palabras con premio, de tartas de poemas, de delicatessem rellenos de relatos; y todo eso en la esquina, abrazados y a media luz: en resumen, un estado excepcional en el que hay que ponerse de etiqueta.


23 de julio de 2008

jueves, 26 de junio de 2008

36ª Jornada: Miércoles, 18 de junio de 2008

Alucinaciones, tertulia y veinte porras con coca-cola


El médico me había dicho que tarde o temprano perdería una parte de la memoria, que no toda, y que si me pasaba bastaría con que me tomara veinte porras con coca-cola para recobrarla (eso lo hice cuando esa noche llegué a casa a dedo), y así fue, pero hoy me ha vuelto a pasar lo mismo, son las tres, así que seguiré así, hasta que los consiga, mientras tanto intentaré representar a los presentes por medio de la técnica impresionista de los escritores del 20´s.

Bien, el caso es que nada más entrar por las puertas de aquel sitio que olía a actor, comediante y a murciano, el interior de mi cráneo se partió en dos, sí, incluso escuché el crujido, en mascletá, de ambos lóbulos diciéndose adiós en distancia de un centímetro. Y, ahí, prorrumpió un estado en el que no sabía ni dónde estaba ni por qué la gente tiene que hablar a voces. Eso sí, me pude fijar en unos cuadros colgados con perchas en la pared, a modo de prendas que parecían artilugios de Modas La Trini, o regalo suplemento fin de semana de La Farola. El caso es que estaba sentado, se acerca una muchacha (la chica del pincho; memoria USB; así la llamaremos) que me dice hola, sigo el juego porque me parecía un poco ridículo decir un: what the fuck are you? No tarda en aparecer otra señorita, que me dice hola y yo allí, sin recordar nada, el cerebro escindido y sudando interiormente hasta encharcar pulmones y otras cosas que dicen tenemos dentro, así a mano derecha. Esta última muchacha cuenta la anécdota de cómo a su hija le pidió perdón un escritor que creía haberse chocado con ella. A lo que su hija contesta
- Pero si no me ha tocado

¡VIVA NUESTRA PRESIDENTA (C.A.M) DE PROCEDENCIA SANTORAL DEMONIACO!

Llegan más gentes. Una chica (así, alta, joven, con el pelo walkirico) y dos rapaces (uno con gafas, que hablaba así, como raro, enganchando palabras una tras otra por la ultima silaba, con un cambio de sentido tras otro como recortes en el área, y el otro que más adelante me enteré de que era Apolíneo; no sé que era eso, así que le llamaremos así, el apolíneo).

Empieza la conversación. Yo no sabía qué decir y me dediqué a improvisar, callarme y tomar nota de lo que se decía, porque hablaban de gentes que, a ratos, escribían libros (¿pá que?).
Esperaba un hito raro, un golpe en la cognición que me devolviera la memoria, cuando surge un comentario que me pareció interesante, del muchacho de gafas.

- ¿Vosotros sois de pista o de barra?

Y allí me quedé sin golpe de cognición ni leches. Escucho que la gente reunida parte de ella era de barra, menos la chica-walkiria, que era de pista. Yo soy más bien de parque (césped o banco; mas bien banco). Mientras tanto una señorita de pelo teñido que porta una correa de cuero rojo con la palabra ruido atada al cuello de la R trae napolitanas, donuts, café y pienso que sólo nos falta el bingo, la pensión, hablar de artrosis y de lo mal edificada que están la obras de Madrid. Del bingo ni rastro.

Llega otro comp0nente, esta vez es una muchacha que lleva una camiseta que pone Motorhead. El ruido es elefantiásico, así que la componente de la hija que no chocó contra el escritor saca la idea de pasar a otra sala. Obedecemos. Allí tomamos asiento. Y una de la componentes que, según creo, había estado en una isla llamada Lanzarote (como el de la mesa redonda, pero con más moreno) no para de balancearse adelante y atrás. Siguen analizando el relato de un tío a cuyos personajes siempre les falta algo. El de gafas acierta una apreciaron sobre el texto (al principio al personaje le dicen hombrecillo, al final le dicen hombre). Yo, mientras escribo, y al tiempo escucho algo de un apéndice al ajillo, me pregunto dónde estoy, quiénes son estas gentes que hablan de libros (¿pá que?). "Ve hacia la luz, Vicente", me dice Caroline, (¿por qué el Madrid ficho a Spasic?).

