Bitácora del 21 de octubre de 2026
Los jueves estamos salvadas, me dice una bitácora que me llega por la cintura antes de salir de casa mientras me agarra fuerte la mano. ¿Pero tú de donde sales? Le pregunto sorprendida. Y sube sus hombros, ladea la cabeza a un lado y me da a entender con sus gestos que no le haga preguntas que ella no puede responder y yo debería saber. Y como nos azuza la prisa para llegar a una hora “medio decente” al trabajo, le subo el cuello de su abriguito, le recoloco el endiablado flequillo con un poco de saliva y le digo: ¡Andando, que es gerundio! Y nos echamos a la calle.
Mi bitacorita se esfuerza por ir a mi paso ágil, mientras nos enfrentamos a todos los obstáculos que este Madrid enloquecido nos va colocando. A veces, le confieso, cuando entro en el metro me siento como un ratoncito blanco a quién le van cambiando la rueda de la jaula para ver como reacciona. Ahora por estas escaleras, ahora por este pasillo… Lo que se les ocurra esa noche te lo encuentras a la mañana siguiente en forma de letreros que van cambiando tu itinerario. En fin… Mejor te cuento cómo fue la tertulia de ayer, que es más bonito ¿No? Mi bitacorita me anima con una sonrisa a hacerlo ya, pero ya, sin perder tiempo.
Cuando llegué solo vi a Javier, ya sabes, nuestro coordinador, charlando con Jesús, el dueño del café. Pero dentro, en nuestro saloncito, ya estaban José Antonio y Joselyn. Sin querer se me alegran el corazón y las yemas de los dedos cuando, tras el verano y las vacaciones, me veo otra vez en nuestro escondite de letras. Es dificil de explicar, es llegar otra vez a “casa”. A una casa construida de letras y “Rascamigos”. La palabra no es mía, es de Rañita, pero es buenísima ¿A qué sí? En ese escondite encuentro a mis amigos Rascamanes. Mientras pagaba mi descafeinado, al otro lado de la barra llegó Alberto pidiendo su cerveza. ¿No la tienes rubia? No entiendo nada de cervezas pero ¡Menos mal que junto a la Rubia, que terminó siendo tostada, pidió también el décimo de la lotería a Jesús! porque el año pasado se me olvidó. Javier nos ofreció unos frutos secos que nos había traído de Corfú, recubiertos de sésamo, qué ricos. Joselyn dijo que eran adictivos. Doy fe de que decía la verdad. Y no me digas por qué acabamos hablando de la tentación, de los abrazos y los besos (tápate los oídos, Bitacorita) con lengua. ¿Cómo llegamos a esa conversación? Contestar a eso es como descubrir el misterio de las Bermudas. El caso es que ahí estuvimos dilucidando si era mejor uno o el otro o el de más allá. Hasta que decidimos poner orden y Joselyn nos leyó su poema titulado “No solo de los hombres es el mar”. Te habría gustado porque tenía muchas referencias literarias y versos brillantes. Nos contó que en este trimestre quiere terminar otro libro y que tiene una lectura el día 10 de noviembre en la Biblioteca del Retiro. A esas alturas Javier ya había abierto el zoom, y al otro lado de la pantalla estaba Pilar, y poco después se unieron Omega y Celia.
Ya solo quedaba que llegaran, de forma presencial, los Juanes, José Antonio y Vicente. Y ya estábamos todos. 8 en nuestro Café, y 3 al otro lado de la pantalla. 11 Rascamanes para la primera tertulia de este curso en el Fígaro. No está mal, no está nada mal.
No te voy a contar frase por frase cómo fue discurriendo la tertulia, te aburrirías mortalmente. ¿Y qué sentido tiene levantar acta notarial? La tertulia está viva, improvisamos constantemente. Pero te gustará saber que hubo muchas bromas calentando la tarde. José Antonio leyó dos poemas, uno sobre cómo hacer una tortilla de patatas con patatas de bolsa. Muy gracioso. Y otro más serio de los de la serie ¡Ay, Matilde!, que sabes que me encantan porque los siento muy cercanos, muy de verdad. Javier comentó que Aure siempre decía que a José Antonio se le daban muy bien los poemas serios. Ya sabes que Aure siempre está entre nosotros. Y a menudo me lo imagino silencioso en una esquina asintiendo a los versos de ésta o aquel. Niña, ¿Y tú cuándo vas a publicar? No lo sé Aure, todavía no lo sé.
Pilar nos leyó un relato sobre una película “Thelma”. Le comentábamos que está muy bien escrito, pero que formalmente quizá el conflicto debería empezar antes, para que el lector se zambulla en la historia antes y tenerle ya ahí “apresado”. A los que escribimos prosa, nos encantan los conflictos, parece mentira que yo siendo tan pacífica tire más a la prosa que a la poesía. A unos después nos gustan los conflictos muy hechos y a otros que sangren… Mi Bitacorita asiente y se sonríe. Ayer me chinchaban Rañita y Alberto con lo de que me inclino a veces a la poesía. Ya sabes… Nos gusta jugar a que somos dos equipos, los poetas y los prosistas. Los poetas leen dos veces lo que escriben. Y eso que terminan antes en escribirlos… Pero, mi querida Bitacorita, la vida es tan injusta, ya lo irás aprendiendo.
