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lunes, 16 de julio de 2012

33ª Jornada/V Año: Miércoles, 20 de junio de 2012



"Si queréis hablar todos al mismo tiempo. Será mejor que os arrojéis por la borda..." 

Mientras nuestros náufragos reponen fuerzas, y alcazan las condiciones óptimas de sorprendernos con el viaje a Ítaca, nosotros seguimos dándole al timón, pues creo que es un buen ejercicio muscular, que últimamente lo recomiendan los fisioterapeutas, para prevenir determinadas desviaciones en las articulaciones de codos y otros elementos fibrosos que conforman nuestra anatomía bípeda.

El día anterior habíamos comido salmón contaminado; sí, del habitual, del que tiene plomo, y la verdad, que nos encontramos toda la tripulación bastante pesada; con decir que íbamos andando por cubierta con los pies a la rastra; parecíamos, más bien, un ejército de derrotados, o recién apaleados, perseguidos por la miseria y las estrecheces de la vida; éramos como un país maltrecho perseguido por la prima de riesgo, mientras nuestro capitán nos arengaba: “Esforzados marineros, gentes de la mar, por cien tiburones, que ni los mayores titanes marinos, nos hundirán en altamar. Voto a bríos, que colgaré en el palo mayor, al que intente abandonar el barco en cualquier barquichuela de nada. Ejem, ejem, Os agradezco el sacrificio. Jamás de los jamases, se ha visto tripulación tan singular: llenos de harapos andáis por la borda desafiando el oleaje, y aunque no os tenéis en pie, la patria, ¿que digo? el barco, os recompensará por vuestro sacrificio. Y ahora brindad conmigo, camaradas. ¡Viva el vino! Y que le den a la prima de riesgo”

-Pero Javi -dijo Ana- que esto no tiene que ver con la prima de riesgo. Que estamos extenuados, compi, que aquí no hay quién dé un  paso después del salmón con plomo. O es que no te has enterado del efecto gravitatorio, y demás. Que no eres Rajoy, hombre, que no.
-Ya lo que nos faltaba -Rajoy, vestido de pirata, con sus primeros espadas repartiendo mandobles por doquier- repuso  Alberto.

Y tras unos instantes de vacilaciones, con los pies a remolque nos metimos todos en la bodega, dejando que el barco flotará en altamar,  balanceándose en las tranquilas aguas del Caribe, mientras que los tiburones lo contemplaban un tanto moscas.

A duras penas  llegamos a nuestro recinto, dejando al barco a merced del batir del tranquilo oleaje. Nos arrellanamos como pudimos, como un ejército de derrotados, y tras varias historias de piratas, y otras anécdotas, que no vamos a referir aquí, pues no tenemos permiso de pregonar a los cuatro vientos intimidades personales, y tras sorbito y sorbito de café u otros licores exóticos del Caribe, rebozados con sabrosas anécdotas, con libro en ristre a toda vela, Alberto, nos leyó el poema “Días de indulgencia”, lleno de espiritualidad:“Volveremos a sentarnos/limpios y solos/frente al fuego”.

Mª Antonia, en el poema “Vente a por uvas”, nos obsequió, con las metáforas: Chasquea la lengua seducida/ por el líquido que resbala./Fuera copas/ sólo tu boca en mi boca.

El grumete Andrés nos leyó un poema inspirado en las guerras: “Buscaban las madres refugio/ en sus cuentas de ganchillo”. Estupenda metáfora. Siempre hay que vivir a pesar de todas las tragedias, con las que nos quieren arrinconar, metiéndonos el miedo en el cuerpo.
 
Paloma  Hidalgo, nos envolvió con su magnífico relato de un sordomudo:”Palabras”.

Y tras un  tumulto de voces, Javier amenaza con dejarnos a nuestra suerte, perdidos en altamar.Que sí, que está dispuesto a llevarse las cartas de navegación. Y a ver qué hacemos, solitos en medio de un mar plagado de tiburones, en constante alerta.
-Si queréis hablar todos al mismo tiempo. Será mejor que os arrojéis por la borda. Por favor.-protestó Javier.

Todos los parlanchines palidecieron, al observar, que los más allegados al capitán, se ponían en guardia, dispuestos a ejecutar sus órdenes.

-Tu turno, Ana.

Muy en circunstancia, nos leyó el poema “De Junio a diciembre”- Dedicado a León.
Poema muy suave y cadencioso. Un cántico al amor.

Paloma Sánchez, nos recitó las últimas versiones de los Cantos VII y VIII, que suponemos serán las definitivas, pues han quedado  muy completos. Muy bien, Paloma. Por destacar algo, un verso dentro de tantos tan buenos:
“Tu lengua gloriosa me golpea entera”.

Pablo, una de las últimas incorporaciones a la tripulación, nos  trasladó a Quevedo, con su poema” Sobre el dinero “:
Es voraz el dinero /Bravucón y logrero.    


León, por su  parte, nos lee con su exquisitez, un poema lleno de nostalgia sobre la muerte, y la brevedad de la vida, aunque deja inmerso en sus versos un canto al hombre. Y nos dice, en uno de los momentos trágicos: ¡Cuánto mejor ser humo que seguir respirando!

Se hicieron innumerables matizaciones en prácticamente todos los poemas, lideradas por Javier y, sobre todo Carlos, que para rematar la faena, tomó el florín y tras partir en minúsculo trozos los cuatro tomates que había sobre la mesa, y repartirlos, entre la atónita tripulación, que jamás había visto semejante hazaña en sus cien años de navegación, dirigiéndose al menda, increpándome, me ofreció con la punta de la espada un trozo de tomate.
-Toma bellaco. Lee.-Y me hizo ingerir el trozo de tomate a toda prisa.
Y leí, lleno de temor, el poema  titulado ; “Este maldito sabor ocre que palpita” , en el que demostraron su destreza de espadachines, Javi y Carlos, y otros tantos, dando tajos por doquier a tan malhadado poema, que me lo dejaron tiritando.
Por algo terminaba, y termina:
“En su amplia redondez /recién pintada con la sangre/ de unos labios partidos por el viento.  
……/al calor del humo esparcido por el tragaluz/ implacablemente cerrado por una maldición”  

Carlos, a su vez, finalizó con un poema al que se le tajeó concienzudamente, a pesar de hermosas metáforas, como:
“me hubiera gustado jugar/ a ser un puente”  

Vicente, por su parte , tras  críticas crípticas, propias de un lenguaje súper especializado, afirmó que el 70 por ciento de la fuerza de un poema la da la interpretación del rapsoda músico o cantautor, y para ello se apoyó, como siempre, en diversos autores; pero, a pesar de tantos eruditos que piensan así, confunden el acercamiento de la poesía, -siempre minoritaria, por medio del médium-rapsoda principalmente- al oyente que no le llega, con la esencia de la misma, con la fuerza que emana de la lectura silenciosa, para aquel lector que empatiza con el lenguaje poético como forma de expresar sentimientos que golpean los tambores en medio de la soledad de la estepa.