Digresión al canto y la muchacha que no deja de balancearse suelta, asi, a lo Mein Kapth... hail:
-Vale ya, no nos desviemos.

Quedan rectos como una vela y prosiguen. El muchacho apolíneo lee un poema, surgiendo un problema de alarmas, que me deja sensación de que han robado algo. De nuevo irrumpe el asunto entre si un poeta pertenece a barra y un narrador a pista, y de que es normal que un narrador se pase a poeta, y se meriende su propio apéndice. No entiendo nada. Sólo escribo. Tengo miedo.

Mientras la chica de la camiseta de Motorhead lee una de su creaciones, la R de la camarera se suelta de su correa y salta encima de nosotros e, incluso, nos deja un pitido de oídos como de final de jornada laboral en una fábrica de mediados del XIX. Pero ahí no acaba la cosa, la chica que se balancea pone cara rara, escucho que le explota algo dentro de su cabeza, y además veo salir humo de sus orejas, dice:

-Tengo que hablar de la ley de la gravedad.
Sin duda, me he equivocado de sitio. Pero decido seguir allí, a lo mejor me vuelve la parte de memoria que perdí.
La chica del pincho (memoria USB) suelta una frase de Confucio sobre la adquisición de la sabiduría; Imitación, reflexión, experiencia. De pronto, otro de los individuos que allí se han reunido habla sobre una cena. No acaba el personal de decantarse por un sí o un no, cuando un camarero que lleva en la camiseta su nombre (Sir Víste) acerca un cocktail a la chica-walkiria para al rato ofrecer lo mismo al resto. Mientras, lee la mujer del Pincho (memoria USB), y la R de la camarera no deja de mordernos las pantorrillas, incluso tirando hielo. Yo creo que lo que la pasa a esa camarera es que se le ha roto el potenciómetro o el Whisper XL ha pasado la garantía.


Mientras, otra digresión, ahora sobre los pelícanos; símbolo de amor maternal que cuando no tiene alimento que dar a sus crías se abre el pecho con el pico y alimenta a su prole con su propia sangre.

Me van diciendo que esto se acaba. De pronto, voy al servicio, me miro al espejo y me vuelve la memoria. Sonrío. Al segundo escucho la mascletá en mi cerebro y noto como si me hubieran pasado un imán de frigorífico por la cabeza, a lo ancho. Me despido de aquella gente.

What the fucks are this people?



Vicente González
24 de junio de 2008

viernes, 23 de mayo de 2008

31ª Jornada: Miércoles, 14 de mayo de 2008

... con un acompañante invisible

Hoy es un día en el que cada uno de nosotros, presiento, va a venir con un acompañante sorpresa, invisible... que las sillas del Galdós no son demasiado numerosas. Me encuentro con Javier y su acompañante surrealista-daliniiiiano y Elena y el talento emergente en su correlato objetivo. La entrada en el Galdós comienza a ser extraña. Si por un lado la semana anterior nos encontrábamos con el surtido artístico de un frutero psicópata, esta vez una de las obras psicoanalíticas está caída en uno de los asientos mágicos donde nos hospedamos a la usanza de unos académicos que se encuentran alejados de el reconocimiento de las Letras (fuera del Galdós hay menos talento del que nos imaginamos). Javier nos dice que las naranjas han caído, y me imagino que si el frutero psicópata se ha hecho eco de la noticia, quizás, esté enterrando niños en su jardín. Ya saben el asunto freudiano de los artistas vestidos de fruteros. Metidos en la conversación Javier me bautiza como The Hunter. Me gusta el apelativo, y ya me imagino a Ramoncín retorciéndose, mientras le nacen llagas, cada vez que el bendito E-mule hace un download literario. Mientras imagino la actuación epiléptica del ex rey del pollo recalentado, llega el señor Lerma y su acompañante (un autor apellidado Gamboa). Toma asiento y la noticia de que Lady Noise le ha cambiado el turno a la actual camarera nos sienta, pues eso, nos sienta.

