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martes, 31 de marzo de 2009

23ª Jornada/II Año: Miércoles, 25 de marzo de 2009

"El Pabellón nº 6", Anton Chejov


Jueves, 26 de marzo de 2009

UN GRUPO DE RASCAMANEROS SE REÚNE EN MADRID PARA HABLAR DE CHEJOV Y ACABA DISCUTIENDO SOBRE RADIOGRAFÍAS

La cita, en el Café Galdós, iba a ser un monográfico sobre la obra “El pabellón nº 6”, escrita por el autor ruso.

D. L. M. Madrid. A la tertulia, convocada para la tarde del día de ayer, 25 de marzo, acudieron, por este orden: Javier, Vicente, David, Rocío, Celia, Laura, Sagrario y Ángeles. Javier abrió el debate lanzando al aire la siguiente pregunta: “¿Quién cuenta la historia de El Pabellón nº 6?”, a lo que David contestó: “Pues Chejov, ¡quién va a ser!”. Fuentes consultadas por este periódico aseguraron a nuestra Redacción que con su respuesta el tal David pretendía hacerse el gracioso. Javier subsanó el desatino de su compañero argumentando que la idea de Chejov fue la de hacer lo que técnicamente se conocía como “novela en marcha”, según la cual, el narrador pasaba por ser un personaje más de la obra, aunque sin serlo en realidad.

Por su parte, Laura, la participante que había llegado a la reunión con su título de recién licenciada universitaria bajo el brazo, prefirió incidir en el aspecto enfermizo del personaje que el autor ruso denomina meschanín: Laura informó a la concurrencia de rascamaneros que la afición de este individuo por coleccionar medallas no escondía sino el mal de los delirios de grandeza. Un mal que, en opinión de esta Redacción, ni el paso del tiempo (ha transcurrido más de un siglo desde que Chejov escribiera El Pabellón nº 6) ni el progreso de la Medicina han logrado erradicar de nuestra Sociedad.

En su ponencia, Ángeles hizo referencia a la densidad y la repetición excesivas que, bajo su punto de vista, acusaban las descripciones de los personajes que realizaba el autor ruso. “Debes tener en cuenta que se trata de una obra del siglo XIX”, replicó Vicente, quien además insistió en la vertiente “creacionista” del relato, estimando que en la base del mensaje de El Pabellón nº 6” palpitaba la necesidad de creación que acompañaba siempre a todo ser humano. Este comentario propició en el seno del Galdós el primer debate encendido, germen de lo que vendría después, acerca de lo que debía entenderse como creatividad o no. ¿Acaso se podía considerar como forma de creatividad la realización, por ejemplo, de flores de papel?, se preguntaron unos. ¿Acaso sólo había de considerar creatividad a la producción que nacía de la siempre elevada, distinguida y hermosa cual sirena Poesía?, se preguntaron otros. Vicente remató su alegato comentando que las verdaderas víctimas de la pluma de Chejov no eran otras que la sociedad y el primitivismo imperante en la Rusia de entonces. Al hilo de su observación, todos los presentes coincidieron en que, trasladado al momento actual, era ese aspecto del relato lo que desgraciadamente le confería vigencia plena

A continuación, Javier volvió a tomar la palabra para afirmar que el principal conflicto que Chejov planteaba en su relato era entre la Fe y la Razón, aunque también se hablase en él de la Culpa. “En todo país católico”, intervino entonces Sagrario, “la culpa viene impuesta desde fuera”. La opinión de Vicente al respecto fue que lo bueno de la Culpa era que podía ser considerada como un método perfecto de limpieza interior. “Yo creo que en el Pabellón nº 6 se habla de la condición humana, pero en general”, soltó de pronto David, lo que pareció dejarle tan a gusto. Para cerrar la discusión, Javier concluyó que los dos personajes principales de El Pabellón nº 6, a saber, el enfermo Iván Dimítrich Grómov y el Médico Andrei Efimich Raguin “no eran sino dos almas gemelas”.

Todos los allí reunidos dieron por terminada la primera parte de la tertulia a eso de las 20:00 horas. Seguidamente, se pasó a las lecturas. Sagrario recitó dos bellos poemas. El primero comenzaba con dos versos que eran toda una declaración de intenciones: “Restos del naufragio / amenazan con salir a la superficie”. El segundo de los poemas contenía un verso que trajo a la memoria (nunca mejor dicho) de los contertulios la figura del escritor uruguayo Mario Benedetti: “Memorias llenas de Olvido…”

El último turno fue para Rocío. Esta rascamanera leyó un relato que ya había traído en una sesión anterior, aunque inconcluso. La obra hablaba de las dudas que perseguían a una adolescente y que gustaban de esconderse en su fondo de armario. El periodista que suscribe este artículo quiere rescatar ahora una frase del relato que le conmovió profundamente al escucharla: “La adolescente cree que a cierta edad ya no se tendrán esas preguntas ni otras, porque todo será cierto, será seguro”, decía. La historia escrita por Rocío se resuelve con una radiografía de la protagonista, lo que encendió la chispa que prendió el fuego que quemó la mecha que hizo explotar la bomba en la tarde-noche en el Café Galdós: a partir de ese momento se inició por parte de todos los rascamaneros una acalorada discusión entre los que estaban a favor y los que estaban en contra. De las palabras finas se pasó a las palabras gruesas, y de ahí, a los hechos: el resto de la clientela que a esa hora permanecía en el Café se alineó de una parte o de otra, por lo que de lado a lado del Galdós comenzaron a llover tazas, vasos, botellas, azucarillos, donuts, pinchos de tortilla, entre los dos bandos enfrentados. Por suerte, una de las camareras del local, Lady Noise, estuvo presta y avisó a la policía. Los antidisturbios acudieron en menos tiempo del habitual y en pocos segundos desalojaron el local a porrazos. De madrugada, el juez que instruye el caso dictó el secreto del sumario y dictaminó la prisión provisional sin fianza para los participantes en estos altercados.

A la hora de cierre de esta edición, la última información que ha llegado hasta la Redacción, enviada por nuestro corresponsal desplazado al Centro Penitenciario, es que Javier, Vicente, David, Rocío, Celia, Laura, Sagrario y Ángeles han ingresado en él sin llegar a ponerse de acuerdo acerca de si el relato de Rocío requería un final con radiografías o quedaba mejor sin ellas.


David Lerma Martínez
29 de marzo de 2009


1 comentario:

Angeles dijo...

Sencillamente fabuloso. Me quedo sin palabras. También es que desde la cárcel hay cola para el Internet. Ángeles. Besos.