El poema está por encima del rapsoda.

Como decía un físico teórico:
El sentido del Universo es cantarse así mismo, a través, del hombre. Y yo añado, y por medio del arte, la ciencia o el amor. 

Finalizó, la tarde con una exhibición de Javier, que con su florín descuartizaba hábilmente  en el aire, una bandada de tomates lanzada  por la marinería. Eso sí que era malabarismo y demás. Jamás se vió semejante hazaña en los mares del Caribe. Terminada la faena envainó el florín, y con su aspecto de espada, Carlos dio una vuelta por el barco, entre vítores y aplausos.

Juan Manuel Criado Manzano
2 de julio de 2012

lunes, 18 de junio de 2012

32ª Jornada/V Año: Miércoles, 13 de junio de 2012



RECETARIO IMPRESCINDIBLE

Ingredientes

Por piezas, para que conserven todo su sabor, añádase:

- Un Javier (también conocido por Boss), un Alberto, dos Juanes (uno Antonio y otro Manuel), una Antonia, un Pedro (Catalán para más señas), una Juani (hermana de J. María Herranz), una Amparo, un León (de preferencia José), un Carlos (en sus tres variantes, Nosabe, Yasé y Ceballos), una Maria Jesús, un Aure (tal y como se hace llamar), una Ana, una Carmenfron y un Vicente.
-Una botella de vino tinto, un Ribeira Sacra del 2009.
-Un puñado de noticias frescas.
-Anécdotas surtidas, con el mejor sabor posible, como la del Monasterio de Cultura.
-Abanicos, dos.
-Sonrisas.
-Comentarios a media voz.
- Puñales (son imprescindibles para dar sabor).
-Poemas propios o ajenos, relatos, fragmentos de diario, alguna pieza musical, alguna foto. Libros, varios. Kikos picantes.
-Cerezas, dulces, de rojo alizarina y carmín Granza.

Modo de preparación:

Prepare una sala suficientemente grande, instale sillas -o en su defecto silloncitos- y espere la llegada de los ingredientes.
Permita que Javier lea su poema “Y NO ES CIERTO”, inspirado en una foto de J.Ortiz de Mendívil;  notará cómo se enriquece el guiso con su sabor esférico del deseo.
Haga lo mismo con Alberto. Disfrutará con la contundencia vital de Nazim Hikmet, un  poeta turco que escribió poemas tan lúcidos como “ACERCA DEL VIVIR” u obras más planas, a decir de los conocedores de la magna obra de don Miguel de Cervantes,  tal es su homónima “DON QUIJOTE”.
Espolvoree con un poco de Moral Oscilante, que se me antoja color cúrcuma, para evitar la palidez de su receta.
Agregue “CENTENARIOS EN EL CASINO” de Juan Antonio, un relato con protagonistas humanos y animales. Incorpore después “BOLTZMANN” de Juan Manuel, un poema que aúna al físico austriaco con suicidas menos ilustres; y deje que Aure recite “LOS QUE ME ACOMPAÑARON” perteneciente a su colección de memorias poéticas.  Los tres, como Aramis, Porthos y Athos, conseguirán perfumar de armagnac el guiso. Observará que la cocción va cogiendo cuerpo y un precioso color cercano al elegante rojo inglés. Eso es bueno, las letras, las palabras van liberando su aroma como las uvas brunas que sacian la sed de Maria Antonia en su poema “AGUA”.

Cuando el hervor constante y mantenido ligue la salsa, podrá sacar, a demanda de ellos mismos y de sus obligaciones -un apicultor que necesita ejercer su oficio, un tertuliano asiduo de otros lares, le bonhomme qui doit partir- a todos ellos. Su estofado no perderá con ello.

Deje que los recuerdos que duermen en el diario de Juani den un toque nostálgico y deje enfriar con “LA CASA EN LA NIEVE” de Amparo .Hasta su propio aliento se helará, bajo el aparentemente inofensivo mundo que se encierra en una bola de cristal, cuando el terror asome. 

Si lo desea, introduzca en su cazuela “LA MÚSICA DEL TITANIC” un poema-vals de León, proveniente del libro La inteligencia azul de los delfines, azul de Prusia entrelazado al ultramar sobre las olas. La música de sus palabras dará cuerpo a su salsa, le hará vibrar. Y no olvide una pizca de “PRETENDE FILIS” de Carlos, una composición saficoadónica que realzará las notas afrutadas de esta aliño.

Añada un chorreón del vino peleón del brick que María Jesús y sus “REFLEXIONES METAFÍSICAS DE UN MENDIGO BORRACHO” dejan a su disposición, glup, glup y remueva para que “LOS BUENOS DÍAS“ de Ana incorporen una gota de realismo,  gris, como el bituminoso acero de mi caja de óleos.

Antes de retirar el perol del fuego, añada una hojita de laurel y pimienta, que pique bien. Vicente le puede ofrecer un sucedáneo con “LAS MAL CASADAS”  de Luis Alberto de Cuenca.

Ponga la mesa, y disfrute de la buena comida, como de la buena literatura, hasta hartarse.