Lee Mr. Lerma las intimidades de su acompañante. Las palabras y el argumento del escritor colombiano me dicen que todo este relato (basado en hechos reales; como las películas de A3 a las 16:00 de la tarde) parece ser más bien construcción del cerebro y el ingenio que de las andanzas del azar. Por un lado, el hecho de que el narrador sea controlador aéreo (profesión que guía hacia algo) ya me atrae pensar en la elección táctica del relato. Así como la elección del poema del Anciano Marinero de Coleridge refuerzan la idea de una invención o una alteración de los hechos. Aun así el relato me parece de bella y fabulosa factura. Recomendado.

En ese momento y después del análisis del relato, necesito despejarme un poco. Observo que en una mesa de nuestra izquierda un tipo del grupo mixto, o propio de un Think Tank como Faes, engominado hasta el hígado y un moreno con peligro de melanoma, besa con énfasis a una muchacha de un aspecto Moralejero, que se limpia a continuación los restos de saliva al tiempo que el individuo del Shit Tank se da la vuelta. Y allí estoy y mis ojos perdiendo el impacto de la imagen. Cuando noto que el suelo tiembla, el Aure aparece, pero esta vez sin su telequinesia. No obstante, ha encontrado un nuevo amigo llamado noticia de la edición satisfactoria de su libro. Su partenaire parece haber sido bautizado con un nombre nacido mas allá del Nepal, pero creo que no es de allí.

Ya somos 5, más nuestros amigos diez, cuando oímos al acompañante de Ana (un tipo llamado cumpleaños). Tras el llega la susodicha, cogida del brazo del individuo invisible, que creo le acompaña un día al año a cualquier lugar donde va. La conversación se desvía, antes de que nazca otra intervención, hacia la motivación de los escritores para escribir; que va desde el poder, reconocimiento, sacar fantasmas (esto da para 2 o 3 novelas de 321paginas y para 40 libros para los mas enfermos) o construir una existencia lo mas alejada de la linealidad y la vibración baja. El Aure prepara el destornillados para clavarnos en el asiento del Galdós una vez ha comenzado a leer el poema sobre un hombre poco evolucionado.

Poco después Lee Elena, y su acompañante objetivo resuelve el asunto con una intervención prodigiosa. La técnica la ha aprendido a conciencia. Tras ella el señor Lerma acondiciona las paredes del Galdós, con una poesía que yo llamaría medicinal, o poesía de cabecera. Añade términos médicos que no desentonan. A esto le añade un comentario sobre un escritor que está leyendo en la actualidad apellidado Conelly, y su última novela titulada Deuda de Sangre. Ya estamos llegando al final, cuando Fron añade tres relatos cortos, hipercortos, que a mí me dejan una buenísima impresión, ya sabéis, argumentos y desenlaces de esos de una última vuelta de tornillo que te deja clavado al asiento.

Se acerca la hora de marchar. Son las ocho y media y Javier-Daliniiano, y el Aure se han tenido que ausentar media hora antes. Pagamos y, una vez fuera, tiramos en varias direcciones.

Vicente González
20 de mayo de 2008

sábado, 10 de mayo de 2008

28ª Jornada: Miércoles, 23 de abril de 2008

Cada cual toma su silla.

Pienso que este miércoles se pude llegar a presentar interesante. Ya, de entrada, la camarera me atiende a la primera de cambio, sin mediar demasiado tiempo. Aún me acuerdo de la semana anterior y la eterna espera de media hora hasta que se fijó en que había un cliente en la mesa donde la luz siempre ilumina.

