Páginas

Mostrando entradas con la etiqueta Manuel Sánchez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Manuel Sánchez. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de mayo de 2026

29ª Jornada/XIX año: Miércoles, 13 de mayo de 2026

 

Pasteis de Belén y tomates...


1. Celia Cañadas:


El mundo se divide entre los que tienen sueños y los que, habiendo cumplido algunos, pareciera que despertamos al desconcierto. Este nace en el corazón de la ciudad, se multiplica en la repetición de franquicias y hoteles. Y más hoteles y franquicias, a cuál más absurda. De ellas, la que me duele más es la de una supuesta fábrica de pasteles de nata. Pero si mi abuelo materno, que vivía en Lisboa, para comprarlos tenía que ir a Belém, ¿qué fraude es este?


Afortunadamente, por la palabra llega la salvación, la que restablece el orden natural de las cosas. El nuevo poemario de Javier y Piluca inaugura la sesión de novedades y a este sí, ¡qué ganas de hincarle el diente! El poemario de Esther me lleva al que le dediqué a Virginia Woolf hace ya unos años y me invita a seguir leyendo. Joselyn M. Almeida me recuerda lo afortunada que soy cuando mis alumnos, esos que no callan, únicamente deben decidir si van en patinete o andando al instituto, si traen o no la tarea, pero nunca si se juegan la vida por ello.


León ruge, ruge alto y claro, indomable, con dos poemas amorosos. Rocío y su terrenito ponen la nota humorística a la velada. Le quita hierro al asunto. A mí me han asignado —por méritos literarios, tengo que reconocer— otro en el que crecerán pronto tomates y habitas tiernas, al lado de mi casa. No, no escribo; me basta escucharos para reconocer como propio este remanso en medio de la vorágine. 


Celia Cañadas.

14 de mayo de 2026



2. Javier Díaz Gil:

 

Este trece de mayo se reunieron un buen puñado de rascamanes en el Fígaro. Con cada intervención sentí que íbamos aportando palabras a un diccionaro imaginario de la Tertulia. De la lectura de Carmen Padín tomé la palabra ombligo. De Juan Calderón elegí almíbar. De Celia, aunque no leyó, anoté la palabra luna.

Con letras mayúsculas apunté soledumbre de un poema leído por María Juristo. De José Antonio, más matemático y poeta esta vez, apunté dos palabras por ir unidas: números complejos. De mi propia intervención, escribí en mi lista un número que es una fecha, 2030. 

Juan B. Raña leyó un relato y de ahí saqué amanecer. David leyó un breve ensayo y le tomé prestada la palabra sueños, así en plural. Esther de la Cera acaba de publicar un poemario magnífico. Apunto la palabra piedras. Parte de su título.

Pilar Pedraza desde la ventana del zoom lee un relato y me apunto estantería. Joselyn lee un poema sobre Palestina, recojo en mi libreta la palabra necrópolis. De Chelo me llevo resonancia. León tiene en sus poemas aires erótico festivos, tengo que apuntar no una palabra, sino tres, caramelo de limón. De Cinta no tengo duda, del poema que nos lee anoto pizarra. 

De Manuel y de su novela con Ashya y Hassad recojo la expresión límpida. José María Herranz lee un poema y atrapo la palabra engaño. Rocío nos hace sonreir con su relato y me apunto dos palabras en lugar de una: alifafes y romadizo. Anagonz cierra las lecturas y deja caer la última palabra que yo recojo, pupilas.

Hago recuento de la cosecha: ombligo, almíbar, luna, soledumbre, números complejos, 2030, amanecer, sueños, piedras, estantería, necrópolis, resonancia, caramelo de limón, pizarra, límpida, engaño, alifafes/romadizo, pupilas.

Se me ocurre que sería curioso hacer un juego. Asociar las palabras a sus autores sin saber quiénes las dijeron. ¿Cuántas acertaríamos? 

