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jueves, 22 de enero de 2026

12ª Jornada/XIX año: Miércoles, 7 de enero de 2026

 



LA MADRIGUERA DEL CONEJO


     Todo comenzó cuando nos felicitábamos con abrazos y buenos deseos para el año que apenas despunta. En la mesa, una caja blanca atrae las miradas, me parece de confites, un roscón, quizás. La puerta se abre de golpe, el frío y un conejo blanco con chaleco, reloj de cadena en mano y prisa aparente se cuelan sin avisar. —Leed, leed ¨se me hace tarde ya, adiós adiós, adiós.¨ —dice y desaparece por un agujero justo detrás de la barra con el tocadiscos vintage del Café Fígaro. Corremos tras él, no sé si por atrapar al conejo o detener el tiempo y rodamos uno tras otro hasta el fondo de su madriguera. La caja blanca y la mesa han caído también. El Boss afirma que, en efecto, no hay tiempo que perder y empieza por repartir los dulces, coquitos de Coria, informa y todos dan bocados relamiéndose el azúcar pegada a sus labios sin percatarse del efecto que provocan. 


Es él quien primero lee. Se ha alargado tanto que casi no cabe en la pantalla de mi ordenador. Sí, ¡ha dado varios mordiscos a los coquitos! Mi deseo. Imagino una sonrisa, una mano, una mirada, la más dulce y preciada luz. La Paz que se precisa… que haya prisa cuando toque compartir lo que queda por vivir aunque sea noche larga …que no haya palabra amarga en lo que resta escribir…


“Pero, un sueño no es la realidad.” “Y, ¿quién te dice cuál es cuál?” Le responde el Sombrerero loco


Aprobación general y Calderón estira la pierna mostrando un pie sano y listo para bailar corridos mexicanos. Pregunta si puede leer dos poemas. 

El primero es sobre El ángel, de Leganés. Los ángeles, a veces cantan coplas… sus manos amasan bondades que encontramos en todos los rincones y canta... él vino en un barco… de nombre extranjero…

El segundo ángel  viene en tres actos: Uno, La casa tiene hambre de luz… empapada de lluvia y llena de carencias…

Dos, Las aves del cansancio levantaron sus nidos en el lomo de la anciana… al ritmo del pedal de la Singer… Tres, Contemplo un pespunte y veo un montón de peces retenidos en la trampa mortal de la canilla… en el zaguán de la postguerra.

 Dichoso Juan que ha convivido con ángeles tan de cerquita.


¡Qué extraño! Nunca había visto que los gatos sonrieran; pero una sonrisa sola, sin gato, es una cosa más rara todavía!” Es la sonrisa de Raña, quien explica que ha escrito mucho de su próxima novela, pero que no leerá ni una sola línea. Nos ha dejado sin el placer de escucharle y aún así, nos hace sonreír. ¿Será por los coquitos? 


Persiguiendo al conejo por los túneles de la madriguera, Alberto ha llegado a los del Metro de Madrid. Con título argentino lee a media luz. Roberto García cantaba tangos en el Metro. Se hacía llamar Tito Gardel, se quitaba el sombrero de gaucho y pedía permiso a los pasajeros para cantar. Nadie le hacía mucho caso. Cuando un hombre le ofrece 10 euros para ahorrarse el suplicio de escucharle, los pasajeros se indignan por aquello del derecho a cantar e igualan la cifra. En lo que tarda en llegar el próximo vagón se establece un regateo hasta colmar el sombrero con 53 euros y 20 céntimos. Todos piensan que se ha hecho justicia, mientras Tito Gardel y el de la puja se dirigen a la siguiente estación…


Y ya en el subsuelo, Matteo se ha convertido en patata, en filósofo de tubérculos. Duda. He escuchado atenta y con gozo su poesía con epanadiplosis y dudo poder reescribirla.  El conejo, también. ¿Ha dicho zanahorias?—me pregunta.


Cinta ha cambiado de estatura, alcanza lo alto de los muros para observar  una araña de seis patas mientras teje su trampa y espera devorar a sus presas. A su vez, el hombre escribe la lista de quienes le deben dinero y los amenaza con drones trumperos en caso de no pagar antes de que se cumpla el plazo. El plazo, la misma noche de Reyes.¨Primero la sentencia y luego el veredicto”—alcanza a decir la Reina de corazones- ¡Qué le corten la cabeza!


Silencio, que José Antonio va a hablar. Me pidió que ejerciese mi derecho inalienable a guardar cauto silencio… tardé veinte años y un suspiro y ya viejo, entendí que había que hacerlo... y de pronto, ruido, se ha lanzado fuera  de la madriguera, a la intemperie, que nos es un camino ni hospedaje. No es solo cosa de negros bajo el puente… óleo oscuro de migrantes de otros pueblos… Señor alcalde, lo sabemos, los papeles… formularios…

Jose, —comenta con acierto el Sombrerero loco—¿Sabes cuál es el problema de este mundo? Todos quieren una solución mágica a los problemas, pero todos rehusan creer en la magia.” 


Eugenia ha dado con el fondo del mar en busca de la Morsa y el Sombrerero. Transforma en molusco, gastrópodo, sube y anuncia la temprana muerte de Eugenia López.  “¿Y quién eres tú?”, pregunta la oruga fumando con parsimonia su pipa de opio. Ciclogénesis explosiva. Te lo vuelvo a contar para que vuelva a ocurrir…


Estaba el mar muy mojado y la arena en plena sequía ni una nube se veía pues no había ya ninguna”. Tan es así que a Rocío las luces diminutas  y la farola lograron robarle la voluntad. La pompa mágica de la Navidad ha desaparecido. Es el día de las personas prácticas… de recoger el Belén, la ilusión y los adornos. Vienen los días iguales…


“La madre ostra sin tardar, el peligro adivinó. Con la experiencia de la edad a sus hijas advirtió…ostritas, ostritas, las llamó y nadie contestó y no fue nada extraño pues él se las comió.” Nada parecido al caso de María Jesús y sus cositas breves. Aquel alquimista vendió su secreto al campesinado para plantar oro. Todos murieron de inanición con una sonrisa de oro.

Aquel verano, bajo el fragor de las bombas, secaba cáscaras de patatas… en la zanja, su cuerpo yerto.


¿Cuánto tiempo es para siempre? A veces sólo un segundo.” Parece discernir José María. Hijos, huid de mí… errad con los monjes… una paloma en mi frente será la señal… la profecía cerrará el círculo…preguntadme en griego por las lenguas de Babel. Todos los padres se equivocan…

”Se necesita mucha locura para soportar la realidad”—sentencia el Sombrerero loco.


“La imaginación es la única arma contra la guerra de la realidad”, concluyo al igual que Alicia y con cierto escozor en la quinta costilla. Tendré que alternar la crema de concha nácar con una de caléndula para que eclosionen mis alas con suavidad.


Gracias a Lewis Caroll por su Alicia y a todos los Rascamanes por su imaginación sin límites y maravillosas sonrisas que nos auguran un divertido e inolvidable  2026. 


“Los locos nunca estamos tristes, estamos locos y ya”

Sombrerero loco. Alicia en el País de las Maravillas.



Carmen Padín

19 de enero de 2026