| Pasteis de Belén y tomates... |
1. Celia Cañadas:
El mundo se divide entre los que tienen sueños y los que, habiendo cumplido algunos, pareciera que despertamos al desconcierto. Este nace en el corazón de la ciudad, se multiplica en la repetición de franquicias y hoteles. Y más hoteles y franquicias, a cuál más absurda. De ellas, la que me duele más es la de una supuesta fábrica de pasteles de nata. Pero si mi abuelo materno, que vivía en Lisboa, para comprarlos tenía que ir a Belém, ¿qué fraude es este?
Afortunadamente, por la palabra llega la salvación, la que restablece el orden natural de las cosas. El nuevo poemario de Javier y Piluca inaugura la sesión de novedades y a este sí, ¡qué ganas de hincarle el diente! El poemario de Esther me lleva al que le dediqué a Virginia Woolf hace ya unos años y me invita a seguir leyendo. Joselyn M. Almeida me recuerda lo afortunada que soy cuando mis alumnos, esos que no callan, únicamente deben decidir si van en patinete o andando al instituto, si traen o no la tarea, pero nunca si se juegan la vida por ello.
León ruge, ruge alto y claro, indomable, con dos poemas amorosos. Rocío y su terrenito ponen la nota humorística a la velada. Le quita hierro al asunto. A mí me han asignado —por méritos literarios, tengo que reconocer— otro en el que crecerán pronto tomates y habitas tiernas, al lado de mi casa. No, no escribo; me basta escucharos para reconocer como propio este remanso en medio de la vorágine.
Celia Cañadas.
14 de mayo de 2026
2. Javier Díaz Gil:
Este trece de mayo se reunieron un buen puñado de rascamanes en el Fígaro. Con cada intervención sentí que íbamos aportando palabras a un diccionaro imaginario de la Tertulia. De la lectura de Carmen Padín tomé la palabra ombligo. De Juan Calderón elegí almíbar. De Celia, aunque no leyó, anoté la palabra luna.
Con letras mayúsculas apunté soledumbre de un poema leído por María Juristo. De José Antonio, más matemático y poeta esta vez, apunté dos palabras por ir unidas: números complejos. De mi propia intervención, escribí en mi lista un número que es una fecha, 2030.
Juan B. Raña leyó un relato y de ahí saqué amanecer. David leyó un breve ensayo y le tomé prestada la palabra sueños, así en plural. Esther de la Cera acaba de publicar un poemario magnífico. Apunto la palabra piedras. Parte de su título.
Pilar Pedraza desde la ventana del zoom lee un relato y me apunto estantería. Joselyn lee un poema sobre Palestina, recojo en mi libreta la palabra necrópolis. De Chelo y de su poema me llevo prisas. León tiene en sus poemas aires erótico festivos, tengo que apuntar no una palabra, sino tres, caramelo de limón. De Cinta no tengo duda, del poema que nos lee anoto pizarra.
De Manuel y de su novela con Ashya y Hassad recojo la expresión límpida. José María Herranz lee un poema y atrapo la palabra engaño. Rocío nos hace sonreir con su relato y me apunto dos palabra en lugar de una: alifafes y romadizo. Anagonz cierra las lecturas y deja caer la última palabra que yo recojo, pupilas.
Hago recuento de la cosecha: ombligo, almíbar, luna, soledumbre, números complejos, 2030, amanecer, sueños, piedras, estantería, necrópolis, prisas, caramelo de limón, pizarra, límpida, engaño, alifafes/romadizo, pupilas.
Se me ocurre que sería curioso hacer un juego. Asociar las palabras a sus autores sin saber quiénes las dijeron. ¿Cuántas acertaríamos?

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