Javier Díaz Gil
17 de mayo de 2026

3. David Lerma:


Si hay artistas capaces de resumir la maravilla de una tarde en solo diez líneas esos son los poetas, maestros de la prolijidad y la concisión, también del encanto. No como yo, que ya he gastado varias y aún no he comenzado. Así que empiezo: abre turno Carmen Padín con un relato que habla de gomas de borrar que borran huellas de dedos en una espalda. Continúa el poeta Juan Calderón con un poema titulado Incendio y Almíbar, escrito a partir del cuadro Hombre con un vestido, de Botero. Prosigue la poeta María Juristo con dos poemas, el segundo de los cuales lleva por título En el sudor de la misericordia y pone a la palabra soledumbre en el centro del debate. La siguiente intervención corre a cargo de otro poeta, José Antonio, que al terminar su lectura nos deja un olor a ozonopino, como los que ambientaban en otros tiempos las salas de los cines. Otro poeta que se une al recital continuo y compartido, que es cada miércoles Rascamán, es Javier Díaz Gil, para presentarnos su inminente nueva publicación, 2030, libro de poemas con fotobordados realizados por Piluca Martínez de Velasco, que versan sobre los 17 objetivos de la Agenda 2030, y que nos firmarán en la próxima Feria del Libro de Madrid. Entre tanto poeta se cuela un narrador, Juan Bautista Raña, para leernos un relato titulado El amanecer de las vidas prestadas. Aunque enseguida volvemos a la poesía, diría a la buena poesía, diría a la mejor, de la mano de Esther G. de la Cera y su poema Días de abeja, perteneciente a su poemario recién nacido Bolsillos en las piedras. A continuación, David lee un fragmento que no es verso ni es prosa, ni siquiera una mezcla de ambos, y que habla de la inefable felicidad que anida en los que no tienen sueños, ni siquiera cumplidos. Volvemos a la prosa de la mano de Pilar y de un relato en el que personifica con destreza una estantería y su deriva. Regresamos a la poesía, en esta suerte de zigzag literario, para escuchar a Joselyn describir en verso el drama de los niños en Palestina, que aprenden la dureza de la guerra en aulas sin muros, tratando de no perder la inocencia que les lleva a creer que el miedo no les alcanza porque son protegidos de Dios. Giramos de nuevo hacia la prosa, para que Tina nos narre su particular visión de la prisa. Aunque no tardamos en retornar a la poesía gracias al maestro de sonetos León, con uno que destila erotismo sentimental por sus cuatro estrofas. Después de León lee Cinta, un poema en el que juega con las palabras, entre otras, con la palabra Pizarra y su polisemia, y que cierra con esta afirmación: la generosidad no tiene cura. Volvemos a la prosa de la mano de Manuel Sánchez y su odisea novelada de Ashya. Regresamos a la poesía guiados por José María Herranz, quien nos recita que los nombres de las casas y las cosas llaman a engaño, y nos deja estos tres últimos espléndidos versos: No hay engaño / solo belleza / ciega. Cambiamos de género, como cambia el año de estación o la pelota de tenis de lado del campo, para escuchar el divertidísimo relato de Rocío, Últimas Voluntades, sobre dos amantes que deciden ser enterrados juntos y con sus respectivas parejas legales, es decir, los cuatro. Cerramos la tarde con un poema, escrito por AnaGonz, que nos cuenta que los ojos azules de los mejillones son como los de las rameras, y que se inspira en una vieja canción marinera. Llegamos al final, y también a la certeza de que ni la prolijidad ni la concisión, y acaso tampoco el encanto, son los fuertes de este servidor, y menos investido en el papel de cronista de una tarde que difícilmente cabría en diez líneas y que, con toda seguridad, algún poeta sería capaz de narrar mucho mejor que yo.

David Lerma Martínez
20 de mayo de 2026

4. Manuel Sánchez:



La leña del hogar


Fue una grata sorpresa para mí, encontrar tan concurrida la sala de Fígaro aquella tarde. He de reconocer que llegué con retraso y me perdí alguna intervención. Mis disculpas de antemano a las compañeras y compañeros que no menciono en esta breve crónica.

       Poetas y narradores tan diversos, unidos al calor del fuego de las letras, donde cada palabra crepitaba como astilla ardiendo entre las brasas del hogar.


María Juristo

          A quien primero escuché fue a María Juristo, con sus poemas siempre conmovedores. "Cuando el viento hace sombra", nos dice en uno de ellos. Aunque el verso más escalofriante vino después "el cielo que nos arrasó". Al tiempo que anotaba aquella frase, me puse a pensar en su devastador significado.


José Antonio Carmona

        A continuación, José Antonio Carmona, con ese estilo suyo inimitable, siempre entre la ironía y la ternura, nos dijo algo así: "Dicen los matemáticos que la i es la posición de un electrón". Increíble José Antonio, hasta con los electrones se atreve.


Javier Díaz Gil

       Después intervino Javier, con el poema que más le gusta a Rocío, y que tiene mucho que ver con las especies invasoras que "tiñen de verde el azul de los cielos". Su último libro, estoy seguro de que será un acontecimiento , y el día 29, en la feria del libro, lo celebraremos.


Juan Bautista Raña

        Y llegó el turno de Juan B. Raña, que nos obsequió con un brillante título: "El amanecer de las vidas prestadas". "Un columpio oxidado mirando al mar". Cuánta belleza esconden esas palabras. "Nos reunimos en la plaza, llenos de vidas ajenas", nos leyó a continuación. Un placer escucharle.


David Lerma

        David tomó la palabra, y esta vez sí quiso compartir sus inquietudes con nosotros. " Vivir el mundo en dos. Los que sueñan y los que no". "Carecen del don de soñar", nos explicó, a la vez que nos confesaba que se halla escribiendo algo así como un "ensayo personal". Por un instante creí ver a Pessoa reflejarse en David, o al revés. sigue soñando, compañero.


Esther G. de la Cera

        Esther fue la siguiente en intervenir, y lo hizo para dar la voz a todas las mujeres, y de alguna manera, intentar aliviar la carga que todas llevan a sus espaldas. De todo ese peso eterno, nació su libro "Bolsillos en las piedras", donde nos cuenta historias como estas: "una vez hable con Virginia Wolf", o " recorrí las calles de la guerra con Gloria Fuertes, eran días de sol..."