Paloma Hidalgo
14 de junio de 2012

miércoles, 13 de junio de 2012

31ª Jornada/V Año: Miércoles, 6 de junio de 2012

ENTRE CEREZAS


Dime esos nombres a los que nunca traicionarías
(Alberto Torres)


Antes que Carlos llegase con una caja de cerezas, Fede, el aprendiz de bitacorero, se encontró con Javier en la calle; ambos tenían una cita en el Café Ruiz con Paloma, recién llegada de Moscú, donde había estado una semana compartiendo Picas y algo más que vodka. Lo que pasó es que Paloma tenía a la misma hora clase de francés con Aure, con lo que Fede, un poco tapia y duro de oído, se incorporó a ellos e intentó seguir la conversación con lentos movimientos de cabeza, negando y asintiendo a la vez. Pasaron diez minutos, hasta que el aprendiz se dio cuenta de que el idioma empleado era el mismo que se hablaba más allá de los Pirineos. Sin embargo, Paloma le restó importancia, y sacó unos caramelos rusos: “Kopobka”, que eran como nuestros Huesitos, pero en pequeño formato. Afortunadamente, ella lo dijo en un español perfecto. Buenísimos que estaban. Cuando Fede lo apuntaba en su manual de nombres (quizá pensó que podía ser un nombre ruso), llegó Alberto de improviso, el cual no había quedado con Paloma, sino con Celia, pero le apetecía antes un café y apareció con mochila a cuestas en el lugar donde estábamos; nos encontró hablando de viajes. Fede le preguntó si era torero. Afortunadamente, Alberto le corrigió: bitacorero, aún sólo bitacorero.

Decía antes que el vodka era tema de conversación, pues Paloma, en su viaje, se encargó de probar todos los tipos habidos y por haber en Rusia. Precisamente, Fede, recién llegado de México D.F., se había descargado en su casa –según me contó- media botella de tequila Reposado y mezcal de agave. Mientras, León apareció en el Café con su portátil y visiblemente más delgado (por lo menos, así se lo hizo saber Paloma), el cual había quedado con Ana, pero esta aún no había llegado. Se acomodó entre las sillas y pidió de beber. En suma, el Café era un ir y venir de nombres como si fuera el café de Doña Rosa en La Colmena.

León tenía señales de estar contento y alegrarnos la tarde con una clase de Mitología magistral. Y así fue. Yusuf Ased Albacití –como a él le gusta llamarse- habló del Sol y de la Luna, que eran los ojos del Dios Horus, básicos de la vida humana. También habló de Zeus o Júpiter, de los dioses egipcios, del monoteísmo judeo-cristiano… todo un ensayo fabuloso que mereció el aplauso de los que allí se congregaban. Pero Fede, que recitó un poema recién hecho, hablaba de “soy un eunuco bajo la luz de los eclipses”. Por él hubo sonrisas y silencios.

La cosa siguió en lo alto, pues Aure, después del idioma galo y su plática con Paloma, recitó un soberbio “Te contaré las nubes”. Paloma, que es pintora y escultora, además de madre de tres niños, se manejó bien el lenguaje con Aure, practicaba el francés con un acento increíble, además de la lengua de los abanicos. Sin embargo, no supimos lo que se decían con tanto aire. Javier, hasta ahora en un segundo plano, presentó a la recién llegada Celia a Paloma; “encantada”-dijo esta, y algo no terminó de cuajar… Ana, la que había quedado con León, se presentó con ganas de beberse el mundo, también con un abanico inmenso, precioso. Como los vientos del Sahara, el bora o el lebeche, Pablo los recogió como si se le fuese la vida en ello; pareció llegar con el Siroco dentro, pues quería verse con León y hablar de la diosa de los vientos y de las aguas en la mitología finlandesa. Recién llegado de Tánger (escuché que pasa temporadas allí) Pablo nos deleitó con su “Mareamor”, y también con un nervioso y súbito poema sobre la crisis global, todo ello en alejandrinos. Casi nada. Desde antes, en el ambiente flotaba un ambiente extraño, pues Vicente, que nos leyó luego algo de la revista “El bombín cuadrado”, en la que escribe, hablaba de culturismo y de no sé qué vitaminas para los brazos, y también de testículos (esto venía por el poema de Fede) toda una serie de esdrújulos que realmente nos hizo reír.

Fue entonces cuando Carlos, recién llegado de su finca del valle del Jerte, hizo su aparición: nos regaló una caja de cerezas. No eran unas cerezas cualquiera, eran de un color inusual. Aunque rojas y brillantes, aquello era un color nuevo, una tonalidad diferente. Generoso, puso la caja sobre la mesa y dispensó unos platos para que pudiéramos saborearlas, entre todas las mesas juntas que apenas cabían. Para entonces, ya charlábamos con ruido, y aquella tertulia era un guateque de poetas, un auténtico guateque con desenlace ignorado. Y comenzamos a probar las cerezas… ¿A qué sabían las cerezas? Es cierto que estaban buenísimas, pero no podíamos parar de comer, de reír, de gesticular… Fue precisamente en ese ictus, cuando Paloma (que sabía lo que era el color y que nos debía una clase magistral sobre sus distintos tipos) nos deleitó con sus micro relatos y con “La mujer de su vida”. Puro nervio. Puro amor.

Javier, que había quedado con Paloma, pero que en realidad, también quería verse con Carmen, recitó “Mis amigos”, todo sensible y hablando maravillas de los poetas, de la poesía, que es “cintura (roja) para esquivar el dolor”. Carmen, con vestido estampado, bolso a juego y carpeta llena de versos, había quedado con alguien cuyo nombre no recuerdo ahora, pero lo cierto es que la vimos alegre, con su sonrisa calmada y su collar de misterio: al final, alargó su mano hacia el plato donde se conjugaba, como en una parodia, el hueso con la fruta.

