CUATRO GATOS EN CIUDADES FLOTANTES
Una tarde peculiar entre túneles, visitas papales y ciudades flotantes. Empezó con casas cuyas llaves no pertenecían a ninguna de sus puertas. Edificios en forma de pagoda de la generación Bauhaus y derrumbada por autoridades y empresarios sin visión, Cuatro gatos en pantallas, Javier, de okupa en una casa en Rivas, Celia en otra con su gato blanquinegro, Carmen desde el calor de las muros de piedra de Plasencia y Pilar observando cada detalle del mundo desde su pueblo. Más tarde, Juan Pulgar instalado en su habitación habitada.
Una fotografía de sillas llevadas por los feligreses a una iglesia para escuchar la misa. Cada una distinta, cada una con su propia historia, al igual que cada cuerpo, cada silla de madera, cada cuerpo de carne, alma y espíritu. Género y color de la piel son sólo un accidente, sin embargo cuánto revuelto levantan. Solo importan tus manos junto a las mías, lee Javier. El cuerpo, poema fotobordado 2030. Lo de bordado, literal y metafórico.
Celia, refleja cierta tristeza, La vejez de algunos y la juventud de otros traspasan su alma sensible. Lo bueno es que tiene un poemario llamado La fábrica de luz. Sí de luz, esa que tiene ella en la cabeza y en el corazón. Nos dice que es el nombre de un museo de una pequeña ciudad leonesa cerca del pueblo de Juan Carlos Mestre. Museo de mineros y también de ciencia y energía. La satisfacción como la luz se extingue. Tu cuerpo sagradamente humano. 2020 un verano muy especial. Un verano de señales, Nos espera el tiempo de un sinvivir en penumbra, por las señales de las magnitudes fundamentales que son siete: la masa, el tiempo, la temperatura, la longitud, la intensidad de corriente eléctrica, la cantidad de substancia y la intensidad lumínica que se mide en candelas. Esta última amerita un poema, apunta Javier. Celia ha escrito uno para cada magnitud dedicados a su hija Adriana. Por escuchar el de la masa no tomé notas, pero puedo decirles que me encantó.
Y de la fábrica de luz, nos vamos al despertar de Laureano, a su higuera que también despierta y muestra yemas verdes en sus ramas de apariencia seca, yemas que habrán de convertirse en manos ásperas; a una paloma gris que picotea con obsesión su pecho. A Laureano recuerda esos pinchazos que también él siente en el pecho cada vez que piensa en su único hermano. Es Pilar la que nos cuenta esta historia de hermanos divididos por el azar de una herencia mal llevada, envidias, celos y palabras no dichas. San Pancracio quiso favorecer a Laureano para trabajar el huerto, cortar perejil y sembrar tomates, El hermano no quedó satisfecho con tal destino, su mujer tampoco, a pesar no importarle la casa, Ella, como Scarlett O'Hara, no pretendía lavar platos ni sembrar un comino, venderla, quizás sí.
San Pancracio tiene sus modos para que no le falte perejil en su ofrenda. La sobrina, en cambio, resiente la pérdida de un espacio común llamado, mi tierra, mi familia. Pero la parcela no ha sido abonada con cariño en el corazón de Laureano.
Si las ciudades flotan, por qué no los continentes y ahora estamos en América, México, San Luis Potosí, donde Benito Barreda, líder revolucionario, ha aprendido a ver con ojos del lobo y lo cuenta a sus compañeros de causa después de una larga ausencia. Ver con ojos de lobo no es una metáfora es una práctica chamánica donde los espíritus de tus ancestros se manifiestan a través de un nagual o animal protector, dice Carmenpadín. Acogido por los indios wixáricas, Benito ha tenido que pasar las pruebas que muestran que posee el don de ver más allá de lo que nuestros sentidos parecen indicar. Lo primero, ha sido peregrinar a los lugares sagrados y cazar un ciervo que lo guíe en su camino de warakame o chamán. ¿Y el lobo?¿Y la revolución?
Tomemos el metro Paseo de la Castellana/ Manhattan. Así es, las ciudades flotan y Madrid ha volado hasta Nueva York. Podría ser una idea fantástica para el fin de semana, pero no. El mundo es un caos, producto de la guerra nuclear. Los sobrevivientes luchan encarnizadamente en ciudades reducidas a la nada. Violencia mortal, drogas, locura, no hay clemencia posible. Nuestro protagonista sólo tiene una posibilidad: correr a una librería abandonada (supongo), coger la mayor cantidad de libros para después venderlos en dólares en los pasillos de ese metro madrileño en Manhattan. Los túneles revelan un universo encarnizado, demente, el instinto de sobrevivencia nos transforma en depredadores. Al menos, así nos lo describe Juan Pulgar.
Volvemos por algún túnel que conecta Manhattan con Granada, Granada/ Madrid donde el joven Federico Garcia Lorca escribe a sus padres desde la Residencia de Estudiantes. Marzo de 1921 y les dice que está por publicar su primer Libro de poemas, que ha dejado la vieja escuela y se considera de la nueva, novísima, que algunos lo juzgan ya como una promesa de la poesía española, que escenificará a Rabindranath Tagore y se reunirá con Juan Ramón Jiménez.
Vuestro Federico, firma confiado en tener una larga vida por delante…
No te olvides de escribir, le responde su madre, Vicenta Lorca.
Gracias, Javier por mostrarnos el libro: No te olvides de escribir, de Víctor Fernández que reúne el intercambio de correspondencia entre Lorca y su familia. Entrañable.
Rocío se asoma por otro túnel justo cuando estamos por concluir, ¡qué gusto! No trae algo para leer. ¡Ay, Rocío, no te olvides de escribir!
Carmen Padín
7 de junio de 2026

2 comentarios:
Qué buena bitácora con esos cuatro gatos x ciudades flotantes! Cuánto tengo q aprender. Me gusta mucho. Enhorabuena Carmen.
Cuatro gatos asomados desde ciudades flotantes concurrieron aquella tarde. Qué buena idea, Carmen! Qué bien has recogido la participación de los cuatro gatos y la que se asomó a ultima hora, la quinta.
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