Pilar

        Desde el otro lado de la pantalla, Pilar, con una delicada prosa, nos leyó "A la deriva", título de la odisea y la metamorfosis que sufre el tronco de un árbol, en el que nos cuenta cosas como ésta, "llegó a un hogar desgajado de su tierra". Los caprichosos átomos, que, en su día crearon el árbol, mutándose después en formas extrañas por los siglos de los siglos...


Joselyn Michelle Almeida

        Y llegó el momento de Joselyn, que hizo estremecer al silencio con su poema "Fuerza de Voluntad", con Gaza siempre en su memoria y dolor.

" El niño va a la escuela entre escombros".

"Los amigos ya no pueden jugar".

" La ciudad convertida en necrópolis". 

Terminó de leer, y un silencio viscoso, como de sangre derramada entre ruinas, pareció envolvernos a todos.


Tina

        Tina, siempre una caja de sorpresas, nos confesó:

"Hoy tengo uno de esos días nostálgicos".

"Ahora, sin reloj, me dedico a buscar eso que dicen que es la vida.

Cualquier día me la encuentro y nos vamos de vinos. Pero sin prisas".

El día que le dé a Tina por sacar todos sus escritos de los cajones, estoy seguro de que nos llenará de asombro y nos iremos a tomar unos vinos.


José León

        José León, el Maestro a quien todos escuchamos con admiración, tomó la palabra. Eros movía su lengua.

"Contigo", fue el título del soneto que nos leyó. Un terrenal y alado erotismo sobrevuela sus versos.

"Qué dulzura infinita es el volar

contigo dentro y fuera de tu piel,

lamer la cueva donde está tu miel":

Una delicia escucharte, amigo.


Cinta Rosa Guil

        Cinta nos obsequió con un poema muy suyo, de los que solo ella sabe hacer.

"Pizarra", lleva por título.

"Todo lo oscuro,

bien pudiera ser imagen

del barro, del lodo

que construye las estatuas..."

Cinta, siempre huyendo del gris, y a la busca de todos los colores del universo. Y es precisamente en ese arco iris, donde ella pone un sinfín de palabras revoltosas, lo que hace brillar a todos sus cuentos y poemas con una luz propia.


José María Herranz

        José María Herranz, a quien siempre escucho y he leído con placer nos recitó "Los nombres y las cosas".

"Cosas que llaman al engaño".

"No hay engaño, solo belleza".

Cuando leo algún poema de José María, siempre encuentro algo inefable en sus versos, y más aún oyéndole declamar.


Rocío

        Rocío, con su cuento "Últimas voluntades" puso el broche final cargado de humor. Desde que comenzó a leer no paramos de reír. 

"Con las cosas que yo tenía que hacer en esta vida"

"Malditas sean las ganas que tengo de morirme".

Un deslumbrante ingenio rebosa siempre en todos los cuentos de Rocío.


Ana Gonz

        Mi querida Ana Gonz leyó después. Siento no haber podido escucharte. Quedo en deuda contigo.


Cada tarde con el grupo de Rascaman, es un rato ganado a la vida y al optimismo.

Al salir de Fígaro, aún vemos las brasas de nuestras palabras chisporrotear por todos los rincones de la sala. Los restos de un fuego entrañable, que volveremos a encender otro miércoles cualquiera.



Manuel Sánchez

20 de mayo de 2026

miércoles, 17 de diciembre de 2025

10ª Jornada/XIX año: Miércoles, 10 de diciembre de 2025

Un gato que no maullaba...


 

1. Tina Iglesias:



En la última tertulia un hijo quiso colgar a su padre por los pies, un poema japonés nos habló de la nostalgia-versus-notsukazi, por otra parte un gato resultó ser un extraterrestre, sin desmerecer una rinoplastia inesperada, gracias a un golpe con mala leche y alevosía, luego llegó el agua cargada de decires, y por medio, un jamón de pata <clase A> que todo el mundo quería, y para más inri, alguien se hizo camarada de las hormigas, mientras una prosa ponía ojitos a Beethoven, vamos, lo normal en un miércoles de lluvia…


Tina Iglesias
14 de diciembre de 2025



2. Esther González de la Cera:



Mercurio y algunas musas se complacieron con los rascamanes el pasado día 10: León,   con   música   barroca,   recordó   las   hazañas   del Doré, y con Javier aprendimos conceptos japoneses tan hermosos como shoganai (aceptación). Alberto nos leyó un relato de pura magia sobre el presunto final de la adolescencia, y María Juristo, profunda y concisa, nos llevó al pasado que vuelve. Juan Antonio recitó un poema casi sinfónico buscando la colectividad, y el señor Raña nos hizo algo más que sonreír con “Rinoplastia”, de lenguaje vivo, grandes visiones del jamón ibérico y fútbol, que ya sabemos que no es lo que parece. Carlos nos deleitó como camarada sensible y magistral de las hormigas, y Cinta, entre el blanco y el negro, nos mostró la preferencia por “las espigas que curan”. Manuel   contribuyó   con   su   “Desde   el   olvido”, preguntándose “cómo se abriga un corazón”, y Juan Manuel rememoró a la madre de las flores de la luz. David jugó con el número 20 hasta sobrecogernos con un asesinato machista, y Chema nos recordó, con “la vida es circular”, que es preciso regresar para continuar lo iniciado. Y desde un lugar remoto, Carlos Ceballos contribuyó con la inmolación de los románticos (pero sólo era un principio...). También apareció un gato extraterreste, pero de ésos que se quedan un rato, y ya. Encima, no maullaba.


