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sábado, 23 de marzo de 2019

21ª Jornada/XII año: Miércoles, 20 de marzo de 2019

La sala está llena, el médico aún no llega...



HOSPITAL PSIQUIATRICO DE MADRID
PABELLÓN SANTANDER
CONSULTORIO 1 BAJO

BITÁCORA DEL 20 DE MARZO DE 2019

La sala está llena, el médico aún no llega. La luna llena y el equinoccio de primavera afecta a los pacientes. Por alguna razón que desconozco,  la mayoría llegó con más de media hora de anticipación y se muestran animosos.  Mariana, con nueva  batería, sonríe y se muestra muy recuperada, forma una comitiva de recepción. —Huele a primavera —nos dice. El aire grita primavera. Es hora de los suspiros, de la cosecha de sonetos. Los demás toman sus lugares, apretujados se aprestan para la zafra, las plumas como si fueran hoces, los papeles, canastos con frutos. Joselyn reparte chocolates. Parece que este aroma a primavera ha creado una psicosis colectiva. 

José León Cano. Acusa los síntomas. Se embarca a Citérea, isla del amor, con disfraz de Axel von Fersen, amante de María Antonieta y hablando en francés. Parece que logró robarle un beso a su dama. Con este ánimo compone sonetos gongorinos a los Juanes  por haber vuelto a la vida a León Felipe (a veces, los pacientes hacen milagros, vimos levantarse de su tumba al gran poeta).

Le preocupa al doctor que firme los sonetos como Joseleón Bonaparte. Me pide vigilar si coloca la mano derecha a la altura de su pecho.

Las voces prestadas ya están tomadas. Sólo en un psiquiátrico esta frase podría causar tanto revuelo. No hay consenso. Me piden una lata de Coca Cola  para tirarla al suelo y anotar el sonido que produce al rebotar y sugiera un nombre. Medicina china, me explican.

Isabel Morión. Muestra su abanico de aforismos. Aún quedan primaveras… cuando se ama todo el cuerpo se convierte en labios… tal vez solo amamos lo que dura un beso…gorriones…
Desaparecen treinta millones de gorriones, interrumpe otra voz, congelando de golpe los corazones que María había calentado.
Decide leer Parábola de León Felipe. Vuelve a fluir la sangre en las venas, regresa, tímido, un tenue olor a primavera.

Carmen continúa con sus fijaciones necrófilas. Ahora dice haber subido un piano a una carreta fúnebre. Estos mexicanos tienen algún conflicto con la muerte que no logran resolver. Me imagino que el origen es religioso, también subió a un joven sacerdote al banquillo…del piano. Javier intuye una relación más normal entre el cura y la hija del hacendado, la dueña del piano. Bueno, eso tampoco está bien. ¿O sí? Ya se lo comentará al psiquiatra. 

Joselyn aún trae rastros de algas en su larga cabellera. Se tiró al mar en busca del coraje español. Casi la dan por perdida en aguas inglesas. Nadó entre restos de naufragios, agua verde y mantarrayas gelatinosas hasta que le crecieron agallas. Solo el título en inglés, para dejar claro que prefiere lo español. 
Se decía estar nerviosa, la sala le sugirió una copa de vino, respirar profundo, un poco de porro. Pienso que es suficiente levantar los hombros, sus agallas harán el resto. Veremos qué propone el señor doctor.

María Juristo. Desenrolla su poesía. Padre del silencio, soñar con lo imposible, sauce del silencio… una plegaria, digna de Freud. Los pacientes varones recuerdan antiguas primaveras y coinciden en que las ubres de las musas de antaño eran mejores que las anoréxicas de hoy. María enrolla con delicadeza el poema recién leído y lo ata para no dejar escapar a su musa. Le tiene sin cuidado el tamaño de sus tetas, lo importante es retenerla.

Creo que me están contagiando. El doctor no se ha presentado y llegaron dos pacientes más.


Juan Calderón. Muestra rasgos bipolares. Tan pronto nostálgico, y después, YES!, se echa a cantar como si nada.  Confiesa los dardos que hieren su pecho. La primavera incita a la reproducción. Pues no esperes más, ¡échate a cantar! Le dicen todos. Habrá que preguntarle si en realidad son canciones de cuna las que le apetece cantar. Por lo pronto, la sala se volvió fiesta, rapeo, tuneo. Con un poco más de espacio nos  habíamos echado a bailar. Yes!!! Gracias Juan, buena catarsis grupal.
Estoy pensando en ponerle la bata del doctor y que atienda a los pacientes.

