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martes, 22 de enero de 2013

18ª Jornada/VI año: Miércoles, 16 de enero de 2013

Niño misionero, religión Yoruba, La Habana

SORTILEGIOS PARA EL AÑO 13


El pueblo Rascamán andaba de capa caída. Una mala racha de salud y defunciones castigaba a sus sufridos habitantes a principios de aquel año 13. La Poesía y los Relatos apenas servían de acicate. Para más inri, el jefe, Javier, andaba en el extranjero. En la calle, llovía. León lanzó unas palabras de ánimo al comenzar la asamblea: "Somos pocos, pero bien avenidos", aseguró.

Cinta sonreía. Traía un libro de Alejo Carpentier, Ecue Yamba O, donde Menegildo cuenta cómo veía las cosas de pequeño. ¡Vaya con el niño! ¡Qué jodido! ¡Qué fabuloso mundo de bibijagüas, estatuillas y tacitas blancas. ¡Quién fuera un niño afrocubano!

Paloma Hidalgo trajo microrrelatos: Cuando el amor es cosa de tres, una fusión de autor, lector y personajes. Yo le di las llaves, un accidente con la vecina y sus secuelas profundas. El amor escribe la historia, de referencias a Herodes y a la limpieza de manos.

La reunión transcurría dentro de los cauces normales.

Rocío Díaz tomó la palabra. “Excrementos”, se titula el relato, dijo. Nos miró a ver la cara qué poníamos. La asamblea respetó la creatividad de la artista. “Las palomas que defecan en mi patio han venido a quejarse...” Incógnitas. Suspense. Y finalmente, risas, confraternidad con los pájaros urbanos y los búhos de piedra.

Habló Aureliano Cañadas. ¡Vaya, la mala racha! Aureliano tiene cita en el quirófano. Suerte, compañero. “Nos queremos”, repitió varias veces, para que el mensaje calara. Y recitó el poema “Mira Eva, no te avergüences…”, de su premiado libro, Diamantinamente. Qué pícaro.

En estas, León volvió a inyectar energía. “Os recomiendo encarecidamente la película “El molino y la cruz”, en los cines Verdi.”

María Antonia se encuentra en plena búsqueda, y en plena búsqueda se encuentra. Perdón por el juego de palabras. “Busco y encuentro la noche” es una opción sin dolor. Nos pide que, de una vez por todas, la valoremos justamente. Bromea y se deja fluir. Carlos Ya, a modo de piropo, atisba un enano en el poema.

Carlos Yasabe toma la palabra. Cita a García Márquez: “Si la mierda valiera algo los pobres nacerían sin culo”. La afición se divide. Entonces se lanza sin parapente a por un poema antiguo. “Porque a la vida se le ha retirado la leche”. ¿Lectura melancólica, acaso?, apunta alguien. Es lo que tienen las cosas del pasado, mucha historia. Fortunata y Galdós asoman por el Ruiz.

Llega la hora de León. Nos da a elegir entre un “soneto blasfemo o un cuento de horror”. Susto o muerte. La afición no tiene dudas: los dos. El soneto resulta elevado, un agradecimiento al dios fugitivo y al gozo de la diosa. El relato, “El rubí de los siete anillos” arranca con maestría por el misterio de la época victoriana. León se detiene en seco. Eso es todo por el momento, amigos.

Alberto Torres nos lee una carta de Federico García Lorca a su familia, de cuando llevaba un mes en Nueva York. Las cosas de Federico, tal como eran, sin que nadie las interprete.

Ana González, picante ella misma, nos trae “Picante” para leer. Saludo a los ochenta. Me pica, luego existo. También nos trae “Pecado”, retazos de una vida difícil, una juventud difícil, una madre difícil. En fin.

Carmen Frontera vino con una parodia muy de Carmen, como es lógico, que empieza en un país cerca de Antenanarivo, por la zona de Medagascar. Príncipes y reinas que deambulan por el Carobe. Exuberante cuento de hadas.

Leo Varela se arrancó en verso: “Libre fuiste Marcela entre pluma y quimera…” Dedicó un poema a Madrid y otro a Barcelona. Por último nos obsequió frases ingeniosas. “A los postres corazón caliente al dente.”

Carlos Ya andaba con ganas y nos trajo otro poema: “Asco”. De la época en la que estuvo en Guinea. Dedicado a los jefes blancos.

Y nos fuimos.  

Alberto Torres
22 de enero de 2013

domingo, 20 de enero de 2013

17ª Jornada/VI año: Miércoles, 9 de enero de 2013



DITÁCORA, del día de la D.

En origen, pensé en ceñirme al mundo marinero para dejar constancia de lo sucedido en el Ruiz, pero las palabras, más exactamente las letras, demostraron una vez más que con sus caprichos, ordenan y mandan.

Días D, por desgracia para la humanidad ya hemos tenido; días de la D no he encontrado ninguno digno de destacar, por eso decido dejar documentación de dicho desatino.