Algo parecido debió pensar Alberto, cuando de súbito nos recitó su poema: “Te quiero esencial”, lleno de fuerza y con el corazón inquieto: “Dime esos nombres a los que nunca traicionarías” o “quiero tu alma en una bandeja”. Nada menos que en una bandeja. ¿Pero, a qué sabían las cerezas? Supe que algo estaba ocurriendo, pues Vicente (¿o se llamaba Federico Trillo?) habló de “5 mg de haloperidol tres veces al día” o de algún nombre parecido, de una sustancia a la que Ana, la del abanico, estaba acostumbrada a escuchar, pues replicó a Vicente que eso era medicina para los vejetes cuando se les tiene que dormir en un sanatorio. El mismo Vicente también habló sobre la bipolaridad y la esquizofrenia, unos temas, por cierto, de un rojo frenesí, y de Santa Teresa, que era epiléptica. Ana, en ese preciso momento, aprovechó para leer “Fruta robada”, un original poema sobre un hurto más allá del río Miño. Fede le preguntó si era un poema erótico, y ella, despechada, lo negó, aunque después dijo: “es que estoy excitada con las cerezas”. Y aún dijo más, casi en diálogo morse: “¡pues tú has hablado de los eunucos!”… Celia, al acecho, miró hacia otro lado, como si en el ambiente se detuviera un cierto gas de la risa…

Al final, Carmen leyó un relato corto sobre un mandarín y una cortesana, cuando ya los platos estuvieron vacíos, o mejor, llenísimos con huesos, es decir, con la cereza desnuda. Carlos habló de las órbitas elípticas y de los amigos de Mob, palabra por cierto que puede significar acoso. Y todos estábamos allí sobrecogidos, con la voz quebrada, saboreando las últimas, las esenciales y redondas cerezas… Algo se volvió tragedia y dolor en ese instante, epílogo sin remedio, porque Paloma Sánchez -la otra Paloma- recitó “escribir un drama es más fácil que la risa” y “en el nombre de nadie, por los siglos de los siglos. Amén”.

(No sé qué pudo pensar el aprendiz de bitacorero, si se marchó con un buen sabor de boca, o si intuyó que aquello no hizo más que empezar. Creo que se quedó con una buena impresión. Un día después quedé con él y no le quise preguntar, pero me regaló su catálogo, su sencillo manual de nombres. En él, estaban recogidos todos aquellos que aquella tarde tuvieron una cita en el Ruiz).



Federico Monroy
10 de junio de 2012

martes, 12 de junio de 2012

30ª Jornada/V Año: Miércoles, 30 de mayo de 2012

“Ava Gardner reincarnated as a magnolia”

A veces uno no sabe si debe contar entre los contertulios a los autores que se nombran. Porque me da la impresión de que cada vez que nombramos a uno de ellos toma su silla y se acerca a la mesa del Ruiz con nosotros para hablarnos de su obra.

Pero es que eso sucedió el miércoles 30 de mayo de 2012.

Porque en la Tertulia del Ruiz tomaron asiento John Steinbeck junto a Robert Louis Stevenson, fueron los primeros. John de la mano de León para hablarnos de su libro “Los hechos del rey Arturo” y Robert Louis de mi mano para recordarnos la maravilla de su “Isla del Tesoro”.

Y allí estábamos los cuatro cuando se fueron acercando a la Tertulia Mercedes Rodríguez de la Torre junto a María Antonia Copado, Juan Antonio, Amparo -nuestra insigne traductora-, el joven Andrés París y Alberto Torres, Paloma Sánchez, Ana González, María Jesús y Carmenfron.

Y la conversación inicial en la que participaban Steinbeck y Stevenson giró en torno a locos y visionarios y planteaban que en qué época hubiéramos querido vivir. “En el siglo XVIII, el siglo de las luces”, dijo León sin dudarlo.

León-Steinbeck regalan su libro y la más rápida en pedirlo es Mercedes. León-Steinbeck le arrancan la promesa de que debe dejar la lectura que tenga ahora entre manos para empezar sin demora el libro. “Esta noche mismo”, afirma ella.

Mercedes nos anuncia que el miércoles 6 de junio de 2012 hará una lectura dramatizada de una obra de teatro de la que es autora: “Un día cualquiera”. En esa lectura interviene también nuestro compañero poeta José María Herranz.

Mª Antonia anuncia que ella no podrá ir pues estará de viaje por tierras gallegas.

Comenzamos a leer y es León quien inicia los turnos con dos poemas. “Corpus Sapiens”, un acertado soneto que irá para la próxima edición de Poesario. Y otro magnífico “Toulouse-Lautrec intuye su próxima muerte”.

Del fondo del pasillo surgió la figura, que acerca su silla a nuestra mesa, del poeta José Agustín Goytisolo. El gran poeta de la generación del 50 nos recuerda su idea de que él prefiere que recuerden sus poemas aunque no recuerden quién los escribió. El poema sobrevive al poeta.

Le contesta León a Goytisolo con una frase-adivinanza quizá: “Lo importante del cometa es su brillo y no su estela”.

Mercedes nos lee de su libro recientemente publicado un poema lleno de emoción: “Recuerdo postrero”. Mercedes es poeta pero sobre todo rapsoda. Aparece en su poema el término “calcinado” y hablamos del buen uso de la palabra. Referida a la combustión de seres vivos. Aparecen en la conversación términos mal utilizados como “álgido” que significa el punto de menor temperatura en un proceso físico y sin embargo se utiliza en sentido opuesto. O “explotar” como mal sinónimo de estallar.

Y planteo yo qué diferencia hay entre asombrar y sorprender. Miro a Steinbeck y a Stevenson que miran a su vez a Goytisolo y asienten. Saben la respuesta pero con un gesto les pido que guarden silencio.

Asombrar viene de sombra, tiene un componente de miedo, de susto.

Juan Antonio dice que desde el punto de vista de la Psicología llevamos una sombra dentro.

A raíz de este asombro y de su miedo, Mª Antonia nos cuenta una experiencia que tuvo que definimos como un viaje astral por lo que cuenta.
Sintió miedo de no poder regresar a su cuerpo.

Lee Mª Antonia su poema y aparecen símbolos como la roca –que para ella representa al amante- y Dédalo. Hablamos de Mitología. Le contamos a Andrés quiénes eran Dédalo, Ícaro, el Minotauro, Ariadna… entre León y Amparo desentrañan el misterio.

Decidimos que el próximo día vamos a iniciar una nueva sección en la Tertulia. Uno de los rascamanes se encargará de contarnos a los demás un episodio mitológico. León se ofrece voluntario para el próximo miércoles.

Lee Juan Antonio una nueva versión de su poema “El viento del Sahel” que leyó en la anterior tertulia. Ha cambiado algunas expresiones. Mejor, mucho mejor ahora.

Llega un SMS. Lo recibe Alberto: Amelia ha tenido una nieta. Acaba de nacer. ¡Enhorabuena Amelia!