Esther González de la Cera
15 de diciembre de 2025


3. Manuel Sánchez:



Breve historia de una tarde accidentada


Llegué con algo de retraso a la tertulia, y al igual que siempre, allí estaban los saludos y las sonrisas fraternas de las entrañables tardes de los miércoles.


Comenzó José León, con su añoranza del cine Doré y las hazañas que allí presenció. También, con la música barroca y la mágica escenografía de "Brillant Soleil", nuestro amigo León, clamaba para que, con todo ese resplandor, su vieja herida fuera al fin restañada.


Javier, a continuación, con nostalgia, nos deleitó con un poema sobre el monte Fuji. Acostumbrados a sus versos profundos, en esta ocasión nos elevó hasta las nieves que coronan la cima del monte sagrado de Japón. Está visto que Javier, con su poesía, va escalando cumbres más altas cada día.


Alberto, a quien siempre tenemos que escuchar con atención, porque no es de repetir, y, además, porque sus cuentos entrañan inauditos sobresaltos. Con "Casimiro y el caballo", donde el niño quería ayudar a su papá con sus problemas, escuchamos que "había algo distinto en el aire", y ya lo creo que lo había. Con un aire premonitorio, Alberto nos anticipaba en su relato lo que estaba a punto de suceder en nuestra sosegada tertulia, porque, no recuerdo en qué momento, la presencia iracunda de Jesús irrumpió de pronto y se abalanzó como un tigre sobre su presa. Nuestro querido compañero Juan Antonio, soportó con entereza el ataque, y tras unos violentos vapuleos verbales, la fiera volvió a su terreno. No sé si los efectos tardíos de la Super luna de la noche del cuatro de diciembre (la más cercana a la tierra), debió ser la causa de semejante alteración en algunas personas, pero está claro que de alguna manera sí llegó a afectarnos. Puedo comprender el enfado de Jesús, pero me cuesta más trabajo entender su desproporcionada actitud. El motivo fue que, Juan Antonio, al parecer, no era la primera vez que dejaba reposar su consumición, muy cerca de un aparato musical que allí había.


María, nuestra querida compañera, nos dijo la más sobrecogedora de todas las verdades: "...y veo al despertar cómo el día camina hacia la nada". Y nada más cierto que sus palabras, para recordarnos cuál es nuestro destino. Siempre es un placer escucharte, María.


Juan Antonio, en su musical intervención, que llevaba por título "Alegría sinfónica novena", nos reclamaba que "restauremos amores y alegrías, y así, de esa manera se hará entonces la luz". Nada más bello y difícil, eso de restaurar el amor, pero nuestro compañero es un romántico, y más, si escribe bajo la influencia de tan sublimes melodías; qué le vamos a hacer.


Juan Bautista Raña hizo acto de presencia. Con su voz poderosa nos ofreció un relato titulado "Rinoplastia". Un título tan feo como la nariz que se le quedó a una de las jugadoras, tras recibir el impacto de un balonazo durante el partido de solteras contra casadas donde todas estaban más pendientes del jamón que vendría después que del balón. Cuando finalizó el relato, entendí el por qué del título. 


Y en esto llegó Carlos, con sus misteriosos e inquietantes versos. "Camarada de las hormigas", es el título del poema que nos leyó. "Me hice camarada de las hormigas, las que saben que me van a acompañar en el altar del sueño infinito, donde la luna nos exigirá nuestra interminable noche". Una tarde más, Carlos no defraudó. Se ha instalado en el misterio y en la noche, y ahí ha construido su hogar.


Esther, la compañera que me dejó el papel para anotar nuestras intervenciones, no recordaba si la cosa empezó con las clases de japonés o con los cafés en el bar. El caso es que se encontró con un extraño gato, que no bebía agua ni leche. ¿Qué íbamos a hacer con el gato? se preguntaban. Hasta por fin, el felino, atento y astuto dijo: ¡Sayonara, baby!


Tras despedirnos del gato, Cinta, con su desbordante fantasía, nos regaló su poema titulado "Pizarra". En él nos dice que esa pizarra, "bien pudiera ser metáfora del barro, del lodo que construye las estatuas". "Vete, gris, no quiero tu pizarra. He roto ya el cántaro feliz. Se derrama la embriaguez. la generosidad no tiene cura". Este final dio paso a una constructiva y animada polémica, en la que Cinta meditó cambiarlo por otro más poético.


Tras Cinta llegó mi turno. Yo pretendía leer algún pasaje de la odisea "Ninguno de los suyos", pero tras comunicarles la publicación de mi poemario "Desde El Olvido", Javier me sugirió que, mejor leyera alguno de los poemas de dicho libro. Abrí las páginas al azar y apareció el poema titulado "El Tiempo". En él describo las diferentes atmósferas que reinaron en los puntos cardinales de mi ser. Desde los soles del sur, a las brumas del norte... en fin, toda una metáfora sobre el clima que impera muy dentro de nosotros.