María Antonia, Rocío, Los Juanes –Antonio y Manuel- Federico, Amparo, AURE, Javier, María, Leo, León, Ana, Carmen, Alma, Alberto, María Jesús y las dos Palomas, dotamos de dicharachera charla el declive de la tarde del miércoles. Y entre lecturas y dádivas anónimas (el amigo invisible) dejamos que la noche, dócil, desafiase una vez más al día a un duelo ganado de antemano.

Ding Dong, de campanilla en manos de Javier, y Rocío presta su voz al DESEO de María Antonia, un deseo depredador desenfrenado, derrochador de erotismo. Deberes quedan pendientes de desarrollo sobre el tema.

Detrás, Juan Manuel y su poema DESHAUCIADA, dejan deliberadamente que el dolor del vacío se adueñe del discurrir de la tarde.

Juan Manuel y su DESPEDIDA, un microrrelato denso, difícil, desafiante de la muerte, desfilan a continuación ante nosotros, público desmenuzador de sus ideas.

Federico y su DEVOTA, esa declaración detenida en la penumbra delicada de la fe, de sombra apercibida.  Dante, Dalí y Dumas se habrían sentido felices.

No pude resistir la tentación, DEL CUATRO AL CERO se sumó a la deriva de las otras des que ya flotaban en el aire dulce del café.

Amparo leyó un poema de Cavafis, EL DIOS ABANDONA A ANTONIO, difuminado histórico lleno de donaire y delicadeza.

AURE disparó su IOSU, dejándonos degustar notas de Amalia Rodríguez y pinceladas de literatura digna.

El diecisiete, como no podía ser menos, fue uno de los números de la suerte; el cuatro, que empieza con la c, vecina de la d, fue el otro. De su mano las dos novelas  ofrecidas por Iñaki Túrnez se dirigieron a las de las afortunadas María y Leo, dos sonrientes damas que disfrutaron de la ocasión. Y a continuación, el reparto de dádivas (vale, es una forma un tanto rebuscada de llamar al Amigo Invisible, pero así, puedo seguir dándole alas a la D).

Diversidad de dones: bolígrafos solidarios o no, libros, cuadernillos, libretas, cajas de cerillas que esconden lapiceritos,  grapadoras, cajas, cigarrillos de chocolate, lamparillas de lectura,  barcos, corazones, portaminas…De la sesión fotográfica que demuestra la veracidad de lo dicho se encargó la diligente Rocío.

María recitó dos poemas SATÁN y ARMONÍA, contrapunto el uno del otro: desgarrador el primero, deslumbrante juego de luces el segundo.

Leo descubrió a Danubio Torres Fierro, dijo entre otras cosas que la historia y la poesía no están divorciadas, circunstancia estupenda en el día de la D.

León, de su libro La inteligencia azul de los delfines, nos deleitó con un relato cargado de poesía, nada desacostumbrado entre sus dúctiles letras.

Diderot, Delacroix y Degas también habría sido felices escuchándole.

Carmen leyó DESTITULADO, un microrrelato muy bueno, de los que da que pensar, dentro de un realismo mágico demoledor.

Alma propone hacer de vez en cuando debates, deliberaciones debidamente defendidas sobre diferentes diatribas.

Alberto, enfrascado en su novela, deja para otro momento su lectura, pero lee con delectación el texto de María Jesús  OSCURIDAD A DOS VOCES y junto a Paloma S, otra declamante de demostradas dotes, nos sumergimos entre paraguas, sangre y tierra en las fosas comunes.

Ditácora terminada, divertimento servido, dedicado a mis divinos contertulios.



Paloma Hidalgo
10 de enero de 2013

jueves, 3 de enero de 2013

16ª Jornada/VI año: Miércoles, 2 de enero de 2013


Tertulia de Año Nuevo y novedades...


El año nuevo trajo novedades a la Tertulia Rascamán. Este reportero pudo comprobar que al fondo del local se situó un disc jockey que para cada lectura y muy acertadamente colocaba de fondo la música apropiada o un efecto de sonido.

Los rascamanes quisieron hacer más alegre este principio de 2013 alternando sus lecturas con anécdotas. Anécdotas e incluso algún que otro chiste. Pero no adelantemos acontecimientos.

Acostumbrado a escribir reportajes de eventos deportivos (acaban de pasarme de Deportes a Cultura en el periódico) y de asistir a las monótonas declaraciones de los jugadores tras los partidos (donde cambia el equipo, el campo y el interlocutor, pero las respuestas siempre las mismas e intercambiables) me sorprenden las conversaciones de los tertulianos y sus distintos registros.

Si esto fuera un partido, mi crónica empezaría diciendo: “ Y saltan al terreno de juego Aure, Mª Juristo, Javier, Amparo, Leo, Alma, Rocío, Ana Delgado, León, José Mª Herranz, Paloma Sánchez y Vicente…”. Pero yo también tengo que cambiar de registro.

Doce jugadores, que para un 2 de enero no está nada mal. Un plantilla de lujo.

(Todo esto que escribo no dejan de ser notas para el reportaje… tendré que repasar con cuidado mis expresiones… que no se me note mi reciente pasado periodístico).

