| De merendola... |
- ¿Y dígame, en qué puedo ayudarle hoy?
- Verá, doctor, acudí a la tertulia literaria de la que soy miembro el pasado miércoles. Tenía algo de merendola campestre. Poco a poco fueron llegando los asistentes a la vez que desplegaban cosas riquísimas sobre la mesa y aún más necesario, traían alimento para el alma. Se celebró en la fantástica azotea de José Antonio Carmona cuando caía el sol.
- Y bien, ¿qué le inquieta de aquella reunión entre amigos?
- Allí Piluca, artista plástica, nos recomendó El hijo de la cómica, de Fernando Fernán-Gómez que interpreta José Sacristán. Soberbio, dijeron. Luego, el propio José Antonio nos leyó dos poemas en los que hablaba de las amapolas, de amor y aludía a ciertos conceptos matemáticos, que gustosamente ejemplifiqué rápidamente. Pienso, como los aristotélicos, que en este tiempo de certezas inestables, nada como una verdad matemática para mitigar la confusión.
- Y entonces, ¿dónde está el problema?
- A continuación, me hubiera tocado leer a mí, y bien que lo había intentado. Días, llevaba dándole vueltas al asunto, y garabatos, por decenas, pero nada. Me sentí como en la famosa escena de “Déjeneur sur l’herbe”, tan expuesta, desnuda de voz propia. Como si estuviera abocada a reescribir lo que otros hicieron, un plagio más o menos evidente e inevitable.
- La mayor parte de las personas son creativas, aunque no necesariamente lo expresen con la escritura. Es una condición innata que reside en el hemiferio derecho del cerebro.
- Ya, si es que lo absurdo de la situación es que yo disfruto mucho escuchando a mis compañeros de tertulia. María, por ejemplo, leyó varios poemas, el primero titulado Vivir. Profundos, reflexivos a veces, nostálgicos. Le sucedió Cinta con un relato sorprendente, rozando el realismo mágico. Tiene la capacidad de trasladarte en unas líneas a otros mundos, de Nueva York a la selva amazónica, ahí es nada.
Y luego Pilar Pedraza, desde su ventanita de zoom, nos relató una historia costumbrista llena de humanidad y sensibilidad hacia la soledad y los mayores.
-Entonces, ahora no encuentra la forma? ¿Es eso?
-Sí, exactamente. También, cuando he intentado innovar algo lo he hecho en mi trabajo como profesora y ha sido terrible. A los de 3º de la ESO en esta evaluación se me ocurrió ponerles un examen de cinemática que al día siguiente tenía a todos los padres encima. Y lo peor, jefatura de estudios alarmadísima, que cómo se me ocurría preguntarles a los chicos problemas que no habíamos hecho antes.
-Voy a mandarle un PET cerebral y una analítica completa. Mientras tanto, le pediré que siga haciendo ejercicio intenso con regularidad y que siga leyendo. Su trabajo es emocionalmente demandante y no es infrecuente que muchos reaccionen desarrollando apatía o burn-out (técnicamente lo llamamos anhedonia).
-Jo, pero es que no veo la relación ¿por qué no puedo yo escribir como por ejemplo Isabel Morión sobre los guantes de Rita Hayworth ? No serán estos síntomas de un incipiente….
- Le aconsejo- me interrumpió - que no siga con las conjeturas. No ayudan.
- Bueno, al menos déjeme añadir que a veces, tengo también una cierta dificultad para interpretar matices. Es como si me quedara en la literalidad y cuando hay algo entre líneas, que otros captan en seguida, y a mí me cuesta. Por ejemplo, María Jesús Briones, leyó una maravillosa pieza de teatro antibélica. En ella el protagonista se va poniendo condecoraciones y yo lo interpreté la primera vez como un honor, no como una ridiculización del personaje. Son aspectos sutiles que se me escapan. Pero luego, AnaGonz, nos leyó en gallego Hai noites y lo entendí todo, qué belleza.
- Lo que me dice no es muy específico, pero voy a pasarle también unos test para evaluar el funcionamiento del hemisferio derecho. Aquí tiene los volantes. Con los resultados, en quince días, nos vemos.
- Muchas gracias doctor, buenas tardes- dije.
Y cerré la ventana mediante la cual me había conectado a la video-consulta.
Yo solía decir, que a mí la IA no me daba miedo, lo terrorífico era la AI (ausencia de inteligencia), pero ahora veo que sí, que me empieza a inquietar esta gran trasformación ya imparable y que lo peor que nos podría pasar es que los humanos empezáramos a comportarnos como máquinas.
Celia Cañadas.
24 de mayo de 2026

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