Alberto defiende una máxima: “hay que evitar la unión de adjetivos seguidos si no aportan nueva significación al adjetivo primero”.

Antes un SMS y ahora una llamada a mi móvil. Es Sagrario, que se acuerda mucho de nosotros pero que anda malita y no puede venir a la Tertulia como ella quisiera. Ponte buena en seguida, te necesitamos.

Turno de lectura de nuestra traductora. Y, mientras saca de su carpeta el folio que va a leer, entran por la puerta del brazo nada menos que Ava Gardner y la escritora canadiense Margaret Atwood. Ava Gardner nos mira con sus ojos felinos y tristes.

Amparo ha traducido el poema de Atwood (y Margaret Atwood está muy feliz por ello) titulado “Ava Gardner reincarnated as a magnolia”.

Las dos, Ava y Margaret, al igual que todos nosotros (y John y Robert Louis y Goytisolo) escuchan con los ojos muy abiertos y emocionados la lectura. Primero, una parte del texto original en inglés. Después, la versión en castellano de Amparo.

Impresionante traducción. Ava –le brillan los ojos- arranca a aplaudir y todos la seguimos.

Después de esta lectura, es el turno de Andrés París, su poema contra la guerra con versos como “la instantánea costumbre del reloj de cuco”. Gran poema. Andrés tiene mucho que decir en Poesía, y lo veremos.

Alberto Torrres, nuestro novelista cumple su promesa. Ha traído su primera novela publicada para leernos parte de un capítulo. “Morir a la hora del té” está escrita en 1997. Un año y medio de escritura intenso, nos dice.

El capítulo que nos lee transcurre en 1872, durante el reinado de Amadeo de Saboya y se titula “Atardecer en Villa Victoria”. Nos ha encantado. Le pedimos una copia de su novela. La distribuiremos entre los compañeros de la Tertulia y la leeremos con sumo interés.

En silencio, apenas nos dimos cuenta hasta que ocupó su sitio junto a Goytisolo, llega el poeta Claudio Rodríguez. Viene a escuchar a Paloma Sánchez decir de memoria un poema suyo, del libro “Don de la ebriedad”: Siempre la claridad viene del cielo…

Y lee Paloma el texto en el que trabaja, sus Cantos.

Esta vez, sin saber que está emulando a Ava Gardner, es Claudio quien arranca el aplauso, se le une Ava y después todos nosotros. Ambos me miran, cómplices.

Esta tarde han sido dos los aplausos: para Amparo y para Paloma.

Casi estamos cerrando Tertulia.

María Jesús ha traído una obrita de teatro, con dos personajes, uno masculino y otro femenino. Juan y Lola y los interpretan Alberto y Paloma. Las Torres Gemelas caen como fondo del drama.

Carmenfron nos lee un relato “Eboly”, una historia violenta con final trágico en el que triunfa desgraciadamente la xenofobia. Es parte de una trilogía, nos aclara Carmenfron.

Ana González nos invita a lo que hemos consumido. Hace poco fue su cumpleaños.

Recogemos nuestros papeles, nos despedimos. Steinbeck, Stevenson, Goytisolo y Claudio, Ava y Atwood y también un tímido Toulouse Lautrec que ha permanecido de pie, escondido, en silencio tras la columna salen mientras nos prometen volver.

Antes de irse, Robert Louis Stevenson me pregunta por Rocío. “Ella sabe por qué”, me dice, “compartimos algunas cosas…”

La Tertulia de hoy se cierra. Pero ya estamos pensando en el regreso el próximo miércoles.
Y Goytisolo me repite desde la puerta: “Que recuerden nuestros poemas, nuestros relatos, no importa que olviden nuestros nombres”.


Javier Díaz Gil
12 de junio de 2012


miércoles, 30 de mayo de 2012

29ª Jornada/V Año: Miércoles, 23 de mayo de 2012

EL CRIMEN DE GUSTAVO ROSAS


El Comisario apuntó la posibilidad de que el asesino de Gustavo Rosas, el crítico literario de El País, fuera un miembro de la Tertulia Rascamán.

-Pero Comisario, hoy es miércoles, hay fútbol, televisan al Celta de Vigo, se juega el ascenso a primera división -objeté.

-No intentes corromperme, Maireles.

¡Hay que joderse! ¡Aquí siempre damos la cara los mismos!

Acudí al Café Ruiz de Malasaña con dos poemas prestados de mi prima Sole, uno titulado “Amanecer” y el otro “Atardecer”. Me busqué un pseudónimo, Álvaro de Lagos. Y llegué a eso de las siete, un poco tarde, para que no me inflaran a preguntas.

-Sí, soy fan de Antonio Machado, de Miguel Hernández y de San Juan de la Cruz -les aseguré-. Me gusta la Poesía sencilla.

Y les recité “Amanecer”. Y luego “Atardecer”. Creo que la poesía de la Sole alcanzó cierto éxito. Pero no he venido a hablar de mí.

He venido a hablar de la mierda de País en el que se ha convertido España. De la corrupción que lo asola todo, incluso los jurados de los premios de Poesía. Gustavo Rosas pertenecía al Jurado del Certámen “Primavelia”. Y por eso lo mataron.

-Vaya -dijo el Jefe de la Tertulia, Javier Díaz, con una mirada perspicaz-, ¿y cómo nos has encontrado?

-Por Internet.

En esta ruina de más de cinco millones de parados, hay gente que se dedica a la Poesía. Y otros llevan años escribiendo una novela. Saben que no se comerán un colín. Y persisten. Francamente conmovedor.

-Vamos Maireles, cuéntame lo que viste –apremió el Comisario.

Lo que vi es un paréntesis. Sí, un paréntesis. Nueve hombres y mujeres buenos. Lo que vi es la esperanza en el fondo de una Caja de Pandora. La Orquesta del Titanic.

El primer sospechoso se llamaba Andrés París y tenía dieciséis años. Se destapó con un poema sobre algo que se pierde, escrito entre las estaciones de Sol y Bilbao. Un poema rápido. Un metropoema. “Te diré lo que dirás”, dice Andrés. “No irás a las tres”. No está mal para cuatro estaciones. Sol. Gran Vía. Tribunal. Y Bilbao. Volverás al Metro, Andrés, con tu inocencia de caballos.

