Homo sapiens literariensis...
Rascamán es la tribu elegida por siete u ocho individuos que se
acercan hasta la caverna del Ruíz en una tarde de octubre. Los homo sapiens
literariensis se desplazan donde saben hay mayores
oportunidades de encontrar lo necesario para sobrevivir, poemas o relatos por
cazar, frases que pescar, o donde saben que es temporada de recolección de
frutos con letras y otras lecturas que forman parte de su dieta
cultural.
Los siete u ocho individuos de la especie literariensis son pocos
para los que acostumbran a reunirse en torno a tres piedras preparadas en línea,
adornadas de hojas de servilletas y raíces de patatas fritas. Pero serán muchos
a la hora de tertuliar.
Porque si algo harán esa tarde es hacer fuegos de palabras para
calentarse. Fuegos ardientes de sexo. Fuegos tibios de
lecturas.
Por orden de llegada allí están sentados: Rocío Díaz, José Mª
Herranz, María Antonia Copado, Juan Antonio Arroyo, Paco Fenoy, Alberto Torres,
Carlos Ceballos, Alma Pagés, Amelia Peco y Mª Jesús Briones. Ocho ejemplares homo
sapiens literariensis.
Hay también en la caverna una pared a estrenar donde se va
plasmando (porque quizás aún no haya llegado la escritura) esta bitácora
apretada de palabras Esta bitácora anudada de las conversaciones que aquellos
homo rascamanes van cincelando para la historia:
Un 9 de octubre de 2013 los homo sapiens literariensis ya conocían
el fuego de las palabras y sabían que debían conservarlo.
José María Herranz había hecho el descubrimiento de la música
asociada a la palabra y quería mostrárselo a los demás homo sapiens. Para ello
había preparado la presentación de su disco de poesía sinfónica “Amargo
despertar” en el Ateneo, una Caverna milenaria donde se reunían hombres
primitivos literariensis de todas las tribus conocidas para disfrutar de los
últimos hallazgos literarios. La presentación de José María sería el día 11 de
octubre.
Aquel nueve de octubre dibujó para los demás las señas de aquel
evento. Y a raíz de aquello empezó a conversar con María Antonia Copado del
éxito de lecturas y libros. Ayer en Granada, mañana Madrid. Para saltar sin
continuidad a tratar el tema del sexo.
Hace 50.000 años el hombre primitivo ya conocía el sexo. Y hace dos días seguía ocupando el centro de interés de sus palabras y reuniones.
Hace 50.000 años el hombre primitivo ya conocía el sexo. Y hace dos días seguía ocupando el centro de interés de sus palabras y reuniones.
Aunque antes llegó la inevitable conversación sobre política. Los
hombres primitivos de hace 50.000 años quizás vivían mejor sin ella. Y cómo no
hablar sobre Femen España, amazonas a torso descubierto. Cómo no hablar sobre la
corrupción de aquí o de allá. Corrupción en mayúsculas, al fin y al cabo. Pero
que está más allá de esta caverna del Ruiz. Fuera. Lejos.
Porque afortunadamente los homo sapiens literariensis viven, sobreviven, en la búsqueda literaria. Y algunos cazan relatos y poemas para sobrevivir. Tienen que ser inteligentes pues es difícil este tipo de caza. María Antonia Copado nos trae uno titulado “Última visita” que deja a los primitivos un buen gusto con su sabor final: “…Mujer de mi principio”.
Porque afortunadamente los homo sapiens literariensis viven, sobreviven, en la búsqueda literaria. Y algunos cazan relatos y poemas para sobrevivir. Tienen que ser inteligentes pues es difícil este tipo de caza. María Antonia Copado nos trae uno titulado “Última visita” que deja a los primitivos un buen gusto con su sabor final: “…Mujer de mi principio”.
Sin embargo los homo sapiens literariensis vuelven a dibujar el
sexo en la pared de la cueva del Ruiz: “La culpa asociada al sexo ahora es
menor”, “Hemos pasado de un extremo a otro: Antes no toques al otro y ahora tú
sé libre y permisividad total…”, “Y no solo somos un cuerpo sino que también
somos sentimientos y emociones”, “Hablamos de sexo dando por hecho que todos
tenemos las mismas necesidades y hacemos plantillas y hay muchos matices, cada
uno es cada uno”, “Ahora no hay una educación sexual clara”, “Tiene que haber
una formación fisiológica más clara”, “El sexo en la adolescencia está dominado
por la angustia y el despiste”.
Como dice José Antonio Marina, homo sapiens sapiens cuya fama ha
recorrido todas las cavernas: “Para educar a un niño hace falta una tribu
entera”. La frase no es suya pero la repite bastante.
Rascamán es la tribu elegida libremente por nuestros cavernícolas
protagonistas. En esta cueva se habla de la sexualidad en África, donde hay más
naturalidad, y en Los mares del sur de donde hablarán los libros. Porque lo
grupal ampara al individuo y no se puede separar la sexualidad de la economía y
la familia.