Juan B. Raña. Continua el jolgorio, ahora en noche habanera. Oscura noche habanera, diría yo, donde se vende la virginidad de una jovencita al mejor postor. ¨El tiempo y el dinero cada quien lo gasta como quiere¨ nos explica Fonsito. Greta no tiene mucha opción,  ocupa su tiempo en  sobrevivir. El juego ha comenzado, nos advierte Juan. Se caldean los ánimos. Busco mi abanico en el cajón. Ni luces del doctor

Carlos Tejado no ayuda a calmar los ánimos desbordados de la pequeña sala de consulta, las carcajadas que provocan sus comentarios alcanzan los baños, ahogan, por momentos,  el olor impregnado de orines y desinfectante que suele tener este pasillo del psiquiátrico. Quizás olvidó traer su expediente, se fue sin compartirlo. Tendré que sacar una fotocopia para el doctor.

Cinta ha traído su cuadro de guantes. Un ejercicio de psicoanálisis para que representen, de forma gráfica, aquello que traen entre manos. Cinta se niega a cubrir los dedos, los siente disfrazados, los desnuda, los hace chisporrotear como fuegos artificiales. Se levanta y se va con una sonrisa y los dedos encendidos, sin prendas que los cubran. Le comento que el médico está por llegar. No puede esperar. Va al teatro. Buena terapia, pienso yo.

Rocío. Ahora sabemos la razón de su esquizofrenia. Durante los sesentas consumió altas dosis  de LSD. Hasta hoy,  sigue alucinando toda clase de personajes.Vivió durante varios años en una comuna hippie, en una furgoneta rosa de cortinillas floreadas, descalza y sin sostén, con un extravagante melenudo que vendía bikinis, un tal Jaime, Jimmy como lo llama ella. Mientras la observo, la imagino con una corona de flores en su pelo rizado. 

Juan Manuel. Desdobla un papel arrugado, salpicado de agua de mar, de sangre seca, tachonado y con frases sobrepuestas. Ana lo reprende. ¡Cómo  te atreves a traer un  poema en un papel así! Todos opinan al respecto hasta que Javier toca una taza como campanilla para poner orden, No le gusta que vociferen, no le gusta que alguien sufra. No se dan cuenta de que el poema no puede estar en papel limpio porque el tema es inmundo, repugnante. Asesinato a golpes que estalla en nuestros oídos y sigue repicando las notas claras de sus canciones y el sonido denso de la represión. Yo le recetaría baños de mar. Pero solo soy la recepcionista. Dice que es marinero. Lo anoto en su expediente.

José Antonio. Llega achispado, lo disimula diciendo que está acatarrado. Bueno, el virus Rascamán tiende a cambiar el significado original de las palabras. Cuenta que en el bar se encontró con un ángel. El ángel tomaba una copa esperando su vuelo a Belén, en avión de linea, no especificó si por Iberia, Air France o Lufthansa, de seguro no por Qatar Airlines. El asunto despertó el interés de los pacientes e incluso sugirieron empalmar ángeles (sic). 
Javier se apresuró a tocar la campanilla ante el revuelo de los pacientes, no sé si de los ángeles también y José Antonio prosiguió: …no corras marinero….nubes, algas, olas. La concurrencia enardecida por el batir de las alas, que no de las olas,  prefirió cambiar las algas por nalgas. Es primavera, pero se lo comentaré al doctor. Espero que no tarde. No seré responsable de lo que suceda en esta sala.

Inspirado por la revelación angelical, Juan Manuel nos narra que durante el desayuno, en un café de su pueblo, escuchó el  chirriar de una silla siendo arrastrada a sus espaldas. Tan ruidosa silla no existía, pero la barra se movió ante sus ojos, quedando los vasos inmóviles. Únicamente la barra se movió, recalcó. Quizás, de Colmenar también salgan vuelos a Belén. Tomaré un poco el aire fresco y veré si ya está el auto del médico en el parking. Me preocupa.

Javier ha aprendido a no esconderse, pero sigue con su manía de salvar a todos. Busca el bote de Coca Cola que quedó en el suelo, entre las patas de las sillas. ¨Bote bolero por todos los Rascamanes¨ —exclama.  Una lata vacía es suficiente para que, en segundos, todos luzcan sus pantalones cortos y nosotras, trenzas o coletas con lazos desmarañados. No es la patada la que nos ha salvado, sino la sonrisa suave y la intención marcada.
Vuelve al escondite, tiembla, aprieta la boca. ¨Quien no se haya escondido, que se esconda" —musita, Javier ansioso porque empiece el juego, sabe que sus escondrijos son los mejores. Su deseo no es que lo encuentren, sino que lo busquen. 