Mientras sigo pensando en la incidencia de la semana anterior observo que cerca de allí, cerca de la vertiente atlántica, aparece el rostro, siempre cubierto de buenos presagios, de Rocío. Toma asiento en la letra ”r”. Apenas me da tiempo a saludarla cuando otro de los personajes de la Tertulia rompe los pliegues de la cortina del Galdós. Es Javier y toma la “d”. Saludo de rigor y sensación de que este miércoles va a venir más gente que en semanas anteriores. Abre la cartera. Ha aprovechado el día de San Jordi para obsequiarnos con regalos literarios; libros de Pablo Neruda, Máximo Gorki, Lorca… Justo cuando ha comenzado la presentación de los autores la desaparecida Sagrario nos sorprende. Explica que ha tenido insomnio, y que durante las últimas semanas se ha sentido indispuesta. Baraja el conjunto de libros y no se decide por cuál coger. En un principio el señor Gorki parece ser el elegido. Me imagino que su estado de ánimo no es bajo. Le pregunto que qué tal se encuenta anímicamente. Low. Advierto que quien elige a Gorki tambien debe tener a mano un treinta y ocho largo. Sus manos se elevan del ejemplar de La Madre y descienden, creo, sobre Neruda. Para romper, Javier nos obsequia con un nuevo desenlace surrealisa de asociación e interpretación dual de palabras. Guirigai. Interpreten. Sigo liado con la interpretación surrealista y descubro una de las alegrías más grandes que he recido en la Tertulia. Es Ana. Pero no viene ella sola. Le acompaña una enorme pieza de masa circular, cocida y rellena de pulpo, que a día de hoy 29 ya esta digerida. LA EMPANADA VIGUESA PROMETIDA.

Elena, que hace un rato que ha ocupado el asiento “m”, comienza la lectura de un poema que a mi me trae recuerdos de Walt Whitman. Los recuerdos del estadounidense se extienden como niebla, y a traves de ella, echándola a un lado con sus manos, Carmen Fron. Apenas se lo piensa y la letra “z” es el objetivo de su trasero, y comenta una curiosa observación callejera (ha visto un deficiente mental de raza negra) que me atraviesa el cerebelo. Ana, y su experiencia en vivencias africanas, nos muestra la respuesta sobre la ausencia de deficientes mentales de dicha raza (los matan). Tras la respuesta lo que más nos apetece es recibir el ataque de un poco de arte del distrito de Villaverde. Y Carmen aparece en escena y suelta un relato. Comentamos la aparicion de una serie de personajes en dicho relato. Cuento una anécdota de Flaubert sobre la negativa afluencia de demasiados objetos (pesados y numerosos) en un cuento de poca extensión. Sin piedad, siendo el ultimo artista en la nomina de este miércoles, Rocío retrata la realidad alrededor de uno de sus relatos sobre relaciones humanas. Y tras la crítica y los sucesivos cambios a efectuar en un futuro, rompemos filas de letras minúsculas, que viendo el rumbo que está corriendo la Real, las sillas del Galdós van siendo más importantes que las del Da Esplendor.

Vicente González
29 de abril de 2008

viernes, 11 de abril de 2008

25ª Jornada: Miércoles, 2 de abril de 2008

la letra académica se pone la funda de cartón
para “arrecogerse” en su estuche de pinturas Alpino


El día anterior ya presagio que el miércoles va a ser interesante. Por un lado ya me han quitado las muletas y mi ánimo es tal que grabo en varios cd´s una selección literaria de esas que caen del E-mule, para repartirlos a los miembros de la tertulia.

Entro en el Galdós. Me encuentro con Javier y Rocío, que ha ganado el tercer premio en un concurso, creo, de Las Rozas. A mí me parece un verdadero triunfo. Lo importante es que a la obra de uno la consideren fuera de las fronteras de nuestra casa. Tuerzo el cuello y a nuestro lado observo la figura aséptica, de quirófano, de una de las letras de la Real Academia. Bebe y charla con otros miembros parecidos a enseres de una papelería de objetos regalo. Ya no me impresionan demasiado. Las letras sueltas, después de todo, son letras, y si no forman palabras articuladas son sólo un sonido fonético próximo a un quejido.

Javier, que el que escribe esta bitácora ya intuye un alto componente surrealista, mezcla el apellido “Puértolas” (dicho por un servidor), con a puerta gallola, y yo interiormente interpreto suciamente la asociación Freudiana.