María Antonia Copado nos recuerda que no ve bien, pide que alguien lea su poema, con su cara llena de luz. Es solo un escorzo del primer poema de su próximo libro. Avisa: “Me voy, terminó mi ciclo.” ¿Adónde vas María Antonia? “Soy libre y es todo mío”. No hay más que hablar. A tomar por saco. El que quiera entender que entienda.

Juan Antonio Arroyo ha hecho los deberes. Se ha puesto las pilas y ha escrito un poema titulado “Viento del Sahel”. Hace calor en el Ruiz, ahora más. “Llega el calor sureño…”, empieza el Poeta de Colmenar. Consigue el general beneplácito, pero el público entendido le exige que prescinda de la palabra “leonados”. Accede.

Turno de Javier Díaz, el capitán del invento. También ha hecho los deberes que puso él mismo. Bien hecho, dando ejemplo, no como Reyes y Políticos. El poema se titula, lógicamente, “Viento del Sahel”. Advierte del peligro de colocarse en la diana, especialmente en los días de calor. Alguien menciona a Kafka.

Rocío Díaz es una narradora de lo cotidiano. “Nunca le gustaron las máscaras…”, afirma de la protagonista de su relato, una desempleada a la que no se le caen los anillos. Sube la temperatura. “Carnaval carnal”, como su nombre indica, es un relato erótico. Habla de un sex-shop y de las herramientas del placer. Rocío tose, se atraganta. “Me muero”, anuncia Rocío, pero no es verdad, es solo un recurso dramático. Sobrevive y concluye. Deja preguntas. ¿Qué haría usted si vinieran mal dadas? ¿Alquilaría su cuerpo?

Carlos Yasabe tiene barbita y estuvo en África. Tal vez allí se endureció, o se ablandó. “Dadme la consideración de un arrecife”, proclama. Me preguntan qué me parece el poema y aconsejo prescindir de adjetivos. Según he oido, los adjetivos tienen mala prensa y quedas como un príncipe poniéndolos a parir. Alguien saca el cuchillo y divide el poema en tres partes. Sí, ahora tiene mejor pinta.

Carmen Frontera escribe cuentos. Este lo sitúa en oficina bancaria. Una de esas que si se hunde nos hundimos todos. Luego, por lo tanto, no podemos permitir que se hunda. Lo titula “El horóscopo”. El amor acecha en lugares insospechados, también en el mostrador de una entidad bancaria. Este es un amor puro, sin intereses ni comisiones. Él, géminis; élla, capricornio. Pero al final, vencen los plazos y la letra pequeña.

Celia Cañadas genera un debate en las alturas. Alguien saca un libro de texto. Oxímoron: contraposición de dos términos en un mismo sintagma. Sí, eso es lo que ha hecho Celia con “Creatividad destructiva”. Su libreta esconde sorpresas que aún ha de pasar a limpio. Celia nos lleva de paseo: “Caballos fiscales secuestraron la voluntad del poeta”, nos confiesa a los mandos de su coche. Formas de pasar la ITV.

La sospechosa número nueve, Amelia Peco, llegó con una cámara de fotos provista de zoom teleobjetivo. ¿Qué nos cuentas, Amelia? “Hay un espacio que limita la cordura”, responde. ¿Qué más? “No hay piernas”. ¿Qué más? Ni corta ni perezosa, Amelia nos recita de memoria un poema erótico de su obra Canto a Lilith. Es la calor. La calor otra vez en el Ruiz. El surco y el arado. Y estamos en mayo.

-¿Quién mato a Gustavo Rosas, Maireles? –el Comisario insistía, solo pensaba en cumplir objetivos.

Yo sé quién mató a Gustavo Rosas. Pero no lo diré mientras en este País se sigan haciendo mal las cosas. Aquí siempre trabajamos los mismos. Si en lugar de ser aficionado del Celta de Vigo fuera hincha del Real Madrid, me habrían dado fiesta. Ya hay demasiada gente en el paro y las cárceles están llenas. Me cago en la prima de riesgo, en los mercados y en esos jefes invisibles que mueven los hilos.

No moveré un dedo contra la Orquesta del Titanic.


Alberto Torres 
28 de mayo de 2012

viernes, 25 de mayo de 2012

28ª Jornada/V Año: Miércoles, 16 de mayo de 2012

Tras un salto al unísono se arrojan como tres rayos a las tranquilas aguas del Caribe...

Habíamos hecho una parada en altamar, después de la tormenta que tuvimos que sufrir horas antes, en las que apenas pudimos soportar las primeras ráfagas de viento, por más esfuerzos que hicimos para mantenernos en pie. Las gorras marineras volaban por doquier, y era digno de ver el correr tras ellas por parte del personal de cubierta sin conseguir atraparlas. Eran unas singulares carreras en pos de un caballo que marcha al trote y que cuando lo vas a coger emprende el galope. Galopada marinera en pos de las gorras, hasta que comenzó a apretar la tormenta, y la tropa se dedicó a otros menesteres más urgentes. Viento, lluvia y relámpagos, y el barco que se balanceaba entre las crestas de las olas, que hacía sentirse a sus ocupantes, como los viajeros en una diligencia, llevada por desbocados caballos en un camino abrupto, lleno de baches, peñas y guijarros, a punto de darse la vuelta.

El sol era espléndido, y las aguas estaban tranquilas e incitantes. Aureliano tras hacernos callar, echó mano de su flauta, y nos obsequió con el pregón siguiente:

“Me permito recordar, con permiso de la autoridad incompetente, que el próximo día 29 a las 19 horas tendrá lugar la presentación del Poesario de Rascamán en la Biblioteca Manuel Alvar, sita en C/Azcona 42”

Aplausos de la concurrencia y Rocío nos lee un cuento, premiado con un Accésit en la ciudad de Santurce, en las que nos relata las vicisitudes del ama de casa, que está hasta las narices de un marido comodón, al que manda a hacer puñetas, tras tomar las de Villadiego. Vicente toma la palabra para disertar sobre determinados tecnicismos, que enmarcan los relatos, dando numerosas indicaciones sobre la conveniencia de utilizar la tercera persona; pero la concurrencia tiene opiniones dispares. A continuación nos obsequia con una crítica, que ha entregado en la facultad sobre un magnífico poema de Adolfo García Ortega, sobre el amor en medio de la desolación de la guerra. Aureliano tras hacer piruetas en la borda, nos lee un poema en el que aconseja a los adolescentes sobre la poesía, terminando con “Sin ella no se vive/ sólo de ella tampoco”. Acto seguido Carlos, arrojando la espada a cubierta, nos recita su poema: “Zona de confluencia”, poema social con ritmo caribeño. Después de algunos comentarios, nos quedamos perplejos al observar como Rocío, Carlos y Aureliano, tras un salto al unísono se arrojan como tres rayos a las tranquilas aguas del Caribe. Risas de los presentes, que les increpo por su inconsciencia. Tras reponerme vuelvo a los bañistas, y les indico que vuelvan al barco.

