| Nuestra hoja del Cuaderno del 15 de abril de 2026 |
Cada vez estoy más convencido de que Rascamán es un libro, cada miércoles de tertulia una página, cada año que pasa un capítulo. Hoy hemos escrito una parte importante del último, vamos a decir mejor del presente, por no convocar a los malos augurios. Lo ha abierto Joselyn con una oda a esos seres ecuménicos que son los mesoneros. Uno de sus versos incluye un “morder la fruta” que contiene un mensaje subliminal dirigido a los que escuchan, también al bitacorero. El bitacorero y los que escuchan convienen en que a Joselyn le ha salido un poema además de redondo, europeo, quizás el más europeo que haya firmado hasta la fecha.
Prosigue la escritura a múltiples manos Isabel, primero con un relato que narra una peripecia por Cantabria con final en un plato de truchas exquisitamente cocinadas, y luego con un poema titulado “Tu corazón, mi casa”, inspirado en ese otro no menos hermoso “Se equivocó la paloma”, de Rafael Alberti, que Isabel nos interpreta musicalmente. La paloma podría equivocarse pero quien no se equivoca al interpretarlo es Isabel.
El punto y aparte siguiente lo escribe Javier. Javier nos habla de su inminente próxima publicación, una obra ideada a partir de los 17 objetivos de la Agenda 2030, con poemas que ponen versos a varios de sus 169 metas. El que hoy nos lee plantea un dilema terrible: “Elegir entre ir a la escuela o comer”. No podía ser de otro modo si tenemos en cuenta que versa sobre la pobreza extrema, o lo que es lo mismo, la indignidad que sufren los que tienen que sobrevivir con menos de 1,25 dólares al día.
Toma el testigo y la pluma León, que recita dos poemas. En uno se pregunta “¿Qué trato de escribir? ¿Una poesía que venga a incrementar el equipaje dejado en la estación cuando me baje del tren que ya no encuentra su luz?”. Con él desata el debate en torno a la frontera difusa entre géneros literarios, la autoficción que puede ser el autobombo, la autobiografía que puede ser historia, el libro de viajes que podría ser el del conocimiento de uno mismo. Nada es blanco ni negro, y yo grito algo que nunca imaginé que gritaría: ¡que vivan los grises!
La siguiente mano escritora la pone Pilar, que usa una de las armas más pacíficas y poderosamente evocadoras de la literatura, la lluvia; para trasladarnos a escenas de un pasado familiar y empaparnos con un rocío de prolíficas emociones, gracias a su prosa cuidada y rica que hace del fragmento de hoja que ella escribe seguramente uno de los más encantadores del capítulo. Capítulo que enriquece Manuel, como en un juego de muñecas rusas, con otro capítulo de su novela “Ninguno de los suyos”, que cuenta la relación de amor entre la protagonista, Ashya, y un guerrillero. Un capítulo sin amor no es un capítulo como un amor sin capítulos no es un amor.
Nuestra hoja de hoy avanza. Quien añade sensibilidad ahora a las líneas de estrofas y párrafos es Cinta, con poemas de capítulos fechados en años pasados, Sonrisa y Ventanas, quizás porque “en las ventanas crecieron otros ojos / el claroscuro de cualquier mirada”, como rezan sus versos.
Hasta los mejores escribanos echan borrones, aunque a veces los borrones sean silencios y los silencios alimenten. Con este argumento, los siguientes tres autores, David, Celia y Omega, eligen la fórmula de la elipsis para rellenar su parte de la hoja. Lo que acentúa el tono teatral de la ya de por sí teatral intervención de Juan Manuel, un poema dialogado que lleva por título “La canción”, tan musical en el contenido (“En el corazón, la música, señor”) como en la forma, en la que no falta una catáfora.
A continuación nos lee Rocío un relato, para sumar nuevos personajes a nuestra hoja y también al capítulo. Entre otros, ronroneantes como gatos, Rocío aporta a Miedo y a Tiempo, que llegan subidos en una bicicleta que pedalea un lobo en una tarde de trama aciaga y recuerdo infausto. El relato es sugerente y tiene la intención de transformar la crudeza en belleza, y acaso lo consiga y sea verdaderamente ese y no otro el auténtico objetivo de nuestra obra literaria conjunta.
La página comienza a agotarse y antes de quedarse sin espacio, María Jesús nos presenta a su “Doble de yo”, que resulta ser el doble trago de ti, mi botella. Su segundo micro, “Reencuentro”, que suena con las notas disonantes de un viejo piano; cabe también, precisamente por ser micro, para contribuir a la hoja que contribuirá a un capítulo que contribuirá a un libro cuyo final ninguno de los presentes querría escribir jamás, para que Rascamán siga siendo la historia de un texto interminable que se escriba cada miércoles por la tarde.
David Lerma
23 de abril de 2026