De Navidades y niños pequeños, de jubilaciones y trabajo, del libro que acaban de premiar a Aureliano Cañadas, “Diamantinamente”, en Navarra.

De estos temas hablan mientras terminan de llegar los compañeros a la cancha del Ruiz.

Aureliano ha traído algunos ejemplares y uno de ellos rodará por el césped, un ejemplar volante, para que se lea y se ceda su posesión la semana siguiente a otro de los tertulianos.

Doce libros, anoto, lleva ya publicados el poeta Cañadas.

Toma la palabra Aure y dice que el título surge de unos de los poemas del libro, dedicado a los perros.

Muy acertadamente, desde el banquillo, el técnico pone de fondo el sonido de unos perros ladrando. Los va mezclando con otros, como de roce de alas mientras lee “El ángel idiota” y termina con un sonido de metal cuando el autor controlando el libro con la mano derecha lee “El laberinto”: Nunca supe escapar del laberinto…”

Cede el testigo de esta carrera a María Juristo. Lee, pisando el balón y mirando fijamente a sus compañeros, un microrrelato: “Descubrimiento”. No logro adivinar a qué responde la música de fondo que escucho.

Esta sí, música francesa y silbidos metálicos. Esta vez lee Javier un poema titulado “La cuchilla oblicua”, que dedica a Valle Inclán.

Da pie a que la conversación divague en torno a la revolución francesa, a las expresiones de los rostros de los guillotinados aún con vida, a los espasmos de los cuerpos.

Alguien, desde una esquina de la mesa pide el balón, pide que cambie de banda el juego, y que se cuente un chiste para olvidar tanta sangre.

Amparo, que callada asiste a la conversación, inicia una jugadas desde atrás y la culmina silenciando a la grada con un soneto en alejandrinos blancos: “Princeps tenebrarum”. Muy oportuno el técnico, pincha a los Rolling Stones, sus satánicas majestades.

El silencio de la grada la aprovecha Leo para introducir una jugada de estrategia. Toma un libro de Stendhal con su mano derecha y con la izquierda, abriendo por una página al azar lee un pasaje de “La cartuja de Parma”. El control es total. Vuelve a repetir la jugada tomando el libro por su primera página y lee el inicio de la biografía del autor.

No recuerdo que hubiera música para ilustrar esta lectura. Sí compruebo después que se ha pedido un cambio. Desde la línea de fondo el técnico de sonido calienta y nos sorprende con una música lenta, constante, más dulce.

Se detiene el juego un instante. León aprovecha para aconsejar una película a los compañeros, “Los Miserables”. “Casi lloré”, declara.

Alma ha traído un libro de Salvador Espriú. La “Antología lírica” de la editorial Cátedra. Lee a petición de los compañeros dos canciones, primero en catalán y luego en castellano. “Canción de la muerte callada” y el poema nº 7 del poemario “Del final del laberinto”.

Parece insistente el rumor que corre entre los medios de que hay una Tertulia de Barcelona interesada en fichar a Alma. Desconocemos su cláusula de rescisión. Debe ser alta porque ella más de una vez, en declaraciones a la prensa, ha insistido en que no se va del club actual.

No sé si esto es habitual en una Tertulia Literaria. Soy nuevo en Cultura, ya lo dije antes, pero de repente cuentan seguidos tres o cuatros chistes. Que si uno de andaluces sobre la “poesía” y el “poema”, que si el del susceptible, que si uno de una orgía…

Me tengo que frotar los ojos porque incluso la música de fondo ha vuelto a desaparecer.

No me he debido despertar bien porque escucho otro chiste desde el fondo sur que empieza con la pregunta “¿A usted le gusta la pintura?”.

Tengo la boca seca, pido una cerveza, me la bebo casi de un trago.
Ahora me siento mejor.

Ana Delgado deja al público boquiabierto. Dos poemas: “Soy ese extraño y viejo conocido…” y ”Mi tercer novio…”

Le roba la pelota Mª Juristo e inicia una carrera por su banda, Una jugada ensayada en forma de relato que recuerda lo leído por Ana: “Caleidoscopio”.

Es turno de los jugadores que están más frescos, los que acaban de saltar al campo. José María lee “No quiero saber”. Paloma Sánchez y Vicente no traen lectura pero inician una conversación al primer toque sobre el teatro contrafigurativo y el dramaturgo Sánchez Sinisterra, el lenguaje, las personas bilingües y su relación con las zonas del cerebro…

Pide María Juristo retirarse del terreno de juego y antes de que vuelva a los vestuarios Leo pide que esperen todos un momento y sortea una pieza, una escultura de bronce hecha por ella, un lector engarzado en un marcapáginas. Aplaude la grada.

La afortunada es Rocío que aunque no ha leído, ha participado activamente en todas las jugadas de la tarde y ha dado pases magistrales. Y el número mágico, con el que ha adivinado su premio, el 10, el mítico dorsal de Maradona.