David, a quien le tocó intervenir tras de mí, como no tenía nada preparado, le vino de perlas la antología de los veinte años de Rascaman, que todos teníamos sobre la mesa. En dicho libro, David Lerma logra crear un texto tan dramático como lírico, que, junto a los versos de Neruda y con Linda de la mano, va poco a poco in crescendo hasta llegar al terrible final "Ella ya nunca sería de otro, como antes lo fue de los besos de su verdugo", nos dice poco antes de terminar su relato. Un derroche de ingenio y trabajo. Gracias, David.


Tras la lectura de David, Carlos y yo tuvimos que abandonar la tertulia, por lo que pido disculpas si no pude escuchar a Ana Gonz, Juan Manuel, Jose María, Celia, Omega, Carlos Ceballos, y también a Tina y Amelia, que tuvieron que marcharse apremiadas por la hora. Y como colofón, antes de irnos, Carlos se acordó de la gorra con la que vino a la tertulia y que no aparecía por ningún lado. Y así estuvimos un rato, buscando por todos los rincones, mientras a más de uno nos venía a la memoria aquella vieja canción que decía "la manguera dónde está, dónde está la escalera...", pero en este caso, era una gorra, y al fin apareció.



Manuel Sánchez

16 de diciembre de 2025



4. David Lerma:


Empieza la cuenta atrás, otro año que agoniza, muere el primer cuarto del siglo, qué vértigo, aunque nosotros seguimos vivos. Catorce, León nos recita su poema Azañas del Doré, pura nostalgia entre plano y secuencia, y nos trae los ecos del Brillant Soleil, pieza sacada de la ópera Las indias Galantes, a través de la lectura de un soneto. Trece, Javier nos traslada al Lejano Oriente subidos a la nave de sus poemas japoneses, las hélices son las palabras Natsukashii (Nostalgia) y Kotodama (El alma de las palabras). Doce, Alberto nos relata la historia de Casemiro Caballo, su silencioso y soterrado y tal vez liberador deseo de asesinar al padre. Once, María Juristo nos regala los versos de dos poemas, entre ellos uno que hermosamente afirma “La manos que germinan soledades”. Diez, Juan Antonio vuelve a inundar de música la sala del Fígaro, gracias a sus referencias a la Sinfonía Novena. Nueve, Juan Bautista Raña nos narra un partido entre casadas y solteras, y dice aquello del quien no sepa jugar que se ponga de portera o delantera, que tan de pronto nos devuelve a nuestra niñez. Ocho, Carlos Castro nos lee el poema La mirada duplicada, en el que se declara rendido camarada de las hormigas. Siete, Esther González nos cuenta la peripecia del gato extraterrestre, en el seno de una familia estructurada en la que, por no faltar, no falta ni el tonto del bote de un cuñado. Seis, Cinta nos obsequia su poema Pizarra, para proclamar que la generosidad no tiene límites. Cinco, Manuel Sánchez nos presenta su poemario recién publicado Desde el olvido. Cuatro, David lee su relato 20 de junio, incluido en la antología colectiva Veinte años de la Tertulia Rascamán. Tres, de la antología es también el poema del mismo título que nos recita José María Herranz, y que dice cosas tan esclarecedoras como “buscamos la belleza en la escritura, como el minero el oro o los diamantes, para poder fulgir en el asombro”. Dos, Juan Manuel nos emociona a todos con un poema dedicado a su madre. Uno, Carlos Ceballos cierra la sesión con unos versos entre los que se cuela la versión jazzística del éxito inmortal de U2 But I still haven´t found what I´m looking for, interpretada por Eva Fernández. Así no llegamos a cero, porque en realidad Rascamán no termina nunca, y su cero es y será un trescientos sesenta y cinco, como inicio de un año literario, poético y narrativo, que nacerá repleto de retos y aprendizajes. ¡Empieza la nueva cuenta atrás!

David Lerma Martínez
16 de diciembre de 2025

viernes, 28 de marzo de 2025

22ª Jornada/XVIII año: Miércoles, 19 de marzo de 2025


Las delicatessen de Rascamán



La tarde comenzó con un plato típico madrileño, con olor a fritura y casquería, de esos que se degustaron en aquel Madrid de los años cincuenta y que muy pocos recuerdan ya. Un menú rescatado gracias a la fotografía de Javier, nuestro chef principal y encargado de los fogones; un guiso de cabra que requiere una buena dosis de sal agitanada y que Rocío nos ofreció con todos sus ingredientes.

        Tras degustar tan sabroso plato, siempre nos quedamos con ganas de más; es lo que pasa con los cuentos de Rocío.


        A continuación, Javier se encargó de buscar el maridaje perfecto con un vino y un poema de altura, ideal para saborearlo con el castizo menú que Rocío nos ofreció. Después, Javier, nuestro exquisito chef, nos sorprendió a todos con un plato muy humilde, hecho con raíces. De sus dotes como gourmet de las palabras y de su pericia para aderezarlo, consiguió que aquel menú tan primitivo adquiriera un sabor delicioso. No doy más detalles, pues Javier no quiere que se desvele el secreto de sus platos. 


El siguiente compañero en invitarnos a su mesa fue José Antonio. De su cocina tan rica y variada, nos ofreció un primer plato con sabor existencialista:


“Desde el principio lo sabíamos

lo de la vida, es una casualidad hermosa.