La pared de la caverna del Ruiz se va pintando y pintando de
dibujos asociados al sexo. Los homo sapiens literariensis no paran de mover la
boca para algo más que para comer raíces de patatas fritas. No han logrado
domesticar a la palabra y salta de uno a otro sin descanso. Pero lo hacen de
forma ordenada y en perfecta armonía, han descubierto la coreografía de las
buenas tertulias. Están admirados por sus propiedades curativas. Todavía no se
ha descubierto la campanilla porque no les hace falta.
Algún que otro homo sapiens literariensis es un homo nómada e
ilustra a los demás de los contrastes encontrados entre diferentes tribus. En
África, les dice, ven 32 verdes diferentes y nosotros, nosotros solo vemos seis.
Ellos tienen una sutileza para integrar al individuo que este homo sapiens no ha
visto en otra parte, pero en cambio persiguen al homosexual
ferozmente.
El tabú, la bula (que ya salía en El Lazarillo de Tormes), el
lenguaje no verbal, la riqueza de la diversidad de sociedades son algunos de los
temas que se tratan.
María Antonia Copado, Juan Antonio Arroyo, Paco Fenoy, Alberto Torres, Carlos Ceballos, Alma Pagés sosteniendo una tertulia que lejos de ser primitiva habla de tribus y adolescentes, de sexo y educación.
María Antonia Copado, Juan Antonio Arroyo, Paco Fenoy, Alberto Torres, Carlos Ceballos, Alma Pagés sosteniendo una tertulia que lejos de ser primitiva habla de tribus y adolescentes, de sexo y educación.
Hasta que de nuevo en la cueva del Ruíz, la tribu de Rascamán
vuelve a la cacería. Y Carlos Ceballos, alias “Carlos Yasabe” caza un poema sin
título que comenzaba: “Hoy he vuelto a encontrarme con Arturo…”. Un poema
extenso donde se aprecia que los hombres primitivos también eran cultos y
leídos. A continuación Juan Antonio Arroyo les dice que sabe de algún lugar
donde hay abundantes vegetales y plantas. Y para mostrárselo les deleita con un
poema recolectado del libro “Puente de Hielo” de Jorge Reichmann.
Paco Fenoy, un homo sapiens literariensis que habla un fenoyés
cada vez más transparente para sus vecinos de caverna, lee un poema a propósito
de Saturno. “Al tiempo no se le vence, se le domina si conoces el pasado y el
futuro”.
¿Pero porque no seguimos hablando de sexo? Dice uno de los hombres
primitivos. Y es entonces cuando se habla de ídolos de piedra venerados y
odiados pero de todos conocidos, como Dalí, o Pessoa, o Wharhol, o incluso
Hitler. Todos ellos, parece ser, compartirán alguna que otra característica
sexual distintiva.
“Intercambios de fluidos” y “Noches de cuchillos largos”, poemas y
palabras.
Carlos Ceballos, caza de nuevo para el grupo, ahora les trae un
difícil ejemplar: “Bifronte y deterioro”. Entre todos intentan cocinarlo porque
tiene la piel dura y resistente, es un ejemplar oscuro. Después de un rato
intentando trincharlo con las rudimentarias herramientas que cada uno de los
homo sapiens literarienses lleva, el autor de la cacería se guarda
su pieza con éstas palabras: Cómo dijo el poeta Enrique Gracia “Porque esté
claro un poema no es bueno, porque sea oscuro tampoco”.
Los homo sapiens literariensis de la tribu Rascamán reunidos hoy
están de acuerdo en que hay poemas para ser leídos y otros para ser escuchados,
hay piezas cazadas que uno saborea con olerlas y otras que tiene que digerir
masticándolas despacio.
Amelia Peco está trabajando en la piel de un animal cazado hace
tiempo, un poemario titulado “Para el amor y el fuego”. Quiere mostrárselo al
grupo antes de hacerlo público gracias a una editorial extremeña.
Tertulian, leen, escuchan versos los homo sapiens literariensis al abrigo de las palabras. La bitácora se ha ido cincelando llena de hallazgos mientras van llegando las nueve.
Rascamán es la tribu elegida por siete u ocho individuos que se acercan hasta la caverna del Ruiz en una tarde de octubre. En ese rincón los homo sapiens literariensis pueden protegerse de algunas especies de depredadores. En torno al fuego de la palabra comparten y enriquecen al resto con los frutos de sus recolecciones literarias o humanas. Ha sido una tarde sosegada pero provechosa. Rocío Díaz, José Mª Herranz, María Antonia Copado, Juan Antonio Arroyo, Paco Fenoy, Alberto Torres, Carlos Ceballos, Alma Pagés, Amelia Peco y Mª Jesús Briones. Ocho ejemplares homo sapiens literariensis cuyas sombras llegan hasta hoy, cuyas voces guardan aquí sus ecos.
Fuera, lejos, quedan las glaciaciones y la rutina.
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