La última jugada, igual que en un penalti decisivo, es del maestro Aureliano. Remata la tarde con el lanzamiento de un poema largo de su libro “Diamantinamente”. Es una lectura en dos tiempos, con paradiña, “En un juicio final” y “1492”.

Me retiro a mi casa para escribir la crónica de la tarde.
Intuyo que no me va a ser fácil.
No sé por qué pero me veo de nuevo acudiendo a ruedas de prensa deportivas, transcribiendo frases sesudas del tipo “el fútbol es así”, “somos once” o “el partido son 90 minutos”.

Voy a ser el reportero de Cultura más efímero. Como este técnico de sonido, que creo que tampoco va a triunfar…




Javier Díaz Gil
3 de enero de 2013

miércoles, 2 de enero de 2013

15ª Jornada/VI año: Miércoles, 26 de diciembre de 2012

 En esta juerga gitana...


Nada auguraba lo que ocurriría después. Aburridos de los mismos polvorones en la misma bandeja y de tanta peladilla rellena de no se sabe muy bien qué, los primeros rascamanes desfilan hasta las mesas, topándose primero con un Aureliano fugaz, casi ausente, escolta responsable concentrado en asuntos familiares. Como en el cuento que después nos leería Rocío se entremezclan letras y viandas, los libros cocinados para “el ciudad de Getafe” con que nos obsequia Javier y la tarta doméstica con manzanas monárquicas (¿le sentarán bien a José León?) que escribió Leo para la ocasión. María Antonia dice vivir en la confusión mejor que en la marmórea realidad. Leo se hizo amiga de los libros libres, que es tanto como decir niños desamparados. Amparo posee una presencia inteligente y silenciosa —como agazapada para la sorpresa que vendría después—, al igual que el ora media sonrisa ora circunspecto Alberto. Se sientan poco después El menda lerenda y el chico de la tienda, la aureolada Cinta y el egregio patriarca Don José.


Caperucita convertida en loba lírica, esto es, desnuda y feroz en su deseo. Así se nos presenta una María Antonia muy precoz, al decir de ella. En este divertimento con más de dos rombos, la niña del cuento luce una teta gordezuela que a todos les mostraba coquetuela, y más adelante… que los gritos de ella y sus rugidos/ en pie ponían los miembros de los maridos. Estas alegrías y otras de tono aún mucho más subido que el pudor me impide exponer aquí versaba valientemente el poema.

Entra Rocío cuando Leo lee un fragmento de Opus nigrum, reciente adquisición que hizo el señor Cano por una nadería en los saldos que se exponen en nuestra calle. El protagonista pergeñado por la Yourcenar defiende un futuro supervisado por una divinidad naturista y exaltada: Algún día Dios santificará el matrimonio de los cuerpos; como dándole la razón a nuestra María Antonia. Es la segunda casualidad de la noche; aunque no la sorpresa mayor. Espoleados todos por la buena prosa le pedimos que nos lea el comienzo de la novela, el cual será inmediatamente alabado por el concienzudo Alberto (muy pocos son capaces de hacer esto) y por el sire, Javier.

Apuntemos algunas notas técnicas:

La novela comienza con un nombre camino de Paris (frase corta, pequeño suspense). A continuación resume acontecimientos históricos candentes acerca de un conflicto medieval donde Milán es apetecida sin desvelarnos el desenlace. (La historia, o si se prefiere la historiografía, fue siemp

re un conjunto de relatos o novelas). Luego vincula al protagonista nombrado al principio con los acontecimientos. ¿Qué ha conseguido? Según the boss decirnos quién cuándo y dónde en la primera frase, — casi ná — y suscitar vivo interés con el párrafo introductorio.

Inopinadamente y al alimón Amparo y Leo proclaman: ¡Tangos y tientos! La concurrencia espera que se remanguen las faldas y taconeen (Quizá más lo primero). Se avecina catástrofe rítmica porque a las palmas se van a poner palmeros despatillaos, payos y sosos, Callichi-deja-lah-palmah, Javi el boj, Alberto El mellizo y el Señor Cano. Y es que ya lo decía El Gato Barbieri: gitanillos y morenos son los ases del compás.

Las putas son naturales, así arranca el tercio de salida, y desgranan putas repetidas, de las guerras y de los poetas, de Dresde, de Frankfurt, de Byron y Espronceda. Y a pesar del anuncio de palos alegres la letanía de nombres de hetaira tiene armonía modal griega, tonalidades tristes con un coro. La idea es muy buena comentan los asistentes.

Anteriormente Alberto el Mellizo, sin templar la voz atacaba la salida a lo valiente, interpretando a lo jondo como no podía ser de otra manera el tema esencial, el desamor, la zozobra amorosa que tantos desvelos causa a los humanos, con lo fácil que era todo cuando el instinto; y así nos ofrece un verso muy bien escandido, donde importa tanto la pausa como el recorrido, el silencio como el idioma, cante cuyo comienzo recogemos aquí:

Cuando ya no queda nada más
que el cuerpo entre nosotros
y el eco del último reproche
salió de tu cuarto,
nada más
que una vela en la mesilla
y el latido de labios calientes…

Alberto pone sólo piel en la balanza

Cal-lichi-deja-lah-palmah entona unas seguiriyas que el olvido de la tradición prefiere llamar haikus y después una cosa que él considera rara, pero que cualquiera denominaría prosa más o menos poética.