Al rato aparece Aureliano, y con su fuerza telequinésica, desplaza un vaso y lo pinta con líneas blancas quebradizas contra el suelo. Los diamantes de “palo” se arremolinan en el suelo, mientras la letra académica se pone la funda de cartón para “arrecogerse” en su estuche de pinturas Alpino. Llega David.

Descubro que Rocío lee al gran Antonio Orejudo, personaje que por sus maravillosas características personales nunca le colocarán en ningún abecedario académico. Ana camina hacia nosotros con su nuevo peinado, que la acerca un poco mas a su etapa universitaria.

Ya va siendo hora de un poco de descarga javierística y de su amigo el francotirador. No conocía estos relatos (que el insiste en llamar poemas) sobre ese especialista del AK-45, pero me dejan con una impresión parecida a la que siento leyendo a Lacan. Estrupefacto. Parte de nosotros solemos levantar barbillas gemelas que reposan en la tierra. A veces eso nos mata. Surge Laura.

Rocío abre carpeta con folios. Lee. Sus personajes me recuerdan a los de las novelas de Valle-Inclán. Llega Adriana, mientras Aureliano pide permiso para leer un poema de su próximo libro: Menos Nuestro Dolor. El poema hace relación a la admiración de Ezra Pound a Walt Whitman. El gusto por la intrahistoria de literatos que nos fascinan nos acerca a esos seres hercúleos. Buen poema, buenísima idea en un libro que huele a maravilloso.

Surge la pregunta de cuál es la mejor época en la vida de cada hombre. Algunos componentes de la Tertulia opinan que es en edades infantes cuando reaparece la felicidad perdida en el destete, otros en la vejez. Opinen. De pronto Adriana saca una cámara y nos comenta el regalo de cumpleaños que va a realizar a Marina gracias a ese artilugio y la capacidad verbal y creativa de todos, sellado en la cinta videográfica. Tras la preparación del regalo, Laura prorrumpe con un poema reformado con mejoras. Los señores poetas, lapiz verborreico, aconsejan mejoras dentro de la mejora y el asunto queda visto para sentencia con el juez. El reloj golpea con sus manecillas en nuestros melones diciendo que ya va siendo hora de salir del Galdós, y notamos que falta alguien para que el órdago sea completo ese miércoles. Sí, lo han adivinado; se acerca Lady-Noise. A estas alturas ya deberíamos alejarnos de dicho sobrenombre. No obstante resistirse a alejarse de una definición tan Umbraliana nos va a costar. Me sobra un cd con las obras de maestros literarios, y le pregunto si le gusta leer. Se lo doy a señorita decibélica.

Ana nos cuenta que prepara un viaje a Lisboa que, sin embargo, no le va impedir estar en la tertulia del próximo miércoles. Tiene pendientes una serie de regalos gastronómicos y, a estas alturas, mientras escribo esta última parte y escucho la música de Drive By Truckers, me está entrando un hambre de tres pares de narices. Nos despedimos del Galdós, y yo ahora voy a asaltar el frigorífico. Good Night.

Vicente González
9 de abril de 2008

viernes, 8 de febrero de 2008

16ª Jornada: Jueves, 31 de enero de 2008

Herman Melville: "Bartleby, el escribiente"


