| Un botón... |
Tarde de miércoles, tarde de tertulia, me acerco a Fígaro, en la calle amenazan nubarrones, de momento solo es eso, una amenaza, después soltarán amarras y descargarán esa finísima lluvia que cala hasta los huesos sin que apenas te des cuenta.
Al entrar me sorprendo, somos poquitos, el tono es íntimo y acogedor, saludos y besos reconfortantes para empezar, y a por el café de rigor que por cierto siempre acabo dejándome a la mitad, es una manía que tengo, luego, para empezar el cupo de las anécdotas el dueño del bar se empeña en que se me ha caído un botón y me lo trae amablemente, yo, que no es mío, él insiste en que sí, y yo que se equivoca, en eso interviene Chelo y se pone de mi parte y me cuenta los botones, los tengo todos, pues aún así me quedo con el botón porque no me quedaba otra, ya que Jesús insistía, vete tú a saber por qué. Ya solo me quedaba mirarme el ombligo por aquello de que parece un botón, aunque el mío está metido para adentro, bueno pues tampoco era ese.
Damos comienzo la sesión después de unos dimes y diretes de preámbulo, en eso que llegan Celia y Rocío y se conecta Matteo, olé, qué bien ¡ya somos más!
Javier hace los honores por algo es el jefe, no, es broma, simplemente se dio la circunstancia, nos habla de un bosque con un nombre imposible que ni me atrevo a escribir por si lo borro del mapa cerca del monte Fuji por donde circulan unos inquietantes trenes lleno de suicidas que en su viaje de vuelta lo hace más ligero con sus asientos vacíos, inquietante, porque aparte de literario al parecer tiene mucho que ver con la realidad, todo eso del honor y las frustraciones, en la cultura japonesa, a veces lo llevan al último extremo. Ahora turno de José Antonio que nos habla de algo tan corriente como los microondas como bienes gananciales, de versos en una noche de verano, y de la soledad combatida a base de croquetas, mientras uno lee entre líneas, el surrealismo aflora a nada que rasques un poquito. Alberto nos cuenta lo que puede dar de sí un cuadro y lo que subyace a través de él, alguien quiere llevárselo, pero no se moverá del sitio que la vida le asignó como el lugar al que le pertenece con sus secretos a voces y otros en silencio, y lo demás es puro espejismo, las cosas inanimadas y las personas comparten alma, difícil librarse del sentido que trascienden.
Chelo, esa mujer que es toda ella un abrazo interestelar, porque de este mundo ya os digo yo que no, entonces habla de trenes, de poesía y de la vida, lo primero y lo último se suceden en apenas un silbido, tan rápido que es difícil dilucidar cuándo ha pasado y hasta dónde llega y después, tristemente queda el olvido.
Le va llegando el turno a Rocío, a su cuarto piso sin ascensor y el trasiego escaleras abajo escaleras arriba, de vinilos, sofá y ropa de todas las temporadas, una puerta que no se abre, confusión, malentendidos y bromas pesadas, todo un coctel al más puro estilo berlanguiano, al final risas y desconcierto, ah¡¡¡ y también hay catetos que cuadran con maestras, todo es posible…por cierto para tranquilidad de todos dejo claro que los vinilos, el sofá y la ropa vuelven a su sitio en perfecto estado. Uf¡¡¡ de infarto.
Y nos encontramos con Celia, amigos, esto fue la guinda de la originalidad, porque de todos es sabido que cuando hay fluido eléctrico la puerta cerrada permanece, eso no es de mi cosecha de ciencias que sería raro porque soy de letras, nos lo contó ella que traía trabajos de sus alumnos adolescentes, no hace falta decir más, fue muy divertido verla tratando de que la entendiésemos, a mí me costaba desde luego, así de primeras, a otros a lo mejor más metidos en el mundillo de las mates, tecnología física o electrotecnia, lo pillaron al vuelo.
Matteo desde su casa, relajado en su sillón como corresponde, para eso es su sillón y no hay nada que discutir al respecto, pues nos habló de la mujer que para él siempre es literatura trascendiendo en sus versos un claro toque de erotismo, ternura y pasión entre líneas, y también de un bosque donde se multiplicaban los incendios y levitaban los volcanes hacia su nube de humo. Matteo y sus sonetos formando un tándem inseparable con esa cadencia del sur de <la bota> tan única y especial.
Y ahora inevitablemente me toca el turno, con mi trabalenguas de la casa, por querer recitar de memoria... dos intentos, y al tercero a duras penas lo conseguí, gracias a Alberto que, aunque me declaro antitaurina, se me viene a la mente del de <echarme un capote> con su sonrisa y quitándole importancia, por fin, a duras penas como pude entre atragantamiento y atragantamiento, conseguí hacer una reflexión de la complejidad de una relación con sus infidelidades y otros asuntos cotidianos más amables, y también saber retirarse a tiempo con un <hasta siempre> y sin rencores, al final el compañero me dio pie para otro tema más profundo, terminamos hablando de lentejas con su chorizo, su tocino y todo, a mí, en las cuestiones culinarias tonterías las justas, y parece ser que para él también. Se que os estaréis preguntando a que viene lo de las lentejas, me refiero a los que no estabais en la tertulia, pero la intriga es emoción de manera que como se dice en las novelas con un final de incógnitas, eso, ya es otra historia…
¡Ah! y lo de la lluvia fina me quedé un poco corta, al menos en Móstoles, y yo sin paraguas, al más puro estilo chicarrona del norte, pero valió la pena porque resultó una tarde interesante, disfrutar de la tertulia siempre lo es.
Tina Iglesias
20 de febrero de 2026

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