Rocío nos va a encandilar con la soleá de la tortilla de patatas; tanto es así, que quien escribe no pudo, embebido como estaba, tomar apuntes.

Y es que Rocío con su buen hacer no necesita de glosalalias. Deslumbró con una correlación alegórica entre cocina y escritura, donde se retiraba el aceite de las frases insulsas, donde se le daba la vuelta al argumento y donde los niños aprendieron a apreciar las bellas letras con el cuento de la cocina.

Javi de Utrera, con su dominio del garrotín y de los palos más alegres, nos monta en un genial relato ferroviario. Paco es el destinatario de la preocupación pitopáusica de su amigo el narrador. Un relato en “tú” antologado por el Ayuntamiento de Getafe que conviene resucitar, sobretodo en las horas tristes.

El cante de Cinta posee un estupendo regusto clásico. Sus letras dibujan la precisión y la variedad léxica sin rebuscamientos. Cinta nos obsequia con la historia de un niño, Donato, que acechaba los ruidos que poco a poco le cerraban los párpados. Esa taxonomía de los sonidos le lleva a aprender música. Se hará insigne compositor que agoniza de éxito. La caracola musa y el retorno a su

 pueblo de veraneo infantil le ayudan a recomponer lo mágico. Sentencia este cante suyo que si regresas a la Naturaleza recuperas la creatividad.

José León Cano no le busca el lerele ni el tirititrán ni las tarabillas a la guitarra. Y si lo hace desgrana un rosario de cuartos de tono y notas azules que para sí quisieran los jóvenes laureolados de hogaño. Ana, recién subida al tablao, le ha cedido el protagonismo al maestro, quien nos regaló el oído una vez más; pero en este caso, con un tema de Borges: El dragón y la serpiente. Este pobre escribano reconoce no haber captado el mensaje del tanguero argentino.

Amanda toca canta y baila de memoria. Nos elevó con unos estupendos versos de mujer frente al espejo, antesala de la reunión falsa y social, que viene a ser lo mismo.

Ya sabéis que los gitanos somos largos en las despedidas por no hacer menoscabo de nadie. En esta juerga gitana se echó de menos a Vicentrillo de Triana, a Paloma y David, más conocidos como Los Niños del Empeine (perdón por la gracia), a Alma que, con ese nombre tan flamenco, no precisa de apodos; a Celia, Fede, Fernando, Paloma H, Ana D, Amelia, Enrique, Eunice, Mercedes, Juan, Iñaki, Carmen, a las marías Juristo, Felisa y Jesús; y a tantos otros afamados cantaores, conocidos físicamente o de oídas por este cronista ocasional.

Finalmente quien escribe aprovecha para desearle a toda la peña Rascamán, junto a los desahuciados por los bancos y por los médicos, junto a los parados y pequeños empresarios

endeudados cruelmente; en definitiva junto a los que menos, desearles —decía— prosperidad económica. Pero sobre todo anhelo para vosotros esa felicidad íntima e insobornable, que por cierto albergan muchos perseguidos y encarcelados por los poderosos, y que la conceden el obrar conforme a lo que se cree y la auténtica libertad.


Carlos Yasabe

1 de enero de 2013

jueves, 27 de diciembre de 2012

14ª Jornada/VI año: Miércoles, 19 de diciembre de 2012





VERS LES NUAGES (Hacia las nubes)




-Madrid, 20 de julio de 1808, días antes de la designación de José I como Rey de la España ocupada por los franceses-



El futuro rey José I es anunciado en el Café Ruiz. En un círculo de hermandad, entre sorbo y sorbo, allí se reúne parte de su séquito que siempre le acompaña: Monsieur Javier, Mademoiselle Rocío, la Parisienne Paloma, la Grand Poéte Marie Antoine, el Capitaine León, el Garcon Fede y las “trois petites filles”: Paloma S., Ana G. y Alma P. Más tarde, se unirían otras personalidades…

El rey había llegado de Bayona, y antes de seguir con sus compromisos políticos (le esperaba la coronación el día 25) había citado a sus consejeros en el mejor Café de la capital del reino. Ya que Napoleón, su hermano, le había encargado la difícil misión de dirigir la patria de Cervantes in situ –no en vano, se lo había agradecido en una carta no exenta de efusividad, poniendo los puntos sobre las íes -, se sentía plenamente un Bonaparte.

Los allí presentes se habían enfrascado en una conversación variopinta. Eran consejeros distinguidos, venidos a Madrid con los apuntes de la nouvelle de José: “Pablo y Virginia”, que según el Capitaine León, iba a dar mucho que hablar. El rey José quería terminarla, y para ello se iba a rodear de lo más distinguido de la ciudad castiza. Quién lo iba a decir, un rey que se dedica a la literatura… Preparaban el terreno, apartaban los moros de la costa. Eran sus chambelanes de palacio, ansiosos de que el rey entrase por la puerta del Ruiz. La Grand Poète Marie Antoine saca sus sales, por si pudiera desmayarse, porque también lamenta no dar sus versos a Luis Alfonso, cierto personaje distinguido, venido de la patria mexicana que conquistara, años después, los archiduques Maximiliano y Carlota.