Otro "miércoles" me encuentro en la tertulia del ya famoso (al menos en mi portal) grupo Rascamán. Por ahora no llega nadie, ni siquiera la fotógrafa egocéntrica-narcisista de la semana anterior (A los que no estuvieron les digo que era una tipa que, nada mas aparecer tras las cortinas modernuquis, se presentó como la fotógrafa que exponía en el Café Galdós, tenía más ego, la tía, que Ana Rosa Quintana, que le pone su nombre a la revista y sale en la portada de todos los números).
El caso es que la cosa pinta tranquila. Este día es especial. Se va a destripar el Bartleby de Melville. Y eso es todo una acontecimiento. Una novela así removería a cualquier amante de la hermenéutica en una jornada en el que, justamente, se van a desentrañar secretos, símbolos y tácticas de escritura. Estoy emocionado.
Leo un rato, aparece la camarera, que es tan bella que da pena insultarla, aunque no estaría de más hacerlo para que apareciera una herida narcisista en su ego. Café con hielo. Sonríe y se marcha a darle caña a la máquina de café con ruido de remolcador.
Javier surge de entre las cortinas modernuquis. Le entrego una novela corta de Baricco (Novecientos) que hace un tiempo prometí dejarle. Entramos en el asunto Melviniano, así, por encima, le explico que uno de los puntos que apoyan la novela es la ausencia de Plus de Goce de Bartleby. Le explico que el Plus de Goce es el beneficio que extrae el amo del miedo que le tiene el esclavo, renunciando éste a sus deseos. Lo apunta en su libreta, y saca unos apuntes de Internet sobre Bartleby. Los hojeo, y me parecen extremadamente interesantes, sobre todo un comentario que hace Vila-Matas sobre José Hierro, que creo entender que estuvo 26 años sin escribir.
Al rato llega Rocío, toma posiciones y pide un Donut con café con leche. No da tiempo apenas a que le llegue el avituallamiento y sorprende la visita de David, escritor de huida hacia la poesía desde que le extirparan el apéndice, y que cada semana me sorprende gratamente con sus acertadas opiniones sobre los textos y la vida.
Queda elegido un servidor para escribir la bitácora de este día mientras Rocío opera al donut y dice que tiene un hambre del copón, David añade que se pasaría todo el día comiendo, y Javier cierra sobre "cómo sería una sílfide". Y yo me imagino que debe haber una especie de isla donde sólo vivan clones de Kate Moss, al lugar lo llamare Silfideland.
A estas alturas los apuntes que cojo para ilustrar la bitácora son tan numerosos y escurridizos que se me hace imposible amarrarlos con fuerza, se me escapan, los intento agarrar con una cuerda de la ropa, pero se escapan entre las patas de la mesa. Asi que me propongo hacer memoria de todo o que escuche.
En un momentos surrealista, creo que el único que acontecería durante la jornada, surge el comentario de un alargamiento de pene de Sánchez Dragó, y Carmen Martín Gaite en Top-Less.
Aparece Sagrario que, recuperada de su afección digestiva, parece encontrarse bien. Poco después surge Ana.
Comenzamos. Es jueves, y hay una especie de ciclo de cortometrajes en el café. Ruido, como no y es jueves.
Surgen los primeros cometarios sobre Bartleby. Para los que no fueron a la tertulia les hago una sinopsis del relato-novela. Bartleby, El Escribiente, es una novela escrita en el siglo XIX por Herman Melvilla, que narra las vivencias de Bartleby, un amanuense que entra a trabajar en un despacho de abogados de Wall-Street en plena euforia del capitalismo U.S.A. Rodeado de unos compañeros tan extraños como él mismo, y tras trabajar diligentemente, decide, a una orden de su superior, contestarle de una manera tan enigmática como ambigua: “Preferiría no hacerlo” . Esta respuesta se repite a cada petición de su superior. Tal es así que monta un entramado surrealista, y nuestro héroe de personalidad de cemento armado es capaz de ocupar la oficina, utilizarla como vivienda, e incluso, después de ser desalojado, irse a vivir a casa de su superior, y casi también echarlo de allí.
Comento que Bartleby en un personaje rocoso, mientras que su homónimo superior es débil, pese a que tiene un cargo muy por encima del suyo, que sin embargo no es parejo a su psique.
Javier añade que, aparte de eso, el superior es un hombre metódico, lee la parte del texto en la que aparece dicha información, y que su intención es saber todo lo posible de Bartleby lo mismo que del resto de empleados. Estoy con él. A cada objeto que simbolizamos y le ponemos nombre deja de ser subversivo y queda alienado. David nos sorprende con un dato que desconocíamos sobre Melville y su anterior novela Moby Dick. Dice que Herman tal vez pusiera en el papel un personaje falto de ambición, como contrapunto a Ahab, el capitán intrépido, sádico y egoísta de Moby dick. Apunto esta información. Me parece un interesante hallazgo.
Tras sucesivas opiniones de todos los miembros de la tertulia sobre el texto, cruzadas entre sí, mientras el ruido de los altavoces de la edición no-se-qué-año-del festival de cortometrajes, atronando, queda zanjado el asunto Bartleby.
En esto que se nos acerca uno de los organizadores del festival y nos advierte que tengamos cuidado con el cable que pasa por detrás de nuestras sillas.
No sé cómo llega a la tertulia el comentario sobre la disposición de las administraciones de cultura de los pueblos pequeños y el tratamiento que se da a los ganadores de los premios literarios. Rocío nos ilustra con anécdotas de un premio que le dieron en un pueblo del que no me acuerdo. Todos estamos de acuerdo.
Le toca el turno a David, lee un poema, los poetas toman nota del asunto, mientras los narradores escuchamos.
Le toca el turno a Ana, lee un pequeño relato y nos anima a que le digamos aquellas partes que debería cambiar. Le comento que debe circunscribir el asunto alrededor de algo cotidiano. Intercala Rocío diciendo que no todo relato consiste en proponer un argumento pequeño. Estoy de acuerdo. Las reglas, una vez aprendidas, se cascan como las nueces.
Dicho esto la tarde empieza a declinar. Quedamos en que la siguiente lectura a analizar será Ataúdes tallados a mano de Truman Capote. Novela corta que ya me he bajado de Internet y que, en breve, mandaré a cada componente del grupo Rascaman.
La camarera de tapones en los oídos nos deja la nota con los que hemos de pagar. Levantamos el vuelo. Salimos. La misma bicicleta de todas las semanas nos saluda, aparcada en un montículo de cemento.
Tiramos cada uno en diferentes direcciones.