Nos tocó ser, frente a ser nada.


Y nos besamos,

para también sabernos 

a saliva y a existencia. 


Es nuestro rato, y en él estamos.

Dame amor, si te apetece.


Ponme otro hielo en el cubata”.


De segundo plato, José Antonio nos ofreció un poema muy salado, socarrón y salpicado de rima y expresiones de antaño, y con ese sabor a optimismo, con que él adereza siempre sus recetas. Debido a lo extenso y generoso del plato, solo rescataré unos pequeños bocados. 


“Te contaré qué pasó

aquella tarde tan fría

en el coche cuando yo volvía…


La culpa fue del zapato

que el lustre yo le restaba

cuando en el campo meaba

y tardaba mucho rato

el chorrito timorato

en la tierra aterrizar

salpicando a lo de andar

mi santa así me dijo:

que te arreglen ese pito

que eso es na, ya lo verás

Acercome con el coche

 a la consulta mundana

que tres días a la semana

atiende el probo doctor


Y para curarme lo pocho

el doctor un buen cristiano

sujetome con la mano

la causa de mi pudor…


Puedo decir y así digo

que en cuanto pueda me voy

a una playa a las Seis Leches

aunque un galgo me eche

y a olvidar la situación

que quede en un pisotón

de la vida y ¡Que aproveche!” 


Y ya lo creo que aprovechamos su plato; 

con unas migas lo rebañamos 

hasta sacarle brillo, 

y además, sin un solo flato.


Tras José Antonio, le llegó el turno a un laureado y afamado chef, Juan Calderón. En esta ocasión, nos invitó a un menú de un futuro apocalíptico:  

“XX22M9D15” Sí, este es el nombre del plato, terrible. El ser humano convertido en una cobaya. Y por supuesto, la tan temida hecatombe nuclear ya se ha producido.


“Yo soy el hombre que va siguiendo el aro del ayer”.

“Soy el experimento XX22M9D15”, nos decía con voz de ultratumba el sobreviviente engendro. 

Fue un plato innovador y arriesgado, difícil de digerir, muy alejado de la cocina a la que él nos tiene acostumbrados.


Y en  estas apareció Juan Bautista Raña, liberándonos del escalofrío del cuento anterior, e invitándonos a un plato cargado de erotismo y que él cocina como nadie, titulado: “Instinto”, y del que pude rescatar algunas frases.


“Incómoda de sentirse desnuda

tocándose despacio los pechos

tocándose su pubis

acabó llorando…

Había estado casada

Su nombre, "Sor María”.


Una monja que se mansturba, (apostaría que no es la única) y que  Raña nos lo cuenta con su habitual y brillante elocuencia, haciéndonos partícipes de los excitantes instintos de la religiosa. 

Tras degustar este sabroso cuento, hubo comentarios. Le dicen a Raña, que no es el pubis, lo que una mujer se acaricia en esos momentos. Aparte de eso, Raña siempre suscita comentarios elogiosos en todo lo que nos lee. 


Desde Valencia, nuestra joven compañera Omega, nos invitó a probar un plato fuerte, de esos que necesitan una lenta digestión, como es el matrimonio infantil y el abrupto desmoranamiento de ese paraíso que nunca más recuperaremos. Su  título, tan acertado como estremecedor: “Guillotina de juguetes”.


“Dolor de pérdida de juego

la libertad corta en tus labios.

En la caída de la niñez

luces, halos de felicidad y esperanza…

para al fin ser aplastada en sueños hediondos”.  


Cuando Omega terminó de leer, entre los rascamanes había dudas sobre cómo describir aquel plato, si poético o narrativo, pero en el fondo algo más fuerte nos golpeaba por dentro. 


Carlos Ceballos, que nos observaba a través de una pantalla, y a quien pido disculpas de antemano por no haber entendido cuál era el significado de aquello que nos leyó, fue el siguiente en intervenir. Entre el sonido del ordenador y mis oídos, duros como la piedra, alcancé a escuchar muy poco.  Me pareció un plato extraño, como su título, “Arroz para los reclamos”. Ya sabemos que hay muchas maneras de cocinar el arroz, y Carlos nos propuso una muy vanguardista, y que yo, desgraciadamente no alcancé a saborear, por las razones indicadas más arriba. Lo que sí me pareció oírle decir, es que él era raro, pero ya sabemos que por lo general, eso no tiene nada de malo, sino todo lo contrario. A vuelapluma, conseguí entender muy pocas frases. 


“Los jóvenes haciendo botellón

Alguien acaricia el pájaro dormido

Diferencia entre una vida dura y otra con balancín”. 


Tras su intervención, se originó un pequeño debate sobre la palabra “computadora”, incluída en la lectura. No gustaba esa expresión, por lo que le sugirieron cambiarla por “pantalla”.  Antes de despedirse, Carlos nos prometió venir un día a la tertulia. Será un placer saludarte.  


Mi amigo Carlos Castro, en su segunda visita a la tertulia de Rascamán, esperaba paciente su turno. Javier, nuestro Boss, se ofreció a servirnos el potente menú de dos platos que Carlos Castro nos había preparado.  De su primer poema, titulado, “El Bosque de las muletas”, donde sus versos deliran entre frenéticos espasmos, rescataré solo unas pocas imágenes y la estrofa final. 