-Un roi qui a fait une nouvelle!-exclamó León. Señores-continuó el consejero, hay que tapar el rumor de la gente. Dicen por ahí que nuestro José es Pepe Plazuelas y Pepe Botella. Propongo salir a las plazas para conquistar al pueblo, pero con buena literatura. Esto es: suelta de palomas, globos y diversos panfletos para darle a conocer; conquistar sí, pero con educación, no con alevosía. Hay demasiados tiros en esta ciudad. Hubo hace poco en Madrid un fusilamiento masivo, el 3 de Mayo…me lo acaban de decir.

La Parisienne Paloma -¿o era la Mademoiselle Rocío?-contesta que se discuta otra cosa, por ejemplo, “La absoluta ingravidez de los tiovivos”. Todos aplauden la ocurrencia. Oh, lá, lá…Un certamen de microrrelatos, cuyo tema debía ser un viaje en calesa, fue tema de discusión enaltecido. Se propone contactar con los no premiados, para dotar de ideas a la nouvelle, aunque al final habría que buscar un traductor o traductora para que se publicase en España. Se pensó entonces en una tal traductora Gutiérrez…

On y est!- exclama Monsieur Javier.

Monsieur aprovecha para leer un poema de Tiago Nené, en portugués, que nos traslada a Oporto de repente. Y también a Japón, con el poema titulado “El bosque de Aokigohara”. Templa su voz con otros dos: “Música de carrusel y despedida…” y “Rodea la taza de café con las manos…” Toda una Babel de lenguas. Y olor a café, a tisana y a pommes de Paris. Nada de alcohol. Le Capitaine apostilla: “El robo es válido si va seguido de un asesinato”. ¡De Victor Hugo! Las frases para nutrir la nouvelle aumentan, y parecía construirse un centón con cada palabra, con cada sorbo, con cada reflexión:



Las estaciones de autobús son paréntesis que se abren,                            de Monsieur)

barro que se te pega a los pies.               (también de Monsieur, robado de la Parisienne).

A quién agradecer esta alegría,                                                                 (de Capitaine)



como Irene: sin trabajo, sin pareja, sin futuro.                                    (de la Parisienne)



La petite fille Paloma S. lee en voz alta: L, homme et la femme philosophent sur la table…

Vers les nuages!!

El Garçon Fede ha de marchar mientras la petite Ana G. avanza un verso futuro del siglo XX de un poeta español, Manuel Altolaguirre: “Escucha mi silencio con tu boca”. Será el poeta-editor de la Generación del 27.

Poésie espagnole.

L'autre Ana, Ana Delgado, lee con su voz cadenciosa e hipnótica, bellos poemas de su poemario dedicado a Scherezade.

El propio rey José I, todos son testigos de su emoción, abraza a los poetas presentes, su séquito. Pide para llevar en su memoria un último poema a Ana Delgado, que el propio monarca repite mientras sale del Ruiz y sube el peldaño de su calesa:

“Si me hubieses dicho, Scherezade”

Alguien, quizá el Capitaine León o todos al unísono, grita un rotundo Vive la France, Vive le Roi.





Federico Monroy - Javier Díaz Gil
27 de diciembre de 2012

martes, 18 de diciembre de 2012

13ª Jornada/VI año: Miércoles, 12 de diciembre de 2012

el Ruiz se convierte en una sala de música..

Cuando me vienen las sombras del presente, procuro diluirlas con el Arte. Es como si me diera un baño de belleza, lo que mejor hay dentro de cada ser humano, su forma especial y única de entender el mundo. Así, el Ruiz se convierte en una sala de música en la que puedo bañarme a gusto todos los miércoles, y la palabra, que es también música, tiene su aposento en todos y cada uno de los que asistimos.

José León, con su LUNA LLENA adquiere sonoridades de saxo, y "donde todas la sombras callan" crea la estructura de un universo de sensualidad que, aliado con el misterio nocturno, nos hace cerrar los ojos e imaginar habitaciones entrando en el ocaso.

(¿Qué pasaría si la luna se convirtiera en hombre, en protagonista masculino de un relato breve? Paloma lanza el guante a los que les gusta el campanilleo de pocas palabras para plasmar realidades....)

Luis Alfonso nos coge de la mano para llevarnos al enrevesado mundo de los habitantes de la Grámatica, pegados al ENTRAMADOR, tan abrumado por su laberínto, que necesita ayuda de una hada, de la niña del sur y de todas las genealogías que nos hablan de verbos, sustantivos, adjetivos... toda una orquestación en la que resuenan timbales, maracas y guitarrones. Su imaginación no se hubiera conformado con otro tipo de instrumentos, para sus explosiones, sus acentos gauchos y sus reflejos de diamante. Seguro que Benedetti le hubiera ayudado destrozando muchas normas con su solo de batería.