Vicente González
4 de febrero de 2008

domingo, 30 de diciembre de 2007

11ª Jornada: Miércoles, 26 de diciembre de 2007

Tarde buñuelesca-daliniana



La tarde-noche se presenta extraña, Buñuelesca-Dailiniana-Surrealísssssssssstica. Por un lado tengo el tiempo suficiente para aparecer en el café Galdós con una hora de antelación, y por el otro la sospecha y alegría de que la camarera rubia de corte atazonado, compuesta en un noventa por ciento de ruido, no se encuentre allí. A los minutos, mientras leo a Lacan, sentado, conciencia aterciopelada por el vaivén de las cortinas, aparece, me pregunta qué deseo. Menos mal que después sugen Javier y Rocío, y mi miedo a una jornada de estridencias decibélicas, al menos, se atenúa.


Tras saludarnos, se recuerda el tema de la jornada; “De lejos veo tarde”. Frase que me recuerda una característica de los caballos cuando van a saltar una valla; no ven de lejos, por la disposición de los ojos, y a escasos metros, focalizan el objetivo, en este caso una valla, teniéndola ya memorizada y la saltan.


En esto que surge un Rincón para momentos Cuéntame, y Javier cuenta cómo conoció a Rocio. Me entero de que se conocieron en un viaje a Rusia, allá por el curso 1997-98. Comento que todo gran hombre tiene algo de ruso.


Comienza el momento de la tertulia y Rocío nos obsequia con un relato titulado el Caza-argumentos. Me doy cuenta de que el tamaño del relato no superan las dos páginas, y eso desde mi perspectiva literaria es todo un acierto. En cuanto contenido del relato he de decir que al ser del tipo-vuelta-de-tuerca me gustó. Bravo Rocío.

Al rato aparece Sagrario, se sienta y comenta que ha leído la Bitácora de la pasada jornada, pero sólo a medias.


Y cuando creemos que la multitud asistente a la tertulia no crecería mas, va y aparece Carmen (Fron).


Como es habitual en las últimas semanas, nos desviamos del tema literario, y ahí empieza lo bueno (viva Buñuel), porque he de decir que ésta es de las jornadas más surrealistas que he vivido en esta tertulia. Y como muestra de este primer intento salta la frase de que Chiquito de la Calzada es la victoria de escritores desaprensivos. Javier nos obsequia con una imitación Chiquitenesca del no puedo, no puedo.