“El aquelarre de las niñas se oye

entre los árboles asustados…


Pálida y bella como una taumaturga azteca,

como el acuarelado atardecer de un lienzo imposible… 


Ahora ya no somos la lluvia del alba,

ni las aristofanescas risas de los zorros de la noche.

Ahora vivimos para morir abrazados

y huelo tu cabello lleno de continentes

y de hambre de guerra,

y las niñas brujas lloran por nosotros

mientras preparan el siguiente aquelarre, en el bosque de las muletas”.


De su segundo poema, compuesto de ocho estrofas, titulado, “La mujer en sombras”, citaré tan solo tres de ellas.


“En la penumbra otoñal del bosque

donde la luz sufre de tristeza

vive la mujer en sombras

entre árboles de fría corteza.


Giran las ruedas del crepúsculo

rota el viento en su sueño

vira el alma hacia las cruces

¡Quién fuera de su dolor el dueño!


Hasta aquí llega mi ayuda

cada vez te alejas más de mi locura

¿Pero quién está más loco?

¿Yo o tu escondida hermosura?”


Tras finalizar la lectura, se formó un interesante debate sobre su poesía. Creo que cada poema de Carlos esconde un misterio que solo él puede desvelar. Versos enigmáticos, que nos atenazan al leerlos. Imágenes desoladas y despojadas de toda ternura, que nos golpean y conmueven. Un menú, el de Carlos Castro, que pienso que nos dejó a todos satisfechos. 


Y de repente, desde las sombras de Carlos, en solo unos instantes fuimos transportados hasta la compañera que portaba la luz, Celia Cañadas; sí, porque para quien no lo sepa, ella es la dueña de “La Fábrica de Luz”, nombre con el que bautizó su último poemario. Poeta laureada y brillante, e hija de otro querido y admirado poeta, Aureliano Cañadas. Aquí os dejo su “Elegía Áurea”, escrito en honor a su padre, cuyo faro seguirá iluminando a Celia gran parte del camino.

 

“ Los héroes mueren de mil maneras antes de la muerte; los cobardes prueban la muerte de una sola vez”.

 John Milton (El Paraíso Perdido)


Elegía Áurea


“No te desgasta la muerte:

subraya apenas la luz

tus versos fulmíneos,

precisos como un tajo.

No lloraré la ausencia 

de tu cuerpo, pues estás

en todo lo que florece,

palpita o aletea.

Porque no acataste más 

norma que la ardiente vida,

quiero hoy cantar la tuya.

Hoy descifrarías en las 

abultadas yemas de prunos

la promesa final

del más cruel invierno.

O la aridez de la Alcarria,

agradecerías al aire

la bendición de la lluvia.

Tú que imaginabas bien

el color de la eternidad,

como a los héroes, la

despedida te engrandece”.


Gracias, Celia.

  

Si ya Juan Calderón nos había traído un apocalíptico menú, Carmen Padín se presentó con un plato del presente, y no menos aterrador; áspero, pero sabroso en su desmedida infernal. 

¡Noventa y cinco millones de automóviles fabricados en 2024! Si esto no es la puerta de entrada al infierno, ¡decidme qué es!

Desde su visión artística, me pregunto cómo ilustraría ella semejante pandemonium.  Me muero por verlo.

En esta intervención, al igual que en la de otro compañero, lamento no haber podido rescatar más frases. Ya lo dije antes, y la culpa no era de la cabra, sino del sonido del ordenador durante su intervención virtual y la “agudeza de mis oídos”. 


“Punto cero”


¿Cómo escapar de un atasco?

Cada retrovisor

multiplicado al infinito.

                                   Las 7.40h de la mañana y detenida en un atasco en la M 30


¿Estamos en un punto cero? Se pregunta Carmen al final.


Otro menú difícil de digerir, y del que no faltó algún comentario al acabar. Recuerdo que Javier planteó la “teoría del último coche”, algo pavoroso.


Estaba claro que la tarde era propicia a las más extravagantes delicatessen, pues en Rascamán se dan cita chefs de cierto prestigio, y algunos más reconocidos. Aunque la especialidad son las palabras, aquí también hay escultores, profesoras, ilustradoras, artistas, traductoras y otras variadas profesiones. Todas y todos, de alguna manera, unidos por el amor a las letras. 


Y como la tarde estaba abierta a los menús más insólitos, Juan Antonio nos trajo un plato que ya nos hizo probar la semana anterior, y que debido a las críticas de los comensales, él había cocinado de nuevo. Supongo que habría cambiado algunas especias, o el punto de cocción. No sé por qué, pero el sabor nos seguía pareciendo extraño. Quiero pensar que tal vez la edad de la protagonista, (tan solo cinco años) era la causa; eso, y los celos que la niña sentía por su madre.


“Con cinco años ya estaba enamorada de mi padre…

Al fin me desperté y era mi madre…”


Creo recordar que la palabra “almohada” también figuraba entre el corto párrafo que nos presentó Juan Antonio. 