Hablando de antiguos compañeros de juegos, Juan Antonio ha encontrado a dos: Ana y  Anastasio, juntos, los tres, se han fumado el prado. Sí, está prohibido pisarlo, pero no hay letrero alguno que prohiba fumártelo. El resultado ha sido tremendo, se enredaron con sus artes, incluso pensaron que Ana había sido secuestrada, parece que estaba tres árboles más allá, con otro compañero. El chocolate de Jocelyn aportó una enorme creatividad a los trastocados cerebros de la sala y las posibilidades del triángulo ¿cuarteto, quinteto? amoroso, se multiplicaron. Para mí, la mejor propuesta  fue la de Rocío: convertir la  historia en una porno. Oh, my god!  ¿Dónde nos llevará la primavera? Es urgente que llegue el doctor. ¿Dónde estará?

Ana suspira y ríe. Dice que en Galicia han abierto un río al mar. De donde yo vengo, todos los ríos se dan voluptuosos al océano, será el carácter tropical. Pero también he visto, como Ana, a más de uno buscar los rostros perdidos en las ondas líquidas del mar. Quizás la primavera le traiga nuevas caras. Requiere soltar el pasado, le he oído decir al médico. No hoy, pues éste sigue sin aparecer.

Los ojos de David se abren cada vez más. No puede creer lo que pasa en la sala. Maniático de la perfección, guarda sus folios esperando un mejor momento. Mecanismos de defensa, ha comentado el doctor. 

Iñaki. Lucha de clases. Oh, my God! y yo, ingenua, pensaba que ése ya no era un tema trendy! Pero aún entre los perros, hay razas, dice una amiga. No es lo mismo la ropa y joyería de marcas pijas, que las copias fabricadas en Taiwan y el oro de pocos quilates.  Parece que los búlgaros no lo distinguen y se atreven a manchar una chaqueta de Versace con sus hoscas manos llenas de grasa, grasa de tortilla de patatas, por si fuera poco. Si hubiese sido aceite aromatizado de trufa blanca, quizás lo habríamos pasado por alto. Los búlgaros han  puesto a León de mal talante y  nos recuerda que no debemos reír pues el asunto es dramático. La vulgaridad es inaceptable, concluye llevando la mano derecha al pecho. Oh, my God! 
                                                                   
Sigue la espera. Menos mal que el grupo continúa pensando en nombres para las voces perdidas: voceros, ecos prestados,  e-vocaciones, poemeros, voces dadas, dedicadas, voz eros…
Han pasado casi dos horas. Nos hace falta Alberto, comentan varios.
¿Quién se cree el doctorcito que somos? ¿Un hato de locos cualesquiera, o qué?

Vicente pone un papel sobre la mesa. Un papel emergente, no sé si fue bolsa, envoltorio de lonchas de pescado o de queso, pero viene escrito. Anota algunas frases más y lo vuelve a guardar. Me quedo con las ganas de saber lo que decía. Le comentaré al doctor que soportó la espera con calma inusual. Tal vez intuya que hoy no habrá consulta

La ausencia del psiquiatra está haciendo estragos. María Jesús, inspirada por la primavera, ha pintado la sala de verde. Verde aceituna, verde esmeralda, verde dólar. Verde que te quiero verde, insiste María y todos pensando en sus verduras: verde prado, hierba verde, ojos verdes, verdes huesos, verdes algas, olas verdes, verdes besos. De un rincón oscuro surgen siete enanos sin escrúpulos tiñendo de rojo la escena, rojo manzana, como la de Blancanieves. Así suele ser la primavera, tú tan feliz y de pronto, un chubasco que lo pringa todo. Javier dice que la clave está en la mezcla de  aceitunas y esmeraldas, será que ya tiene hambre. Para mí, la culpable es Blancanieves por dejarse lamer por los enanos. Y ya. Está dicho. Cierro el consultorio antes de que se le ocurra llegar al que presume de galeno.

 Oh, my God! Acabo de darme cuenta de que tampoco está la enfermera de guardia, la rubia, la que recién entró. Chocolate, sonetos, luna llena y primavera…


Carmen Padín
23 de marzo de 2019


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