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domingo, 1 de febrero de 2026

15ª Jornada/XIX año: Miércoles, 28 de enero de 2026

Se sentaban en torno a la lumbre...


Nos reunimos en el último miércoles de este mes helador. Rascamán es una cocina de pueblo, donde borbotea un caldo rico y secretamente se tuestan las palabras aromáticas que luego, con paciencia, fuera ya de las brasas y puestas a sudar dentro de una servilleta de tela y cuadritos rojos, bien peladas, resultan insuperables. Inicialmente se sentaban en torno a la lumbre Javier, José Antonio Carmona, María Eugenia, Juan Bautista y Juan Calderón y yo misma. María Eugenia, traía el frío metido en los huesos, y se puso bien pegadita a la lumbre. Le costó entrar en calor, pero cuando lo hizo, nos regaló su gracioso acento de ultramar. José A. Carmona daba señal de aún más vida de la que acostumbra, puro pleonasmo andante y victorioso sobre la insidia de los percevejos. Me recordó la exposición que visité hace ya más de un año titulada La belleza de lo frágil, ¿Quién será más frágil el Hombre, o el percevejo? ¿Quién permanecerá al fin sobre la faz de la Tierra? ¿Se morderán entre ellos los percevejos atendiendo al color más o menos oscuro de sus seis patitas? Al otro lado de la pantalla Esther, Juan Antonio Arroyo y Matteo Barbato se unieron al corro. Resultó inevitable dedicarle su tiempo a la celebración de la nevada caída esa mañana, flor inesperada, anuncio de bienes en forma de justa y probable revalorización de las pensiones.  Los presentes se alborotan, la rebeldía frente a lo obligado fue protagonista por unas horas. Juan Bautista recordó que al día siguiente junto a nuestra querida Mariana Feride procedería a una temprana y cuidadosa siembra en la parcela de Antonio Mingote. Javier Díaz Gil semilló en el programa Poesía Radioactiva, que llevan Carmen Ortigosa y Eugenio Rivera. Escogió sabiamente la enmienda orgánica del poeta José Hierro. Lo hará más adelante Juan Calderón, que ha decido rescatar variedades hortícolas casi en desuso, pero jugosas y agradecidas como la de Pepe Iglesias. En estas, apareció José María Herranz, luego Rocío y después Tina, que se unieron a la charla. Rocío estaba recién llegada del Jardín de las Hespérides, afortunada por el enraizamiento y galardón de su relato Fin. 

A continuación, nos leyó Javier dos poemas capturados en su reciente viaje a Roma, ciudad abierta. Nos remangamos bien, y entre todos se los desplumamos en un santiamén. Al principio Javier se resistía, pero como eran muchas manos y la tarde se animaba, pasó lo inevitable. Esta vez no fue lo de Huidobro, “el adjetivo, cuando no da vida, mata” no, la cosa no quedó ahí, salieron lisitos, lisitos. Un gusto.

Más tarde, José Antonio Carmona, nos mostró su labor: es el momento de preparar la tierra en su hondura, enriquecerla y airearla para los días en los que solo haya luz haciendo cierto el dicho “Heladas de enero, llenan graneros”. Con lástima, nos perdemos la palabra de Esther González, de la que solo nos llega su clara imagen. Miramos el fuego crepitando, y esperamos que lo prometido no sea duda.

Nuestro compañero Juan Antonio Arroyo, desde las altas tierras colmenareñas, nos lee un poema inspirado en una desconcertante celebración de aniversario, que más parece una romería del santo. Desconcertante es también el final, sobre una mujer mala. ¿Es lo mismo una mujer mala que una mala mujer? ¿Qué será peor, ser mujer mala u hombre malo? La silla de enea se me empieza a clavar en semejante parte y no veo el momento de rebullirme de allí, y mira que se estaba a gusto, pero era ya mucho rato en la misma postura. Con las mismas, me doy una vuelta y salgo al corral, a ver si se me va.

Vuelvo corriendo, porque ya está provocando Juan Calderón con su espuerta repleta de lo que no puedo aquí decir. Incluso, nos dice que la ha presentado a un certamen agrícola. La experiencia nos dice que del sembrar al segar, mucho puede pasar, así que, chitón.

Y en estas, Maria Eugenia, que por fin ha entrado en calor, nos cuenta que en su tierra a falta de mar, buscan certezas en las quillas de los barcos y en la arena con un palito. Es ribereña de un río grande, el río de la Plata. Me recuerda a cuando bien entrado junio, comenzamos a entutorar las ramas del huerto con cañitas, porque tengan un asidero cierto, por si vinieran las tormentas o algún mal viento. Qué hermoso su río y su pronunciación, me digo, nada que ver con nuestros arroyos fugitivos e intermitentes, nuestro insulso decir castellano. En lo de J. Bautista Raña, la tierra enfebrecida no cesa de ofrecerle historias. Su secreto dice, es irse a bañar a la alberca, y entonces como por arte de magia, le brotan copiosamente muchas. Yo creo que en el reparto de las parcelas, salió ganando, porque ya es mucha casualidad que tanto le bendiga la suerte. Nos confiesa que es de buen diente y preferiría que la pelona le pillara bien comido.

Matteo desde la rebotica, nos dio indicaciones de un remedio que acaba de maquinar. Más de uno recurriremos este invierno a él. Anda ilusionado. Tanto si gana, como si no, algún certamen al que concurra, la suya es una cura infalible. 

Tina, en remembranza a María Santos, nos leyó un poema muy bello de esta compañera de Aseapo. La autora ha perdido la voz, esperemos que temporalmente. Ojalá que para su mal sirviera el remedio de Matteo.

José María Herranz nos habló frente a la lumbre ya casi mortecina de un hombre más parecido a un árbol transplantado a deshora y sin apenas raíz. Mala hierba de estos tiempos. 

Ana Gonz. para terminar, se nos mostró más de la tierra que nunca, ella a menudo tan de agua. Nos desveló dónde solía campar a sus anchas en su aldea gallega, escondiendo tesoros, cazando alimañas, perdiéndose por los lugares más recónditos. No debía importarle su ropita recién lavada ni los buenos rapapolvos que se llevaría. A nosotros, tampoco, ¡nos gustan las flores salvajes!

Y a punto estuvimos de echar otro tronco a la lumbre, que falta le hacía ya, pero servidora madrugaba para ir al hortal y no quería estar en la rama más alta del árbol caído. Así, cada uno, con nuestro atadillo de tela aún tibio y los ojos un poco llorosos de tanto mirar el hogar, nos despedimos hasta la próxima.




Celia Cañadas.

31 de enero de 2026











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