-¡Volved al barco, que aquí los tiburones tienen mucha mala leche!-les grité. Pero ellos que si quieres arroz catalina, dando vueltas a nuestra embarcación de 200 metros de eslora, y nosotros ordenándolos que subieran a bordo. Ni caso. A lo suyo.

-¿Qué es este barullo? -inquirió nuestro Capitán, añadiendo cuatro tacos bien pronunciados. Estaba cabreado. Siempre que le despertamos de la siesta, suelta cuatro culebras hasta que se repone. Le pusimos al corriente de la situación, y rápidamente, tomando el catalejo oteó el horizonte, y tras cierta indecisión, ordenó al más hábil marinero, León, subir al palo más alto, pero el muy condenado nos puso de los nervios tras decirnos, que sólo subiría cuando leyese su poema “Paisaje con figuras”, poema en el que imágenes como “después de todo aquello que incendiara la música”, nos envolvieron unos instantes. Acabada la lectura, raudo y contento trepó al palo más alto armado del catalejo. Seguimos ordenando a los bañistas que volvieran; pero ellos a lo suyo.

-¡Tiburones a la vista!- gritó León.

-¡Volved al barco!-gritamos todos. Y ellos nada que te nada.

-¡Ya están llegando a los nadadores1- rugió alarmado León.

Fueron unos momentos de tensión inolvidables, en los que toda la tripulación arrimó el hombro desinteresadamente. Echamos unas redes al agua, y en una de ellas pescamos a Rocío y Carlos, que nos hacían señas amenazadoras. Más bien perecían insultos, y otros sonidos ininteligibles, porque estaban compuestos por una secuencia de nuevos fonemas, quizás provenientes del arameo, según me indicó, más tarde, Vicente. Uno de los tiburones, cayó en la red metálica. El otro, se entretenía persiguiendo a Aureliano, que a sus 75 años nadaba más deprisa que el depredador marino. A las 30 vueltas y a esas velocidades, el tiburón desistió de su objetivo sanguinario, virando hacia altamar, con las aletas decaídas y preso de una gran depresión. Por nuestra parte, lanzamos varios ¡hurras!, y ayudamos a Aureliano a subir a bordo, que reía sin darse importancia de la veloz hazaña. Tras el natural bullicio y variadas felicitaciones, Alberto nos leyó el poema “Despedida que alumbra”, emotivo, y en opinión de alguno, un poco cercano a la prosa poética. Mª Antonia nos leyó “En uno sólo”, en el que nos narra el canto de la unión de dos cuerpos enlazados por el amor. Paloma, por su parte, nos leyó una serie de mini relatos, en los que nos siguió sorprendiendo con sus cierres. Amelia, nos leyó un pequeño poema de amor, enmarcado en el libro contextualizado en Edipo y Artemisa. Muy denso, como todo lo que suelo leer.

La marinera Ana no se enteró de nada, porque permaneció todo el tiempo en la cocina, y tras subir a bordo, bajó de nuevo, dejándonos con tres palmos de narices.

Por su parte Javier, el Capitán, no leyó porque se había quedado sin voz de tanto chillar, con el asunto de los tiburones.

Otra vez será.

Ah, se me olvidada, el menda leyó su poema “Subsaharianos”. Javi me indicó, que no abusase de los adjetivos. Tomo nota.

Juan Manuel Criado
22 de mayo de 2012


jueves, 24 de mayo de 2012

27ª Jornada/V Año: Miércoles, 9 de mayo de 2012

UN CIRCO DE PALABRAS


Aquella tarde del Ruiz, tenía algo circense, aprender tod@s a lanzar cuchillos amorosos, nunca matadores ni siempre, cerca de cada miembro que exponía su suerte. Lo importante era hablar y atinar, aunque no todos tenían que lanzar eso sí, sin dar al cuerpo, claro…, pero cerca, casi junto a la piel.

La lona silbaba por encima de todas las cabezas, preparadas ya para los lanzamientos.

Bajo el toldo estábamos, en una cuerda que se hizo pronto gruesa, un buen número de circenses del habla, y si no me olvido al menos fuimos veinte llegando en caravanas: Juan Manuel, Juan Antonio, Mª Antonia, Rocío, Javier, Enrique, Amelia, Paloma H., José L., Alberto, José María, Paloma S., Isabel, Andrés, María Jesús, Carlos, Fede, Carmen, Vicente y Celeste.

Se recuerda un vídeo de Sosa, “del arte y los sentidos..”, y de paso sabemos de la adolescencia que transita saludable en la hija de Paloma H.

Aparecen los primeros lanzamientos con la noticia de conferencia de “dietética”, a la que acudirán en seguida Enrique y Amelia, marchando pronto del circo. Hay un cuchillo sobre sandía, un producto sexual, del que han de aprender… ¿es afrodisíaca?

José L. no tiene Internet, pues en el circo no hay posibilidad de conectarse debido a ciertas fieras que lo impiden.

Llega un descanso con novedades: ha escrito Fernando S. a Mª Antonia y en los próximos días no circenses, los días 17, 25 y 29, de mayo serán de acontecimientos rascamaneros, pero fuera de esta lona. La última fecha será por la colgadura ósea-Rascamán que ha repegado Aureliano con gran esfuerzo, debido al cimbreo de los esqueletos, donde están expuestos vestidos con palabras. No se sabe si será un acontecimiento nacional.