¿Y qué decir del DESORDEN de Federico? Sólo un extraordinario pizzicato de violín hubiera podido ponerse a la altura de su poema y de sus imágenes aparentemente opuestas en el espacio, el vuelo de alguién que ama...

(Y vaya búsqueda del origen de la palabra flamenco: una palmadas llevando el compás nos aclaran que el fuego (flamma) ya lo dicen los romanos, pero también nos llegan el ruido de las batallas de los tropas flamencas que hace siglos llegaban a España. )

Alberto lee un poema de María Antonia, la oposición entre la libertad y naturaleza pétrea que quedó del pasado, tambor y oboe en connivencia.

Isabel mece la copa de todos los árboles que la hechizan, con un deslumbramiento que nos trae sonoridades de cascabeles.

Y la sombra del tejo, nos trae la música del acordeón. Me debato entre los juegos en el ocaso, y un espejismo que me ha hecho errar en el ritmo de los versos, con estridencia de platillos, que debo moderar...

Paloma cuenta la historia de un joven que vuelve a la casa de sus padres, inicio de su novela en agraz. Y sobre el piano bailan sólo dos dedos con notas lentas y espaciadas.

Alma, con las trompas de caza de Artemisa, atrapa en las redes a Acteón, pieza a abatir por la virginidad enfurecida de la Diosa.

Javier y su semblanza de Berlín, en sus momentos oscuros, hace resonar a Wagner.

Los caballos hermosos de Carlos nos regalan el sonido agudo de la flauta de Pan, esperándolos para galopar con ellos.

María Juristo, saliendo de la nada, termina en una hermosa voluta que nos habla de la esperanza.....y las notas de su arpa fortalece nuestro impulso de buscadores de almas...


Y finalmente, un poema de Garcia Lorca, en los labios de Ana, cierra con el broche de amores prohibidos el final del concierto.

Leo llegó sin tiempo para disfrutar de la música. Despedidas a nuestro mejicano que regresa a su tierra, y que seguro, seguro, que vuelve para hablarnos de sus h, de sus z, y de sus c.


Cinta, que os saluda a todos.
Sábado, 15 de diciembre de 2012

miércoles, 12 de diciembre de 2012

12ª Jornada/VI año: Miércoles, 5 de diciembre de 2012

El huérfano que perdió su rosa y ganó un puñal



Hace tiempo que vengo al bajel y sé a lo que vengo:

A que se me desplieguen las velas de la imaginación, a que mi pulso dirija el vuelo de las mariposas, a que me baje el colesterol de la tristeza.

De modo que siempre salgo del camarote de los Hermanos Ruiz mucho más rico de lo que entro.

Pero el último periplo superaría todas las expectativas.

Pues a pesar de lo que está cayendo, la briosa banda del Rascamán –nave veloz y marinera como pocas– realizó una de sus más enriquecedoras travesías, en el Mar de la Intranquilidad y en la calma chicha, arrebolada de tempestades, que precede al fin del mundo previsto por los mayas.

Quien esto escribe subió a bordo antes que nadie, para intentar leer un rato (perdón, un ratito y con minúscula) antes de que fuera llegando el resto de la piratería. Sin embargo, su deseo se vio felizmente frustrado por el abordaje de una de las dos palomas que nos traen mensajes del paraíso portando en el pico una rama de olivo. Y poco a poco, tras Paloma Hidalgo, fueron apareciendo los demás, según se va relatando en este cuaderno de bitácora de modo desordenado, montaraz y libertario:

Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad...

No me queda más remedio que empezar por lo más importante. El grumete Andrés París, huerfanillo parisino recién incorporado a la tripulación, mozalbete de bachillerato, con el aspecto recatado de quien parece no haber roto un plato en su vida, ni violado a monja alguna, nos mojó a todos la oreja, y de qué modo, con su maravilloso poema sobre Los Miserables. A él se debe el título de esta crónica, extraído de su poema, que ya conocemos, publicado en nuestro rinconcillo cibernético.

Porque hay que ver cómo escribe el imberbe, que no implume:

“Las mariposas de hierro afilan sus trompetas
bajo la atenta mirada de los fusiles descorazonados…”

Voy a proponer al boss que nombre a París vigía de sirenas desde la atalaya que sostiene el palo de mesana.

Y como soy el más veterano de cuantos acudimos aquella noche memorable, me arrogo el privilegio de nombrar a dicho grumete Caballero de los Mares del Sur, amén de Emisario de Rimbaud y Lugarteniente de Huidobro. Si no lo desbaratan los años, las envidias y las vanidades, mucho se oirá de él en los próximos tiempos, si es que hubieran próximos tiempos y los mayas no tuvieran razón.

(Espero que no la tengan, que la primavera está a la vuelta del equinoccio, y los arbolillos que veo desde mi ventana, ignorantes de presagios, han comenzado a verdear capullos).