Recordando viejos tiempos del taller de escritura de Villaverde, el mismo imitador de Chiquito nos cuenta la anécdota de un hombre con orejas de soplillo que se subió al escenario del centro cultural a recitar coplas, emocionándose incluso. Ya lo dijo Ray Bradbury: cualquier hombre puede hacer poesía, tan solo tiene que interiorizar una pasión y expresarla como un chorro de fuego hacia afuera. En la misma consecución de personajes de la Plaza Ágata aparece en el anecdotario otro integrante de un grupo anterior que, al igual que el hombre-copla, se subió al escenario, despotricando contra el poder, mientras el que contaba la anécdota intentaba cavar un agujero al centro de la tierra.


En esto que aparece la mujer-amplificador, sirve una caña a Carmen y tira dentro del vaso una aceituna del aperitivo. No solo ruidiza, sino que tiene capacidad de enceste. Siguiendo con el Rinconcito Cuéntame, aparece en el anecdotario una señora que narró una historia de un bombero, un manguera y no sé qué de apagar un fuego. Y cuando digo señora me refiero (según los presentes) a alguien muy antiguo y usado.


La jornada transcurre esta vez en el terreno de los refranes, y mientras Carmen comienza su bestiario, esta vez el asunto se encuentra entre el hierro colado y las profundidades de la ciudad: las tapas de las alcantarillas. Me entero de que en algunas partes tales artilugios se están empezando a construir de plástico duro, lo que las hace mas económicas, pero alejadas de la nostalgia ferruginosa. Intento no perder detalle de lo que ocurre en la tertulia, escribiendo con un Parker azul en una libreta ya escrita con lápiz, Rocío me dice que cómo puedo enterarme de lo que pongo encima de lo que ya puse. Es como el asunto Windows; lo que escribo es el Xp, y lo anterior el 98. A mi derecha Sagrario comenta que a escasos metros están Fefa y Fefe, que a falta del grupo mixto nos hacen las veces de Personalidades-San-Pablo-Ceu-hacemos-el-mismo-ruido.

Estamos de acuerdo en que nos hemos desviado del tema principal de la tertulia, y a estas horas ya debemos estar más o menos por Tres Cantos.


Carmen termina sus narraciones. Una de las cosas que más me ha impresionado del asunto de las alcantarillas es la del hallazgo que se hizo hace años en la Puerta del Sol; cuerpos de soldados franceses que los españoles tiraron durante la guerra de la independencia. IMPRESIONANTE.


Vuelven los comentarios surrealistas. Esta vez hacen relación, tras la lectura, de una palabra que no se sabe si dejarla o sustituirla; el atolladadero se llamaba “defecar”. La cosa se resuelve con Fecal (para agua) y Pluvial (para lluvia).


Mientras, Sagrario, poseída por el espíritu de Artaud, cruza el papel con líneas rápidas, espasmódicas, cuchillas con la forma de un bic.


La tertulia esta llegando a su fin, creo, a Javier se le ocurre una idea de caracterización de personajes. Nos sugiere que nos inventemos tres características que pudieran darse en un personaje. Cada uno deberá elegir la que más le gusta del compañero de su derecha, y con ellas construir un personaje, único, Flaubertiano. Escuchamos un poco más a los impostores de Grupo Mixto, la mujer-decibelio choca vasos cada vez que intentamos leer, y sobrevuela rasante, animalando a Félix Rodríguez de la Fuente, inventando ruidos que no son de este mundo.


Comentamos los flecos para la cena del próximo día 2, así como el asunto del amigo imaginario, juego cuyo regalo no debe pasar de los cinco euros, y toca el turno de pagar a Lady Noise.


Salimos y una nueva anécdota parece esperarnos escondido en el frío nocturno. Un paquete-bolsa a la puerta del Café Galdós. No creemos que sea una bomba, pero esta atada a la pizarra de precios del exterior. Javier entra en el Galdós. Sale Lady Noise, sin pensar demasiado, coge la bolsa, camina hacia un cubo de basura y allí lo suelta. Mientras vuelve mas roja que un tomate, ríe. Pienso que menos mal que no era un artefacto de esos que estallan al mínimo ruido.


Nos despedimos, tirando en diferentes direcciones.



Vicente González

30 de diciembre de 2007