Semejante asunto, al igual que la vez anterior, provocó un encendido debate. Si nos atenemos a las teorías de Freud, tal vez Juan Antonio tenga razón; otra cuestión es la manera de interpretar este tema tan controvertido. Entre otras críticas, Javier  le aconsejó que suprimiera la palabra “almohada”, pues bastante miga tenía ya el asunto, como para añadirle más sal o pimienta. Como tenía a Freud de su parte, Juan Antonio, nuestro estimado compañero, se defendía tenazmente, y no se rendía en su empeño porque comprendiéramos sus razones. Al final, creo entender que nos prometió darle otra vuelta a su trabajo y volver a presentarnos el mismo plato, supongo que elaborado de otra manera. Pues que así sea, amigo. 


Ana Gonz nos trajo un plato muy bien condimentado, suave, y aderezado, con la justa medida de nostalgia y con ese sabor de antaño, cuando la vida era diferente, y hasta disponíamos de tiempo para tumbarnos a la sombra de un árbol. Y si trataba de seducirnos, he de decir que lo consiguió. Su título: “Naranjas y manzanas”, del que logré rescatar algunos versos


“Las tomaba contigo.


Los padres me dejaron sola

con las sombras.


Los busco desde entonces

en un vaso de aguardiente.


Después de haber conquistado la ternura

sigo vertiendo lágrimas sobre

la rama de aquel manzano. 


Todo eso le enseñaron sus padres´

y también un cura”.


Para Ana, volver a recordar aquellos fragmentos del pasado, como ella nos dice, fue toda una explosión de emociones. 


En su intervención, José María Garrido nos conmovió a todos con su grito de rebeldía.


“No quiero caminar,

y me detengo,

me sobrecojo.


Sé cuál es el fin

de todos los caminos.


Grito a ese Dios

que no me escucha,

porque no quiero

que se haga su voluntad”.


Demoledor el final. Probablemente el plato más fuerte que probamos esta tarde.


Y por fin apareció Cinta, liviana y ligera de equipaje; no lo necesita, su fantasía no cabe ni en los más voluminosos baúles. Dentro de ella, desde algún oculto manantial, manan cuentos y versos sinfín. La delicatessen que nos trajo Cinta en esta ocasión, narra la desdichada historia de una alfarera que, mientras se encargaba de modelar con el barro y dotar de vida a cientos de recipientes hogareños, su propia existencia se consumía en una espiral de violencia. Su título: “La vasija”. 


“Ella bajaba todos los amaneceres a buscar el barro rojo, a la orilla de ese río que bramaba…


Su capacho de esparto goteaba al llegar a la puerta de su choza…

Al lado de la ventana que permitía ver la salida del sol, se encontraba el torno, en el que trabajaba desde siendo casi una niña…

Se lavó las manos, comió un poco de queso y unas nueces, sorbió un poco de leche que se calentaba sobre las piedras del hogar…


Se ajustó el delantal de cuero, ocultó su cabello pajizo bajo un pañuelo azul oscuro. Amasó el barro que sacó del capacho….


Las tazas como calabazas, las fuentes como manzanas, en cuyos bordes ella había esculpido hojas en relieve. Botijos con cerezas cóncavas en medio de sus panzas. los candiles como peras pequeñas…


Llegaba el sol y sus rayos, que hasta entonces se habían escondido entre la espesura verde, como dedos luminosos, se colaron por la puerta abierta…


Ella, como si esa luz la llamara, abandonó su asiento. Los árboles parecieron enmudecer…


Al caer la tarde, casi noche ya, el horno seguía despidiendo el calor de sus brasas…


Ella volvió a su choza cercana. Y al desprenderse de su áspera túnica, en su brazo izquierdo aparecieron, grabadas en la piel, cicatrices hondas, con huellas de cuchillo, el ojo, el agua y el castillo.

En su memoria apareció de nuevo, el ruido del galope que se alejaba por el sendero que, atravesando el bosque, llegaba hasta la fortaleza.


Los años pasados no lograron borrarlo”.


Un cuento de puertas abiertas, a la espera de que cada oyente, pase al torno de la alfarera y, allí, junto al torno y las brasas del hogar, ponga su propio final. 


Me olvidaba de mi intervención, que seguí dando la turra con mi novela, “Ninguno de los suyos”. Aquí os dejo algún pasaje, donde se produce el secuestro de Asad en las carreteras de Libia, por parte de unos yihadistas.


“Una voz áspera, como el graznido de un cuervo, rasgó la calma de la noche y arañó los oídos de los sorprendidos viajeros. ¡Allahu Akbar! fueron las primeras palabras de uno de aquellos intrusos”.


“En medio de un tenso silencio, ojos llenos de desconcierto y espanto, contemplaban pasar a los dos hombres por el pasillo. Con sus fusiles de frente y mirada amenazante, aquellos dos individuos surgidos de las tinieblas de la noche, o del mismísimo averno, escrutaban uno a uno a todos los pasajeros…” 


La próxima semana continuaré con esta odisea, vivida por Ashia y su hijo Asad, como la sufren miles y miles de inmigrantes en un mundo echado a perder. 

Siento haberos ofrecido este agrio menú.  



Manuel Sánchez Vázquez

23 de marzo de 2025