Si he de hablar de mí, diré que solté dos sonetos (¡Qué le vamos a hacer!) en cuanto levamos anclas. Son antiguos, como uno mismo, y hablan de la terminación de los tiempos, precisamente:

“Suave temblor, hermosa desventura
de la hoja desprendida; zigzaguea
rubricando su muerte, cuando crea
una ilusión de vuelo, pero oscura…”

O este otro, que comienza así:

“Clamando por un vaso en el ocaso
que fuera por mitad vino y cicuta
dictaminó al final que toda ruta
en la amargura acaba de un fracaso…”

Más vale que soltemos primero las lágrimas y dejemos luego paso a la alegría; para que los nuevos tiempos comiencen han de acabarse los viejos, y en eso estamos.

La primera alegría llegó en la voz de Paloma, como no podía ser de otro modo, al contarnos un mini relato en el que, tras citar “universos perpendiculares”, se trata de un recién nacido cuyo cordón umbilical salva la vida de su hermano mayor, por uno de esos milagros de la genética.

Paloma es de las que deja que nos deslicemos por sus palabras, sin entender nada, hasta que la última nos abre de golpe las puertas de la percepción. Una maestra. Tiene un gancho con el que borda los abordajes como nadie, a golpe de certero trinquete.

No rielaba la luna en parte alguna, pues estaba el cielo encapotado y comenzó a soplar un Norte aterrador por los mares de Malasaña.

Pero aunque crujiera el maderamen del Rascamán, allí estábamos todos juntitos, tan calentitos, mientras la bucanera Copado, mujer que ama interminablemente, me daba para que leyera en voz alta uno de esos poemas suyos que combaten al otoño juntando a partes iguales el sexo y la ternura “y nada más…”. Chapó, María Antonia, cómo nos atraviesas y qué bien nos desnudas con las cavilaciones de tus sueños para mayores de dieciocho años. Larga es la noche, y a veces larga la travesía de la vida, pero nos acunan los poemas de la bucanera.

Javier, nuestro jefe, que tiene más de Peter Pan que de Capitán Garfio (le voy a regalar una campanita –no una Campanilla, que le tengo echado el ojo a una y me la reservo- una campanilla, digo, para cuando se desbande la banda de la bandera negra); Javier, repito, aprovechando un leve amaine de la tempestad, nos leyó un poema melancólico que suscitó comentarios favorables y algún pero de este servidor, pues es el capitán grandísimo poeta –especialmente desde que realizó su maravilloso periplo por el Japón y nos trajo soberbias perlas- y no debe bajar la guardia. Pero qué hallazgo soberbio ese suyo, cuando compara ojos femeninos con “dos peces en mitad de la noche…” ¡Chapeau!

Amparo, que sabe traducir los versos de la Pérfida Albión como nadie, nos llenó, ya que no las gargantas sí los oídos, con el más fogoso ron caribeño, y levantó la euforia de la manada tras verter su vena poética en el lustroso tonel de Góngora; ahí es nada su poema, encabezado por un metálico verso gongorino: “Infame turba de nocturnas aves”:

“El ojo negro del silencio en llamas…”

¿Y qué más decir? Que José María Herranz nos leyó un bello poema homófilo, con ciertos resabios villenenses muy bien colocados; que María Jesús Briones deleitó a la eufórica concurrencia con un gracioso entremés, el diálogo entre el conserje y un visitante a sitio oficial y nos partimos de la risa, y recordamos aquella frase memorable suya en la que se cita la sequedad de una vergüenza masculina tras haber sido exprimida, vaya usted a saber por quién y con qué lúbricas intenciones.

Que Alma y Ana, esas dos rehenes que capturamos de otros buques de menor arboladura, dejaron en el aire el aroma exquisito de la poesía más alta, un ejemplo del poemario de la primera “Las ciudades del agua”, y un poema de la segunda que transcurre en el metro, del que recuerdo “si tu olor es tan dulce, suponía que tu voz lo sería más…”

Otrosí digo, que nuestra última incorporación, el mexica Luis Alfonso, nos deleitó hasta las cachas con su Conversación con el Albañil, un relato digno de Juan Rulfo en el que se retrata espléndidamente el alma sufrida y explotada del pueblo azteca. Ahí no más, pos oigan: “Me petateo de hambre –dice el Albañil en su “Oración pa' muchos”- a puro frijol y masa…”

¡Órale, manito Luis, que esta es casa! Y vuelva a navegar con nosotros cuando quiera.

También diré que a nuestro estupendo Vicente le dio un algo (¿Tal vez un mareo, pese a lo bragado marinero que es?) y saltó de inmediato por la borda sin decir esta boca es mía.

Espero que no lo hayan devorado los tiburones.

Otros más estuvieron y dijeron, y bregaron y lucharon. Alberto, el vasco; la otra Ana de mis pecados, la gallega; Leo con su “Isla mía” y su lectura de León Felipe; Juan Antonio: “Dineros y amores, fuegos de artificio…” ¡Brava tripulación!

Pido perdón a todos, por mis olvidos, que flaca es la memoria del anciano y larga su melancolía.

José León Cano
11 de diciembre de 2012