Se vuelve al tema sexual que sugiere Amelia: lo bueno que es para los chicos los dátiles y las almendras, se lanzan cuchillos aceptando varios la receta con socarronas sonrisas.

Pero ella nos habla de amor y de fuego, aunque a veces podamos ahogarnos… Y además, ¿Serás azul, hija del Sol...? Se confiesa abuela muy, muy joven, de una nieta que viaja hacia este circo. Hay burros y norias cerca del circo, que recuerda esta abuela.

Luego entra Juan A., en el aposento mortal de Don Quijote, ¡qué diántre!, no se muere todavía y recibe una sorpresa. Le recuerda entre geranios y gorriones, casi no muere natural, sino del navajazo de una de sus criaturas. El milagro circense fue que el lector tuvo sin habérselo propuesto días antes, una lectura continuada en el Círculo sobre el tal Libro sin saber que donde le dijeron que leyese, allí estaba exactamente el cacho oculto que le pasó por su imaginación y no por la de don Miguel. Los cuchillos llegaron con amor certero.

Luego, el circense Juan M. saca ese puñal poético que es más bien un acero que sirve para descuartizar sombras…

Se lanza un cuchillo especial: “hay asonancias que asuenan...”

Después, el poeta relata que en la ciudad, cerca del circo, hay ”La Basura”, quedan detenidas las dos últimas palomas, parece que son nuestras dos Palomas, pero no, son animales del circo.

Por fin resuena bajo el manto aireado la voz de Mª Antonia, pero en medio se cuela una noticia cuchillera, de un amigo de Paloma S. detenido por acoso, al no estar bajo esta lona…

María pone dulce la tarde circense con “Sal de Ahí”: la vi a ella, no la llamé, me contuve. Una nueva atmósfera se crea en el circo…

Rocío entonces se sitúa en el tapiz y nos lleva memorable a “La chica del Bloque 112”. Puede venderse un piso, pero permanece el amor y continuar ese recuerdo repetido del bocata de hígado…, y allí sigue ella tocando el violín, seria, recién peinada. Mas llegó la despedida pero en el Auditorio, después de cuarenta años, se recompuso todo, estaba otra vez con su violín… La narradora recibió cuchillos que besaron su piel, por su acierto al narrar tan circense.

Andrés entra al trapo bajo la lona con “Amaneceres y piedras preciosas”, es suma de poema-narración: templadas madrugadas, caballo solitario, rosas, campo, princesas…, mujercita nevada de blancos copos. Los que oyen se sienten por un momento camperos, a la vuelta de la puerta del circo, sienten amores juveniles.

Entra en acción Javiboss con un gorro tocado de colores, donde se lee “De qué me sirve”..., y le sirve para ser eterno y superar las noticias amarillas con grave destreza. Demuestra que la muerte se camufla en fantasmas, con imágenes detenidas.

Entra al escenario Paloma H. que sin título evoca que hay que pararse y esperar para ver quién se ríe de la vida…, demuestra, circense, que no vale esperar, a riesgo de que la misma vida se carcajee de un@ por no actuar. Cuchillos amorosos y vitales recibió, sin sangre. Recibe caricias cuchilleras.

Entonces Paloma H. con Ovejas y Corderos, nos transportó en una nube en dirección a la música del Circo Price, que allí tocaron los Relámpagos, teloneros de los Beatles, aparecen las drogas, el sexo y el alcohol, los boleros, el fox-trop y cómo condicionaban aquellos abuelos contramelenarios. En el festival de Rock, se encontró con el pelirrojo, ojo derecho de una tía…, que tuvo a su hermana de carabina. El calor cuchillero entonces nos afecta y aparecen envíos más sangrientos, sin dañar la piel, eso sí.

José L. a pesar de su queja razonable hacia algunas fieras, nos sacó del tapiz al exterior para recordar que los ladrones como Alí Babá, pueden llevarse todo, menos la Luna, ser visible que efectivamente comprobamos. Pero hubo enfado cuchillero, que pudo amortiguarse por las habilidades de lanzar junto a las de no herir. Ello se demostró, cuando León, ya otra vez dentro del circo nos transportó a “Ma non e vero”, que es el amor quien dulcifica, entre los dioses y las brasas paralelas, lengua del mar, te beberé.

Entonces tuvo su turno Paloma S. con su Canto XV, que había sido acusada de fragmentaria. El cuerpo puede estar sonámbulo, al soñar, y el dolor es un vicio que se aprende. Hay tantos mundos, como tristezas se desprenden de las ramas… El canto XVI contiene el sentido de saber ser importante y volver de nuevo a vivir, tal que un renacimiento. Aparece un cuchillo que vuela por el aire sobre si habla un perro y otro sobre la actuación como clave al contar los cantos. Luego Alberto lee entonces los cantos y quedan los cuchillos enamorados y vividores.

María Jesús, que llegó algo tarde al circo, nos trae bajo el brazo a las Meninas. En este lienzo hay peligros de espionaje, pues la Infanta habla encantada con guiño incluido. Su pincel fue su cámara, que mágica captó el secreto…Todos expectantes sin lanzamientos.

Carlos va cerrando la tarde circense, con “Afectos y Efectos”, la lona va quedando ya con menos público…El caso es que ella se encuentra con su doble o tal vez era ella misma, pero no la ve ni toca con la lengua, el problema es: nadie habita la casa sino yo.

Ya se acabaron los cuchillos.

Pero el final de la fiesta lo trajo Fede, con curiosamente, “Principio”, algo tan universal como es eso que nos pasa a todos desde chiquitines: cuando llora un niño se construye el universo…

El colofón lo trajo una visita inesperada inmigrante que separó la puerta de tela: Vicente, que con “Anabel Lee”, se recogieron todos los instrumentos al deleitarnos con una musicalidad impresionante que era el mismo amor pronunciado, parecía que Allan Poe estaba allí recordando a William, o tal vez a Miguel…

De nuevo marchamos a nuestras casas, habiendo tomado amorosos lances propios de aquella lona del Ruiz, ahora llamado Café de Rascamán, por la muerte de cuatro letras viejas que han parido siete hijos, tres trillizas y cuatro varones.


Madrid CAFÉ DE RUIZ


Juan Antonio Arroyo
22 de mayo de 2012