Un día le dije a Javier que por qué no escribía una especie de Cuaderno de Viaje de los días que precisamente no está de viaje. Los días “normales” en los que viajamos por esta vida nuestra. Y en eso está. Ayer nos leyó los textos del 3 y 4 de octubre. No sabemos escuchar sin comentar. Y si además leemos dos, comparamos, siempre comparamos. La vida es una pura elección. A la mayoría nos “llegó” más el segundo, era más redondo. Va a quedar bien ese Diario de poemas en prosa. Los Juanes, después del anuncio que de que leerán el jueves 29 de octubre en la biblioteca Vargas Llosa, Calderón, solo te digo el apellido para que los distingas, nos cantó una canción que navegaba entre aguas de cuplé y aguas de chotis. Juan tiene muy buena voz y, de vez en cuando, se arranca y nos inunda el Café de música. El otro Juan, Rañita, nos leyó la primera parte de un relato y nos dejó muy arriba, a punto de comenzar una procesión. En cambio, Alberto, no trajo ningún relato porque decía que pensaba que iba a ser demasiado largo para la tertulia. Bitacorita, yo no sé si en tu Reino de Bitácoras, pasa como aquí. Pero una por más años que cumpla nunca entenderá a los hombres. Ayer, no sé por qué, estaban muy inquietos. Tan pronto cantaban como solistas, como se arrancaban a dúo como Juan y Alberto, como no paraban quietos moviéndose de sitio en sitio como Juan Antonio. Estos hombres son niños escondidos en esos cuerpos de sesenta, setenta, y... Pero ¡Cualquiera se lo dice! Shhhh esto es entre tú y yo. ¿Eh? Nada de sacarlo en la bitácora que para qué queremos más. Ya, si yo sé que por ti… Pero está en tu condición de Bitácora contarlo todo, como en la mía callar lo que no importa.
Pues yo no leí ningún relato, pero se empeñaron en que leyera la última entrada publicada de mi blog, al fin y al cabo era lo último que había escrito. Un pequeño texto de renglones cortos sobre relojes de sol y nostalgia. Juan Antonio nos leyó uno de sus poemas corregidos. Pusimos música antes de que comenzara a leer porque se trataba de un músico poco conocido pero que guardaba una historia interesante sobre el bastón que llevan los profesores de las clases de ballet.
Ni Omega, ni Celia trajeron ayer nada que leer, bastante que se trajeron a sí mismas. Así que terminamos la tertulia con el relato que, como un Mago, sacó Vicente de su cartera. Llevaba mucho tiempo sin aparecer el compañero. No, no aquí no ponemos falta Bitacorita. Eso siempre lo dice Javier, eso de que en Rascamán no ponemos falta, solo echamos de menos. ¿En las clases de las Bitácoras sí las ponen? Entonces será por eso que Javier se pone tan insistente con la terrible frase: ¿A quién le apetece hoy hacer una bitácora?... Y la verdad es que no nos peleamos por hacerla. No es nada personal Bitacorita, cosas de “Rascamanes”.
Ya, ya sé que probablemente muchas de las cosillas que te he contado de la tarde de ayer no las habrás visualizado como yo las viví. “Multiperspectivismo” puro y duro. No pongas esa cara Bitacorita, solo es otra palabrota de las nuestras. Cuando cada testigo cuenta la misma historia. Cada uno de los que estuvimos ayer en clase la contaríamos de una forma. Y ni juntando todas las formas de hacerlo, tendríamos cómo fue de verdad, porque los días de Rascamán son tan de mentira como las historias que nos inventamos.
Pero eso no importa. Lo realmente importante para mí, es que la mañana de después de la tertulia, mientras tú y yo vamos de la mano camino del trabajo, y te voy contando la clase del miercoles anterior, vuelvo a revivirla. Y me parece que escucho a Javier contando cómo fue la lectura poética que tuvo el día anterior en Getafe, donde cambiaron los papeles y el público subió al escenario y los poetas leyeron desde abajo. Me sorprendo cuando encuentro a Raña y a Alberto cantándome cuando salgo del baño, ¡ay! otra de sus tonterías. Escucho a José Antonio explicándonos su tortilla de patatas de bolsa. Y me saluda Vicente diciéndome que otro verano que no he ido a su “pisci”, mientras Joselyn se va con su fantástico poema debajo del brazo. Y así, voy escuchando y viendo de nuevo todos los gestos de los tertulianos, todas sus palabras, y siento lo que tú me has dicho cuando nos hemos encontrado:
Los jueves estamos salvadas. Salvadas porque el día anterior tuvimos tertulia y los días de Rascamán uno se va a casa con la sensación de que ha cogido fuerzas y ánimos para seguir otra semana más peleando con la vida, y sobre todo, con las palabras. Las palabras: Esos seres tan minúsculos y escurridizos que nos tienen secuestrados…
Oye, oye Bitacorita ¿Pero dónde vas? ¿No te vas a despedir, siquiera? Estas Bitácoras… Se ha soltado de pronto de mi mano y ha echado a correr. Bueno, pues nada ¡Hasta pronto! Y acuérdate de que lo que no tienes que contar ¿eh? Buf, ya ni me oye. Fíate tú de las Bitacoras…


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